Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

5

La verdad incompleta

Marla cerró la puerta con el sobre aún entre las manos.

No podía apartar la vista de la tarjeta.

"No firmes todavía. Hay algo que necesito contarte antes de que tomes una decisión."

El mensaje era breve.

Pero bastó para que todas las dudas que había logrado ordenar volvieran a mezclarse.

¿Había cambiado de opinión?

¿El contrato ocultaba alguna cláusula que no había leído?

¿O existía algo mucho más grave?

Miró el reloj.

Eran las siete y veinte de la noche.

Su teléfono vibró.

Un número desconocido aparecía en la pantalla.

Dudó unos segundos antes de responder.

—¿Hola?

—Buenas noches, Marla.

Reconoció la voz de inmediato.

—Señor Valverde...

—Lamento llamarte a esta hora.

—¿Qué ocurre?

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea.

—¿Podrías venir mañana por la mañana a mi oficina?

Marla respiró profundamente.

—Antes de responderle... necesito saber una cosa.

—Te escucho.

—¿Hay algo en ese contrato que no me haya dicho?

Adrián tardó unos segundos en contestar.

—No.

—Entonces, ¿por qué ese mensaje?

—Porque hay una parte de mi vida que debes conocer antes de decidir.

La sinceridad de su voz la desconcertó.

No sonaba como un hombre intentando convencerla.

Sonaba como alguien que, por primera vez en mucho tiempo, estaba dispuesto a bajar la guardia.

—Estaré allí —respondió finalmente.

—Gracias.

La llamada terminó.

Marla dejó el teléfono sobre la mesa y apoyó las manos en el respaldo de una silla.

Cada respuesta parecía traer consigo dos preguntas nuevas.

A la mañana siguiente, el edificio de Valverde Hotels Group volvió a imponerse frente a ella.

Esta vez, sin embargo, los nervios eran diferentes.

Samuel la recibió con una sonrisa cordial.

—El señor Valverde la está esperando.

Mientras subían en el ascensor, ninguno de los dos habló.

Cuando las puertas se abrieron, Adrián ya no estaba junto al ventanal.

Esperaba de pie, con dos tazas de café sobre una pequeña mesa.

—Gracias por venir.

Marla tomó asiento.

Él hizo lo mismo.

Durante unos instantes reinó el silencio.

—No suelo hablar de mi vida privada —comenzó Adrián—. De hecho, llevo años evitándolo.

Marla permaneció atenta.

—Pero si voy a pedirte que confíes en mí, lo justo es que también conozcas una parte de mí.

Tomó aire antes de continuar.

—Hace cinco años estuve comprometido.

Marla no dijo nada.

—Pensé que iba a casarme por amor.

Su mirada se perdió por un instante.

—Dos semanas antes de la boda descubrí que mi prometida llevaba meses negociando con un competidor para obtener información de mi empresa.

Marla abrió los ojos con sorpresa.

—¿Qué hizo usted?

—Cancelé la boda.

Respondió con una serenidad que no lograba ocultar el dolor detrás de aquellas palabras.

—Desde entonces dejé de creer que el amor y los negocios pudieran convivir.

La joven comprendió, por primera vez, que detrás del empresario frío había alguien que también había sido traicionado.

—Lo siento.

Adrián negó suavemente.

—No busco compasión. Solo quería que supieras por qué decidí que, si algún día me casaba, sería mediante un acuerdo claro y sin falsas promesas.

Marla bajó la mirada.

Ahora entendía parte de su actitud.

Pero todavía había algo que no encajaba.

—Sigo sin entender por qué me eligió a mí.

Él sonrió apenas.

—Porque no intentaste impresionarme.

Ella soltó una pequeña risa.

—Eso fue porque ni siquiera sabía quién era.

—Precisamente.

El silencio volvió a instalarse.

Adrián tomó la carpeta del contrato y la dejó sobre la mesa.

—No voy a presionarte.

La empujó hacia ella.

—Si decides rechazar la propuesta, destruiré este contrato y nunca volveré a mencionarlo.

Marla observó el documento.

Luego levantó la vista.

—¿Y si acepto?

Él respondió sin vacilar.

—Haré todo lo que esté en mis manos para que nunca te arrepientas de esa decisión.

Antes de que pudiera responder, alguien golpeó la puerta con insistencia.

Samuel entró sin esperar autorización.

Su expresión había perdido la calma habitual.

—Señor Valverde... tenemos un problema.

Adrián se puso de pie de inmediato.

—¿Qué sucede?

Samuel miró de reojo a Marla antes de hablar.

—La señora Victoria Ferrer está aquí.

Hizo una breve pausa.

—Y dice que no se irá hasta hablar con... su futura esposa.

El corazón de Marla comenzó a latir con fuerza.

¿Cómo era posible que aquella mujer ya supiera de ella?

Continuará...




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