Mi corazón no es tuyo

Capítulo 5: No poder tenerla

── ⋆⋅。 ₊°༺❤︎༻°₊ 。⋅⋆ ──

Cuando salió de la habitación las voces de su familia llegaban desde la cocina. Gartze estiraba la mano hacia un pequeño trozo de chocolate sobre la mesa, Honey negó con la cabeza mientras se acercaba.

Gartze levantó los brazos al verla y ella se inclinó para besarle la cabeza antes de ocupar una silla junto a su padre, no sin antes saludar cariñosamente. Isaac entró en la cocina poco después con el móvil en una mano.

Al descubrir a Honey, su expresión seria se suavizó y caminó directamente hacia ella. —Mi dulce miel. —saludó mientras se inclinaba para besarle la mejilla.

Luego extendió los brazos hacia Gartze y la tomó de Kylian. La niña soltó una carcajada cuando Isaac frotó con delicadeza su barba contra una de sus mejillas.

—¡Tío! —protestó Gartze entre risas, intentando apartarlo con sus pequeñas manos.

Isaac sonrió y besó su frente antes de acomodarla contra su pecho.

—Buenos días también para ti, pequeña revoltosa.

Al sentarse frente a ella, Isaac buscó su mano sobre la mesa y entrelazó sus dedos con los de Honey. El gesto consiguió que ella levantara la mirada de inmediato.

—¿Quieres separarte de Bruno por un tiempo o quieres divorciarte?

La pregunta consiguió borrar la sonrisa que todavía permanecía en sus labios. —Quiero divorciarme.

Pronunciarlo en voz alta hizo que la decisión pesara de una manera distinta. Isaac sostuvo su mano con más fuerza.

—Entonces vamos a hacerlo bien —respondió con calma.

Honey estaba a punto de contestar cuando el timbre resonó por toda la casa, se quedó inmóvil, no necesitaba preguntar quién era.

—Llegó temprano —comentó Isaac.

Honey sabía perfectamente de quién hablaba, aun así, se obligó a tomar un sorbo de café antes de ponerse de pie.

—Yo hablaré con él —dijo, dejando la taza sobre la encimera.

Kylian comenzó a levantarse, pero Honey negó con la cabeza. —Papá, si necesito que intervengan, se los diré.

Kylian permaneció mirándola durante unos segundos antes de sentarse nuevamente, Isaac no pareció tan conforme, pero tampoco discutió; estaba nerviosa, pero segura del paso que daría.

Cuando abrió la puerta, Bruno aparecio ante sus ojos con el mismo aspecto impecable de siempre y aquella expresión de absoluta seguridad que tantas veces la había hecho sentirse fuera de lugar a su lado.

Su mirada encontró la de Honey, después descendió, recorrió lentamente el vestido, se detuvo en su cintura y terminó en su mano izquierda, algo cambió en su expresión.

—Buenos días. —Dijo, interrumpiendo su escaneo innecesario.

Bruno desvio la mirada sin responder, un segundo despues él volvió a mirarla de arriba abajo, esta vez con menos disimulo.

—¿Vas a salir?

Honey arqueó una ceja. —Veo que tus habilidades de observación funcionan mejor por las mañanas.

La mandíbula de Bruno se tensó, Honey casi se sorprendió de sí misma, pero no retiró las palabras.

—Vine por mi esposa y mi hija.

Honey sintió la punzada exactamente donde esperaba; en su corazón, pero mantuvo el rostro sereno. —Tu hija está desayunando y tu esposa te pidió el divorcio anoche.

Honey dejó de respirar durante un instante cuando extendio su mano hacia ella. —Póntelo.

Era el anillo, no había vacilacion en su voz, sólo su seguridad insoportable de quien todavía creía que las cosas regresarían a su sitio porque él lo había decidido.

—No.

Bruno frunció el ceño. —Honey.

—¿Qué parte no entendiste?

Él dio un paso hacia ella, pero Honey permaneció en el mismo lugar, ella levantó la mirada hacia su rostro y la seguridad de Bruno pareció quebrarse durante un instante.

—Honey, no voy a discutir contigo en la puerta de la casa de tus padres. Toma lo que necesites para pasar el día y regresemos a casa.

Honey lo observó con incredulidad. Él había llegado convencido de que aquella conversación ya tenía un final decidido y lo único que faltaba era que ella obedeciera.

—Ya estoy en casa y si no quieres discutir puedes marcharte. —La respuesta fue tan inmediata que él guardó silencio. —Si quieres ver a Gartze, puedes hacerlo, pero si viniste esperando que recogiera mi maleta y regresara contigo, perdiste el viaje.

Bruno dejó escapar una respiración pesada. —Esta situación no puede convertirse en una decisión unilateral.

—Curioso, anoche no te preocupó tomar decisiones por los dos.

—Estás mezclando las cosas.

—No, te equivocas, por primera vez estoy separándolas.

Bruno la observó con dureza, antes de que pudiera responder, unos pequeños pasos resonaron detrás de Honey.

—Papá.

Se agachó y abrió los brazos. —Ven aquí, princesa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.