Mensajes

Capítulo 35

Fue como si un balde de agua fría le cayera encima, Megan empujo a Campbell y comenzó a buscar su ropa. Se le escapó una risa histérica y una vez que empezó no pudo parar. Estaban apretados contra la encimera, desnudos, en la casa de Campbell. Era irreal.

En su mente, sus planes tenían unos pasos sencillos que llevaban a un final satisfactorio (satisfactorio de otra forma, no que se quejara). De todas formas, Megan lo rechazaba de tal manera que el tipo quedaba completamente destrozado (en su mente, lo había rechazado de distintas formas). En la realidad, las cosas se torcían de modo que terminaban en los brazos del otro.

Campbell se deslizó hasta quedar sentado a su lado, tenía esa mirada, con las cejas medio elevadas, como si quisiera fruncir el ceño.

—Lo que sea que quiera decir no lo haga.

—No sabe lo que voy a decir —se quejó.

—Algo que me haga enfadar —Adorable dio un largo balido, estaba indignada por la puerta cerrada—. Sigue siendo la persona que más detesto.

—No pienso que eso sea cierto, solo es muy terca para admitir que hay atracción entre nosotros y que eso puede ser el comienzo de algo. En vez de darle palabras a ese sentimiento prefiere tirarme la pelota.

—¿Le parece inteligente decir eso? Puede acabar con cualquier posibilidad (inexistente) de que algo como esto —señaló el espacio donde habían estado y luego a ellos mismos— vuelva a pasar.

Campbell lo consideró, entonces levantó los dedos pulgares. —¿Y si hago esto?

—Creo que ya se porque está soltero.

—En realidad, hay una historia con una gran anécdota al final que lo explica. Digna de ser plasmada en un libro o una película navideña.

—¿En serio?

Campbell levantó las dos manos. —Es broma.

—Idiota —Megan se asomo un poco para ver si la dulce ancianita seguía ahí o si seguía viva, quien sabe y le dio el patatus de su vida por semejante espectáculo—. ¿Estará bien?

Esta iba a ser una gran historia para contar, lo que no iba a hacer porque no quería que nadie lo supiera, pero de que era algo para compartir en la noche de amigas es que lo era. Lo que le hizo recordar que había quedado con Melanie. Como su plan se había torcido de tal forma ya no tenía nada que contarle.

—Pareció que lo estaba. Seremos el chismorreo en las reuniones de té. Si vienen a tocar mi puerta con una biblia en mano definitivamente los mandaré con usted.

—Y yo que pensaba dejar propina por lo de hoy.

—Eso es sumamente grosero. ¿Cuánto va a darme? Si es poco me sentiré ofendido y si es mucho voy a pensar que fui usado, piense en la cantidad justa —dijo Campbell con el humor impregnado en su voz.

En contra de su voluntad, sonrió.

***

Melanie tenía una mirada suspicaz. Megan fingió no darse cuenta.

—Bien, finjamos que no me doy cuenta de nada. ¿Eso te hace feliz?

Megan entrelazo su brazo con el de Melanie y le brindó una brillante sonrisa. —Eres la mejor amiga que podría tener.

—Soy la única amiga que tienes —corrigió.

El motivo por el que Melanie le pidió que la acompañara era porque uno de la ratonera (debería reconsiderar el apodo) la invitó al restaurante de su familia. Megan miró con desagrado el lugar y su amiga le dio un fuerte pellizco en el brazo.

—No seas grosera —advirtió Melanie.

—¿Por qué aceptaste en primer lugar?

—Porque es mi amigo y me pareció grosero rechazar la invitación luego de que lo mencionara por cuarta vez.

—En otras palabras, no pudiste negarte.

—Vamos a pedir algo para tomar y luego nos vamos.

—Sigue así y cuando pida tu mano en matrimonio veremos si puedes rechazarlo.

—Me invitó porque sabe que trabajo en marketing y esperaba que les diera consejos a sus padres. Nada más.

Como buena amiga no comento nada del lugar frente a los dueños que salieron a recibirlas, ni tampoco sobre la mesa apartada especialmente para Melanie. Era la mejor de las amigas. También guardó silencio cuando una mujer baja con delantal y un moño elegante (el tipo de recogido que te haces cuando vas a una fiesta), las atendió con suma amabilidad.

—Eres más bonita de lo que presume mi hijo —dijo la mujer, tenía los ojos brillantes de lágrimas no derramadas.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no bromear con el hecho de que la mujer ya estaba planeando la boda. Detrás de la mujer apareció un hombre-oso, es decir, que era enorme. Medía casi los dos metros y daba la impresión de poder levantar a diez Adorables en cada brazo (puede que exagerara un poco).

—No digas nada —susurró por lo bajo Melanie.

El hombre se limpió las manos en el delantal que traía, luego agarró la mano de Melanie en un efusivo saludo.

—Llevamos tiempo queriendo conocerte.

Más tarde iba a preguntarle cuando pensaba pedirle que fuera su dama de honor.

Un vespa rosa pálido se estaciono al lado de una camioneta y un hombre casi tan grande como el que tenían delante se bajó de ella. Matthew se quitó el casco y miró con horror, a través del vidrio, como sus padres le daban las buenas nuevas a Melanie. En su presura chocó contra una clienta que salía del lugar, tiró la vespa y resbaló al atravesar la puerta.




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