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Capítulo 41

«¿Crees que algún día estarás lista para decir que estamos juntos?»

Vaya estupidez. Campbell era el hombre más inteligente y bruto que conocía. Y tan sensible como una adolescente enamorada de su primer amor. Luego de una confesión comenzaban a imaginar una vida juntos, igual que en las películas.

Nadie sabía que sucedería dentro de diez años. Desde su perspectiva podría estar en la cima de su carrera, manejando su propia empresa quizás. No vislumbro un matrimonio en ese futuro. Éxito, dinero y tiempo para gastarlo en sí misma. Se imagino disfrutando de su vida al máximo, viviendo cada día como si fuera el último.

Y de alguna forma lo sintió solitario.

¿Dónde estaría Campbell en diez años? Casado con una mujer que prefería quedarse en casa a cuidar de los niños, irían a misa los domingos y una vez al mes saldrían a acampar. Era lo más rutinario que podía imaginar.

No era lo que quería para ella. Prefería vivir el momento, el resto vendría solo.

Recordó la marcha furiosa de Campbell, que había perdido efecto al subirse a su bicicleta con una campanita sonando. Sin desearlo, una sonrisa nació en su labios. Seguía sin gustarle la manera en que sus emociones cambiaban de un momento a otro con tan solo pensar en ese hombre.

Qué hombre más exasperante. Tomó su teléfono y abrió una de las aplicaciones para ver series, entonces busco La teoría del big bang. A ver que tan buena pareja eran Penny y Leonard.

***

A la edad de veintinueve años, a Edward se le escapaba la felicidad por tantos suspiros. Sus hombros bajaban y subían con dramatismo ante cada respiración. Y las mujeres de la familia Campbell no se perdían nada, escondidas en la cocina mientras lo observaban por la ventana.

Ahora que lo pensaba, tal vez su ideal romántico nació después de vivir toda su vida en una casa llena de mujeres. Edward no era el hombre de la familia, era una hija en versión hombre. Su hermana mayor fue quien le enseñó a beber y le dio la charla, porque su madre seguía insistiendo que a los bebés los dejaba la cigüeña. Su otra hermana le enseñó sobre responsabilidad y lo que pasaría si volvía a escaparse para ir de fiesta (solo fue una vez y lo lamento).

Una lata de cerveza apareció en su campo de visión. Bean se sentó en la silla luego de bajar a Adorable de ella.

—¿Otra vez nada? —el humor bordeaba su voz.

—Mucho trabajo —contestó evasivo.

—Un consejo, no lleves el trabajo a casa.

Las patas de la mesa chirriaron contra el suelo de madera cuando la empujaron, una señal de que la conversación no era solo de dos.

—No es fácil ser un hombre en esta familia, ¿eh? —al tomar un sorbo de cerveza sus uñas con corazones y mucho brillo atrajeron toda la atención.

—Hay que encontrarles un pasatiempo, como tejer o un club de lectura —dijo Edward, en un intento por ignorar la manicura de su cuñado. Quiso preguntarle si así iba al trabajo, no creía que sus compañeros lo entendieran. O tal vez fuera el más popular por ello.

—Ya tienen un pasatiempo, ese es preocuparse por su hermanito menor.

Lily pareció aburrirse de estar detrás de la puerta escuchando, porque abrió la puerta de un tirón y salió corriendo. Adorable fue al ataque en cuanto la vio, levantó sus patas delanteras y se dejó caer. Lily puso las dos manos enfrente como si fuera a taclear a su oponente. Durante ese breve momento de distracción revisó su teléfono para ver si tenía llamadas perdidas. Nada.

No tenía idea de lo que estaba haciendo. ¿Que sabía de relaciones? La última relación que tuvo fue muy diferente a la que tenía con Megan. Irina también fue su amiga, se conocían muy bien, quizás por eso todo se volvió tan rutinario. Cuando estaban juntos todo estaba… bien, no había fuegos artificiales, la emoción que te produce ver a tu pareja, saber si estaba pensando en ti…

Edward dejó caer los hombros en completa derrota. Era la chica de la relación. Culpaba completamente a su madre y hermanas.

Bean le paso otra cerveza fría. —Para cuando no pasa nada se necesita más de esto.

—Hipotéticamente hablando, si dos personas que tienen una relación de la cual nadie tiene conocimiento…

—Hipotéticamente… —lo animó su cuñado.

—Uno de ellos quiere mantener su relación en secreto por más tiempo, mientras que la otra persona desea lo contrario. Cuando la segunda persona le dice a la primera lo que piensa, ella… digo, la primera persona lo toma a la ligera y le dice que está exagerando. Desde su perspectiva no es necesario que todos sepan sobre ellos. Pero la segunda persona no se siente cómoda siendo un secreto.

Bien, no reveló demasiado.

—Lo entiendo —dijo Bean con cuidado—. Mantener una relación solo para ellos es diferente de mantener una relación de la que nadie tiene conocimiento. Es decir, pueden decir que están en una relación, pero no ofrecer detalles de ello. O, que nadie lo sepa, significa que a ojos de los demás están solteros. Deberían definir bien el tipo de relación que quieren mantener. Y recuerda que amor es amor, no importa de quien te enamores, a menos de que sea un títere. Hipotéticamente hablando.




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