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Entrar nuevamente al edificio del Grupo Ferraro consiguió que los nervios aparecieran con mucha más fuerza. La recepción había cambiado, había rostros que no reconocía y otros que la observaban intentando decidir si realmente era ella.
Detrás del mostrador seguían destacando las mismas letras que recordaba.
FERRARO.
—¿Preparada? —preguntó su padre mientras caminaban hacia los elevadores.
Honey respiró hondo. —No, pero puedo fingir convincentemente durante los próximos veinte minutos.
—Eso ya es mentalidad ejecutiva —respondió su padre con una sonrisa antes de que las puertas se abrieran.
La sala de juntas estaba casi completa cuando llegaron. Honey reconoció varios rostros alrededor de la mesa y también al hombre sentado cerca del extremo derecho, con un traje oscuro y la misma corbata que ella había acomodado el día anterior.
Bruno levantó la mirada en cuanto entró; sus ojos recorrieron a Honey con una lentitud que consiguió tensarle el estómago, pero ella continuó caminando hasta ocupar el asiento junto a Kylian.
Su padre esperó a que todos tomaran asiento antes de comenzar. —Como ya fue comunicado al consejo, iniciaré un proceso progresivo de retiro. A partir de hoy mi hija se incorpora como directora Administrativa y trabajará directamente conmigo durante la transición.
Uno de los consejeros observó a Honey con evidente reserva. —Con todo respeto, Kylian, la señora De Santis lleva tres años alejada de las operaciones del grupo.
Honey sostuvo su mirada. El tratamiento era correcto; seguía casada con Bruno y legalmente continuaba siendo Honey De Santis, pero ese no era el nombre con el que había comenzado su historia dentro de esas paredes.
—Para asuntos relacionados con el Grupo Ferraro prefiero que utilicen Honey Ferraro... —aclaró con tranquilidad. —Es el apellido que utilizaré profesionalmente.
El silencio llegó de inmediato. Honey no necesitó mirar a Bruno para sentir el cambio en él.
—Sigues siendo De Santis —intervino con calma.
Ahora sí Honey giró, Bruno permanecía recostado contra la silla, observándola directamente, y ella sostuvo la mirada de su esposo sin permitir que su expresión cambiara.
—Por ahora. Pronto dejaré de llevar tu apellido.
La mandíbula de Bruno se tensó y el silencio alrededor de la mesa se volvió absoluto. Honey dejó pasar un segundo antes de apoyar una mano sobre la carpeta, dejando visible su dedo sin anillo.
—Pero mientras eso ocurre, en esta mesa soy la directora Administrativa del Grupo Ferraro. Creo que todos podemos distinguir perfectamente un matrimonio de un cargo profesional.
Los dedos de Bruno se cerraron alrededor del bolígrafo que sostenía. Durante un instante Honey creyó que olvidaría dónde estaban, pero él terminó dirigiendo nuevamente la atención hacia los documentos.
—Perfectamente —respondió con una serenidad que ella sabía que no existia. —Continuemos.
Honey sintió una pequeña satisfacción, aunque se obligó a concentrarse. No había regresado al Grupo Ferraro para discutir su matrimonio delante de un consejo directivo y tampoco permitiría que Bruno convirtiera su primer día en una extensión de sus problemas personales.
El consejero que había iniciado la conversación carraspeó antes de retomar el tema. —Tres años siguen siendo un período considerable fuera de las operaciones de una compañía de este tamaño.
—Lo son —admitió Honey mientras abría uno de los informes. —Por eso no voy a fingir que conozco cada decisión tomada durante mi ausencia. Necesitaré actualizarme y escuchar a quienes han estado trabajando aquí durante ese tiempo.
Pasó varias páginas hasta encontrar una sección marcada durante la revisión de la noche anterior.
—Pero tampoco estoy comenzando desde cero. Quiero empezar por los contratos administrativos externos de estas tres divisiones.
El director financiero siguió el punto que Honey señalaba. Tres áreas diferentes habían contratado servicios similares con proveedores distintos y, aunque individualmente los incrementos parecían razonables, juntos representaban un gasto considerablemente mayor al del ejercicio anterior.
—Son contratos independientes —explicó mientras revisaba las cifras. —Cada división negoció según sus necesidades.
Honey asintió. —Entonces quiero saber si esas necesidades justifican tres negociaciones diferentes o si podemos utilizar el volumen total del grupo para obtener mejores condiciones.
Uno de los consejeros entrelazó las manos sobre la mesa. —Una revisión completa podría tomar varias semanas y no existe garantía de que el ahorro justifique modificar los contratos.
—Entonces la revisión también puede demostrarnos que mantenerlos separados es la decisión correcta —respondió Honey con tranquilidad. —Prefiero comprobarlo antes de asumir que lo es.
Kylian permaneció en silencio, aunque la satisfacción en sus ojos resultaba imposible de ocultar. Bruno, en cambio, tomó uno de los documentos y observó las cifras antes de intervenir.