La semana no iba como esperaba. El lunes el despertador no sonó, en algún punto del deprimente y furioso fin de semana, lo desactivo. Megan salió a medio vestir, cargando en manos la camisa, los tacones y el contenido de su bolso. Lo echó todo en el asiento del pasajero y se apresuró a llegar. Terminó vistiéndose en el estacionamiento.
El martes, con el despertador sonando una hora antes de lo acostumbrado (de esa forma no habría contratiempos) se le trabo el tacón en las escaleras mecánicas. Dos empleados la tomaron de los brazos para intentar sacarla, pero solo lograron que perdiera el otro zapato. Tuvo que comprar unos zapatos baratos para no andar descalza.
El miércoles, con zapatos bajos y una hora antes de la jornada laboral, resbaló en la nieve acumulada, su trasero llevándose la peor parte. Su estado de ánimo bien podría deberse a cierta persona y eso terminaba por influir en su alrededor. O solo estaba teniendo unos días del asco.
El jueves estaba lista para patear traseros. No habría nieve, ni tacones atorados que la detuvieran. Pero la persona que se encontró al llegar a la empresa no fue otra que Linda, del departamento de contabilidad.
—¿Nuevo estilo? —pregunto sin disimular lo graciosa que le parecía.
Megan llevaba unas botas de caño alto y de tacón bajo, debajo de la falda. El bolso colgado de un hombro y su lonchera en la otra mano. Una gorra tejida que su mamá le había puesto antes de salir de casa y que olvidó quitarse.
—Casi ni te reconozco con ese atuendo.
—Hazme un favor, la próxima vez que nos crucemos hagamos como que no nos conocemos. De todas formas, es la verdad.
Linda no cambió la expresión llena de diversión por el vestuario de Megan. Estaba muy concentrada leyendo en su teléfono. La curiosidad pudo más, Megan la siguió dos pasos atrás tratando de averiguar que la tenía tan entretenida.
—Eso sería incómodo —dijo de pronto— teniendo en cuenta de que ahora sales con uno de mis amigos. El no hablar va a ser que el ambiente sea tenso cuando salgamos todos en grupo.
El color se le escapó del rostro. Volvió a sentir el miedo que la embargo la última vez que vio a Edward.
—¿Qué dices? —las palabras salieron como menos que un susurro.
—Me refiero a Edward, a menos que estés saliendo con otro miembro del departamento de contabilidad y sea un secreto —bromeó.
Linda se detuvo al notar que Megan no dijo nada. Megan estaba con la respiración acelerada, repitiendo en su cabeza que su relación era de conocimiento público. Iba a perder el control y odiaba que fuera delante de esa persona. Al contrario de lo que esperaba, Linda la guió a los baños de las mujeres, la hizo sentarse en el suelo y le dijo que apoyara la cabeza entre las rodillas.
—Respira conmigo —dijo y comenzó a respirar fuertemente, durante unos minutos el sonido de sus respiraciones fue lo único que se escuchó.
El nudo en su garganta permaneció y, en el fondo de su mente, la voz de Edward preguntando: ¿por qué te importa tanto la opinión de los demás?
¿Por qué? Megan fue la más popular en la escuela, sin llegar a desearlo, solo pasó y con eso llegaron un montón de expectativas de las que no estaba lista. Las chicas comenzaron a rodearla, queriendo saber todo, donde compraba su ropa, como se maquillaba. Cuando era niña y su mamá le peinaba con dos coletas tirantes, junto con un vestido amarillo chillon, a nadie parecía importarle. Los chicos la invitaban a salir, no cualquiera, no, los del equipo de baloncesto y los que jugaban fútbol americano. Y esa atención, que en un inicio no fue deseada, se convirtió en adicción.
¿Fue entonces cuando empezó? Cuando te conviertes en el centro de atención, cuando todo el mundo te ve y le agradas es… Todos querían hacer cosas por ella. Una vez que te etiquetaban en una categoría eso era todo (cuando se es adolescente).
—No lo sabías —dijo Linda cuando vio que logró calmarse.
—¿El que, una relación que se suponía que debía quedarse entre las dos personas implicadas? ¿Qué es lo que dicen? No, mejor dime cómo se enteraron. ¡No pueden decirle a nadie.
Linda se quedó en silencio demasiado tiempo.
—¿Qué? —insto Megan, demasiado ansiosa como para esperar a que le diera la gana hablar.
—No me refería a que solo el departamento de contabilidad lo sabe, más bien toda la empresa está enterada. Son tendencia en los mensajes de los empleados.
Busco en su bolso, pero como tardaba demasiado tiro todo el contenido en el suelo. Boligrafos, una libreta de notas, un espejo de mano, el pequeño neceser de maquillaje, las llaves de su casa y auto, todo rodó en diferentes direcciones. El teléfono con una funda rosa pareció burlarse de ella, porque se quedó atorado con un hilo suelto.
La empresa tenía un apartado donde los empleados podían opinar libremente sobre lo que les apeteciera de la empresa. ¿No te gustaba la comida de la cafetería? Podías comentarlo y si varios empleados lo apoyaban se tomaría en cuenta. Claro, que no era la forma en la que se usaba realmente, más bien era el centro distribuidor de chismes.
Tal y como lo dijo Linda, las últimas publicaciones eran solo de ellos. Comenzaban desde la fiesta de navidad hasta llegar a las teorías acerca de porque ya no se los veía tan unidos.
#3626 en Novela romántica
#1002 en Novela contemporánea
drama amor inesperado, chico nerd y chica popular, romance y humor
Editado: 17.03.2026