México Hito no Tensei
(La reencarnación de un mexicano)
Capítulo 1: Reencarnación
Vaya días tan cansados. Mi mente está en blanco, qué fastidio. Soy un hombre de 29 años y vivo en Japón, pero no soy originario de aquí. Extraño mi tierra azteca; se supone que al venir a Japón todo cambiaría. Trabajo en una universidad enseñando español, tengo mi propia casa y todo lo que alguna vez soñé.
Entonces... ¿por qué?
Supongo que no hay remedio. Aquí estoy, caminando bajo una fuerte nevada mientras observo a los niños jugar tranquilos y llenos de risas.
«Ay, Dios... Quisiera ser niño de nuevo. Ja, ¿cómo si eso pudiera pasar?»
Ahora que lo pienso, siempre estuve solo. Mi hermano y mis padres se alejaron desde aquel día; todo cambió y ni siquiera sé si aún continúan con vida. Pensé en buscarlos, pero me dejaron muy claro que ya no era nada para ellos. Tuve que trabajar desde los catorce años, abandoné mis estudios y entré en el negocio de la construcción. Dios, qué trabajo tan más pesado, pero era bien pagado. Soporté cinco años ahí y logré juntar el dinero suficiente para mudarme a Japón. México es hermoso, muy bello, jajaja. De allá aprendí a boxear, y de la comida ni se diga.
Bueno, seguiré con mi vida y dejaré todo atrás. No puedo seguir estancado, ¿verdad?
«Vamos, sonríe y da todo de ti».
«No puedes pensar de esa forma. Levanta la cabeza, sigue adelante y no mires atrás».
Tic, tac...
—¿Qué es ese sonido? —me pregunté extrañado. Vi a una mujer pasar cerca—. Señora, disculpe, ¿escuchó ese sonido por casualidad?
—¡Aléjate de mí, vago! —respondió ella de mala gana.
—Vaya, qué señora tan amargada... —murmuré para mí mismo, aunque no pude evitar pensar—: «Pero qué curvas tiene, jejeje».
Tic, tac, tic, tac...
De nuevo ese ruido. Se escuchaba proveniente del parque. «Tal vez sea un reloj nuevo. Me tomaré una foto e iré directo a casa a prepararme un rico cereal con chocolate», pensé.
Crucé la calle mirando a ambos lados. Creo que no viene ningún carro; no me gustaría ser atropellado de nuevo...
—¡Mi pelota! —gritó de repente una pequeña niña.
—¿¡QUÉ!? —reaccioné al verla avanzar hacia el asfalto—. ¡Niña, ten cuidado! No puede ser... ¿Podré llegar? ¡No lo pienses y corre! ¡Corre, maldita sea, corre!
¡Puum!
—¡LLAMEN A UNA AMBULANCIA! —gritaba desesperada la madre de la niña, mientras la revisaba—. Hija, ¿estás bien?
—Mamá, tengo mucho miedo... Perdóname, no volveré a correr hacia la calle —lloraba la pequeña.
—Tranquila, hija. Quédate con tus hermanos, iré a ver al joven.
A lo lejos, escuché la voz horrorizada de un testigo:
—No puede ser... Su cuerpo está completamente deshecho.
—Hijo, ¿me puedes oír? No te duermas, ya viene la ayuda, ¡resiste! —decía la madre de la niña, con lágrimas en los ojos y una expresión de puro terror.
«Ah... ¿Dónde estoy? No siento nada... Espera».
Tic, tac, tic, tac...
«Ese sonido de nuevo».
—¿Me puedes escuchar? ¿Cómo te llamas? Sufriste un accidente —decía una voz distorsionada—. ¡Lo estamos perdiendo! Su pulso está disminuyendo, doctor.
«Veo que es mi final... Pero pude salvarla. La salvé, ¿verdad? Mamá, papá, hermano... La pude salvar. Perdónenme... Ahora solo quiero descansar».
Todo se volvió borroso. Voces incomprensibles resonaban a mi alrededor:
—(Xxxxxxxxxxx).
—(Xxxxx-xxxxx).
«¿Qué?»
—Hola —intenté decir, pero solo salió un quejido—. «¿Dónde estoy?»
—¡QUÉ CARAJOS!
—(Xxxxxx-xxxx).
«¿Quién es ella?» Frente a mí había una joven de casi 19 o 20 años. «Wow, qué plana, se parece a una tabla».
Espera, espera... ¿Qué se supone que hago aquí? Yo morí, ¿no es verdad? ¿Qué pasó?
«¿And tú quién eres?»
Un hombre pelirrojo se asomó, pronunciando más palabras extrañas: (Xxxxx-xxxxx).
Tic, tac, tic, tac...
«Espera, ese es el reloj que estaba escuchando... Pero ¿cómo es que este hombre puede cargarme con tanta facilidad? ¡Habla, di algo! ¿Qué está pasando?»
Miré hacia abajo y me congelé.
«Mis manos... son pequeñas. No puede ser... ¡Soy un bebé! Reencarné. Leí sobre esto en un libro y en muchos mangas... Bueno, más en mangas. ¿Esto es real? ¿En serio?»
—(Xxx-xxx-xxxx-xxx).
«¿Qué es ese lenguaje? Es muy extraño... Es como si hablaran portugués o alemán, no lo reconozco».
La joven me tomó en brazos; supongo que es mi madre, y el pelirrojo, mi padre. Al verlos, me invadió un sentimiento muy nostálgico. Mi madre es una mujer muy atractiva, con ojos hermosos como el arcoíris y un cabello castaño divino. Por el contrario, mi padre es un hombre muy fornido, de un distinguido cabello rojo.
Durante estos días casi no veo a mi padre, imagino que por su trabajo. Sin embargo, en las noches me carga y me cuenta sus aventuras. Poco a poco he comenzado a entenderlo. «Creo que el ser un niño con un cerebro en pleno desarrollo me facilita las cosas. Puedo aprender más rápido en este lugar usando la experiencia de mi vida pasada; si aprendí japonés y mandarín, claro que puedo con esto».
Han pasado ya cinco meses y aún no sé con certeza dónde estoy, pero tomé una decisión: «No desaprovecharé este regalo divino». Ya dominé el idioma; escuchar a mi padre por las noches fue de gran ayuda, y este cuerpo absorbe el conocimiento de una manera inhumana. Espero que cuando llegue mi padre me dé mucha información, además de que me encantan sus historias.
¿Quién diría que renacería en un lugar donde existen magos, espadachines, caballeros y, sobre todo, piratas? Por lo que he logrado entender, existen seis reinos, es decir, seis continentes, y una frontera muy peligrosa llamada "La Oscuridad". Según mi padre, ahí viven dragones malignos y demonios, que son las criaturas más peligrosas del mundo. Papá fue un aventurero y recorrió muchos lugares junto a mi madre y sus criados... Bueno, más que criados, dice que son familia por todo lo que pasaron juntos. También mencionó a otras tres personas de plena confianza, pero viven en lugares distintos.