Megan extendió la mano en un vago intento de llamar la atención de la cabra. Adorable no sabía qué hacer con la intrusa en su casa y más considerando que era algo permanente. En vez de entrar dando saltitos, entró con pasos cortos, resbalando de vez en cuando, y se había quedado parada en medio de la sala. ¿Seguía siendo la dueña de casa ante la nueva intrusa?
—Ya me reconoce —dijo Megan, malinterpretando la mirada de la cabra.
—Más bien no está segura de si le agradas.
—Tonterías —hizo unos extraños sonidos para llamar su atención—. Me ama.
Adorable mantenía la distancia cuando Megan iba a la casa y cuando ella intentaba acercarse salía corriendo. No se alejaba demasiado, quería vigilar a Megan.
Después de varios intentos fallidos Megan por fin se dio por vencida, tenía que aceptar que la cabra le tenía desconfianza. Lo cual era un poco triste, ya eran familia.
—Por cierto —dijo antes de olvidarlo—, mis padres quieren que vayas a almorzar.
Megan estaba apoyada contra el costado de Edward, tuvo que estirar el cuello para ver lo que le parecía la invitación. Edward tenía una enorme sonrisa.
—Ni te entusiasmes, te van a tratar igual que siempre —como si ya fuera de la familia, pensó. —Deberías llevar a Adorable, por algún motivo se ha hecho de una idea rara.
—¿Vino o postre?
—Postre. Han desaparecido todas las botellas de vino, lo que es una lastima, había unos que quería probar. ¿Por qué tienes esa sonrisa?
—Solo estoy feliz —y no podía decirle que hablaba con Elias con regularidad, por lo que estaba al tanto de porqué desaparecieron las botellas.
El breve momento en que dejaron de prestar atención a la cabra fue suficiente. Adorable arremetió contra Megan. Dio un salto hacía el sofá, se elevó sobre sus patas traseras y le dio un cabezazo. Edward sabía, por experiencia propia, lo que dolían esos cabezazos, alejó a Adorable antes de que lo volviera a intentar, a veces iba a por dos.
—Tienes razón —dijo mientras veía como se doblaba por el dolor—, sí le agradas.
—¿Te estás riendo?
—¿Cómo piensas que me voy a reír en una situación como esta? —pero la situación era extrañamente cómica.
Adorable, no satisfecha con su pequeña jugarreta, se le dio por saltar por toda la sala. En uno de esos saltos, tiró los leños apilados, avivando más el fuego, que se extendió hasta llegar a la punta del mantel. El fuego devoró la tela y siguió subiendo. Megan corrió a abrir la puerta mientras Edward iba a por agua.
Una vez calmada la situación, Edward palideció al notar el frío que entraba por la puerta.
—¿Has abierto la puerta?
—Podríamos asfixiarnos con el humo —defendió Megan.
—¡Adorable se ha escapado!
La cabra, feliz de la vida, se iba lo más rápido que podía calle abajo.
—¿Por qué pasan estas cosas cuando estamos juntos?
—¿Me estás culpando? Que sepas que es tu culpa por no educarla mejor.
—Claro, cuando pasan estas cosas la culpa es del padre.
—Calla y corre más rápido.
***
A finales de febrero, luego de una acalorada plática que terminó con los dos desnudos en la sala, Megan propuso llegar juntos a la empresa. Sabiendo de antemano que los rumores volverían a correr. Pararon para tomar un café antes y darle tiempo a Megan por si se arrepentía.
El dueño de «¿Café? Sí» le guiño un ojo cuando fue a pagar.
—Puedes esperar cinco minutos y entrar —dijo Edward. Conocían a los padres del otro y todos sus amigos sabían que tenían una relación, eso era suficiente. El que la empresa lo supiera no era importante.
Contrario de la sonrisa agradecida, Megan lo miró con el entrecejo fruncido. —¿Por qué tienes que ir en primer lugar?
—Porque sino voy a llegar tarde —odiaba llegar tarde.
—¿Entonces está bien si soy la que llega tarde?
Esa era una pregunta trampa, pero no fue tan inteligente como para ignorarla.
—Tengo un registro de puntualidad perfecta. No llegue tarde ni una vez desde que entre a la empresa, casi lo hice una vez, pero eso es otra historia.
—¿Tu puntualidad es más importante?
El dueño de la cafetería apoyó los codos para asomarse y negó con la cabeza. —Un hombre inteligente no respondería a eso —dijo.
Pero como ya quedó establecido, eso tendía a desaparecer cuando estaba con Megan. A veces, según Megan, se la pasaba de sabelotodo y otras… bueno, tenía suerte de que aun no lo dejara.
—Ese registro de puntualidad me da bonos, con los cuales puedo mantener a Adorable.
—¿Te parece que es lo más inteligente para decir?
El dueño de la cafetería volvió a negar. ¿Cuántas peleas de enamorados presenció? Tal vez lo sabía por experiencia propia.
—Pues vamos juntos, como lo teníamos pensado —miro la hora y calculo mentalmente el tiempo que les iba a tomar llegar a la empresa. Unos cinco minutos de sobra si se iban ya.
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Editado: 31.03.2026