Mi corazón no es tuyo

Capítulo 3: Iré por ustedes

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La casa Ferraro estaba iluminada cuando el automóvil atravesó las puertas de la propiedad. Honey reconoció las luces encendidas en la sala y la silueta de su madre detrás de una de las ventanas.

Isaac debió avisarles que iba por ella porque, antes de que pudiera preguntarle nada, la puerta principal se abrió.Aithne salió primero, seguida por Kylian y Elio.

Honey sintió que el pecho se le comprimía al verlos, había salido de aquella casa tres años atrás vestida de novia, convencida de que podía construir una familia junto a Bruno, ahora regresaba pasada la medianoche con su hija dormida y una sola maleta.

—Llegamos —murmuró Isaac antes de apagar el motor.

Honey asintió, aunque no hizo ningún intento por bajar, sus manos permanecieron sobre su regazo mientras observaba a sus padres acercarse, cruzar esos pocos metros le pareció más difícil que abandonar la mansión De Santis.

Isaac salió primero y abrió la puerta trasera, Honey respiró hondo antes de inclinarse hacia Gartze, que continuaba dormida abrazada a su conejo. Desabrochó el cinturón con cuidado y la tomó en brazos.

—Dámela si quieres —ofreció Isaac.

Honey negó mientras acomodaba a la niña contra su pecho. —La tengo. —Necesitaba tenerla.

Aithne llegó hasta el automóvil y se detuvo al verla, sus ojos recorrieron el rostro de Honey, después bajaron hacia Gartze y finalmente se quedaron en la pequeña maleta que Isaac acababa de sacar del maletero.

—Mi niña...

Honey intentó sonreír. —Hola, mamá. —Fue lo único que consiguió decir.

Aithne no preguntó qué había ocurrido, se acercó y la abrazó con cuidado para no despertar a Gartze, rodeando a ambas con los brazos. —Ya estás en casa —susurró contra su cabello. —Lo demás puede esperar hasta mañana.

Esas palabras fueron suficientes para que Honey cerrara los ojos un instante, Kylian llegó hasta ellas y Honey sintió que el nudo en su garganta se hacía más doloroso, no quería llorar, pero cuando sintió la mano de su padre sobre su espalda, las lágrimas escaparon sin que pudiera contenerlas, él tampoco preguntó qué había ocurrido ni por qué llegaba a esa hora, simplemente permaneció junto a ella.

—Lo siento, papá... —susurró Honey, sintiendo que la voz volvía a fallarle mientras bajaba la mirada y apretaba los labios para contener otra lágrima.

Kylian se apartó lo suficiente para verla de frente y, con una ternura le secó la mejilla con el pulgar. Honey levantó los ojos hacia su padre y sintió que el nudo en su garganta se apretaba todavía más, temio encontrar decepción en su mirada, pero solo encontró preocupación.

—Yo pensé que podía hacer que funcionara —admitió, con la voz quebrándose al final.

—Y lo intentaste, hija —respondió Kylian, suavizando la expresión. —Pero intentarlo no significa que tengas que quedarte en un lugar donde dejaste de ser feliz.

Aithne tomó la mano de Honey entre las suyas, acariciando sus dedos con el pulgar. —Tu padre tiene razón, cariño —dijo con una sonrisa triste. —Nosotros solo queremos que estés bien.

Antes de que su hermano Elio pudiera acercarse, Gartze abrió los ojos lentamente y observó los rostros que la rodeaban con expresión adormilada hasta reconocer a Kylian.

—Abu... —murmuró mientras estiraba una pequeña mano hacia él.

Toda la preocupación que había endurecido las facciones de su padre, se transformó en una sonrisa cálida mientras extendía los brazos. —Ven con abu, princesa.

Honey se la entregó con cuidado, Gartze apoyó la cabeza sobre el hombro de su abuelo y Kylian le besó el cabello mientras acariciaba su espalda con movimientos lentos, la niña cerró nuevamente los ojos, completamente cómoda entre sus brazos.

Honey los observó y sintió que el pecho se le apretaba por una razón distinta: era la facilidad de sentirse querida sin tener que demostrar que merecía serlo.

Elio aprovechó que tenía los brazos libres y la atrajo hacia su pecho. Honey aceptó el abrazo, sintiendo que otra parte del peso de aquella noche cedía mientras su hermano le acariciaba la espalda. —Te extrañé —murmuró él, estrechándola un poco más.

Honey soltó una risa suave. —Nos vimos hace cuatro días.

—No me importa. Te extrañé igual —replicó Elio, sin mostrar la menor intención de soltarla.

Isaac pasó junto a ellos cargando la maleta. —Cuando terminen con la escena dramática, recuerden que hace frío y Gartze está en pijama.

Honey caminó hacia la puerta, pero al llegar al umbral sus pasos se detuvieron, recorrió la sala con la mirada y sintió que el nudo en su garganta regresaba.

—Ven, hija —la llamó Kylian desde el interior, extendiendo una mano hacia ella mientras sostenía a Gartze con el otro brazo.

Honey levantó los ojos hacia su padre, pero no consiguió avanzar. —Papá, yo... —Las palabras murieron en su garganta.

Kylian comprendió lo que ella no conseguía expresar, su expresión se suavizó mientras mantenía la mano extendida hacia ella. —No necesitas pedir permiso para quedarte. —dijo con firmeza. —Esta sigue siendo tu casa.




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