La mujer del pasado
Marla observó el enorme ventanal de la oficina mientras intentaba ordenar sus pensamientos.
Todo había ocurrido demasiado rápido.
En menos de cuarenta y ocho horas había conocido a uno de los empresarios más importantes del país, descubierto una propuesta imposible y escuchado una historia que explicaba por qué Adrián Valverde había decidido dejar de creer en el amor.
Aun así, seguía sin comprender por qué la había elegido a ella.
Iba a hacer una nueva pregunta cuando tres golpes firmes resonaron en la puerta.
Samuel abrió apenas.
Su expresión era muy diferente a la de siempre.
—Señor Valverde... la señora Victoria Ferrer insiste en verlo.
Adrián cerró los ojos durante un instante.
—Le dije que no recibiría visitas.
—Lo sé, señor... pero asegura que no piensa marcharse.
Marla comenzó a levantarse.
—Será mejor que me vaya. No quiero causar problemas.
—Quédate.
La voz de Adrián fue tranquila, pero firme.
—No eres tú quien está causando problemas.
Antes de que Samuel pudiera responder, una mujer abrió la puerta sin esperar autorización.
Entró con la seguridad de quien estaba acostumbrada a conseguir lo que quería.
Llevaba un elegante vestido color marfil, tacones altos y el cabello rubio perfectamente peinado. Su perfume invadió la oficina incluso antes de que hablara.
Sus ojos se detuvieron primero en Adrián.
Luego viajaron lentamente hasta Marla.
—Vaya... —dijo con una sonrisa apenas perceptible—. Así que era verdad.
Marla sintió un escalofrío.
No conocía a aquella mujer, pero la forma en que la observaba era suficiente para entender que no había llegado con buenas intenciones.
—Buenos días, Victoria —saludó Adrián sin levantarse de la silla.
—No parecen muy buenos si tienes compañía.
El empresario ignoró el comentario.
—¿Qué necesitas?
Victoria soltó una pequeña risa.
—¿Así recibes ahora a las personas que fueron importantes en tu vida?
—No respondas una pregunta con otra.
La sonrisa desapareció del rostro de la mujer.
—Siempre tan frío.
Sus pasos resonaron sobre el piso de mármol mientras se acercaba al escritorio.
Después volvió a mirar a Marla.
—¿Quién es ella?
Adrián respondió sin titubear.
—Eso no te incumbe.
Victoria arqueó una ceja.
—Entonces sí es alguien importante.
Marla permanecía en silencio.
No quería intervenir en una conversación que claramente pertenecía al pasado de ambos.
Sin embargo, podía sentir la tensión creciendo con cada palabra.
—¿Eres la nueva secretaria? —preguntó Victoria sin apartar la vista de ella.
Marla respiró hondo antes de responder.
—No.
—¿Entonces?
Antes de que pudiera decir algo más, Adrián habló.
—Marla está aquí porque yo la invité.
Aquellas palabras parecieron molestar aún más a Victoria.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
Finalmente, Victoria suspiró.
—Han pasado cinco años, Adrián.
Cinco años.
¿Todavía vas a seguir castigándome?
Él apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—No te estoy castigando.
Simplemente decidí seguir con mi vida.
—¿De verdad?
Porque, según tengo entendido, sigues soltero.
Marla bajó discretamente la mirada.
Sentía que estaba escuchando algo demasiado personal.
Victoria dio un paso más.
—Todos cometemos errores.
Yo también cometí los míos.
Pero eso no significa que no podamos empezar de nuevo.
Adrián negó lentamente.
—Hay errores que rompen la confianza.
Y cuando la confianza desaparece...
No queda nada.
Por primera vez, la seguridad de Victoria pareció tambalearse.
—¿Nunca me perdonaste?
Él respondió con absoluta serenidad.
—Te perdoné hace mucho tiempo.
Lo que nunca hice fue olvidar.
El silencio que siguió resultó incómodo incluso para Marla.
Victoria tragó saliva.
Luego volvió a recuperar aquella sonrisa elegante que parecía usar como armadura.
—Está bien.
Si esa es tu decisión...
No insistiré.
Se giró para marcharse, pero antes de llegar a la puerta volvió a mirar a Marla.
La observó con detenimiento.
Como si intentara memorizar cada detalle de su rostro.
—Solo voy a darte un consejo.
Marla la miró sin responder.
—Ten cuidado con Adrián Valverde.
Es un hombre que aprendió a esconder lo que siente.
Y eso puede romper el corazón de cualquiera.
Sin esperar respuesta, salió de la oficina.
La puerta se cerró.
Durante unos segundos nadie habló.
Marla soltó lentamente el aire que había estado conteniendo.
—Lo siento... creo que no debería haber presenciado eso.
Adrián apoyó la espalda en el respaldo de su silla.
Parecía cansado.
Mucho más cansado de lo que había mostrado hasta ese momento.
—No tienes por qué disculparte.
Ella dudó unos instantes.
—¿Todavía la quiere?
La pregunta quedó suspendida en el aire.
Adrián tardó varios segundos en responder.
—No.
Lo que alguna vez sentí por ella terminó el día en que dejó de ser la persona en quien más confiaba.
Marla asintió en silencio.
Por primera vez entendía que, detrás del exitoso empresario, había un hombre profundamente herido.
Se puso de pie y tomó su bolso.
—Creo que ya es hora de que me vaya.
Adrián también se levantó.
La acompañó hasta la puerta.
—Gracias por escucharme.
—Gracias por confiar en mí.
Cuando Marla salió del edificio, el cielo comenzaba a cubrirse de nubes.
No notó que, al otro lado de la calle, un hombre sostenía una cámara con un potente teleobjetivo.
Esperó el momento exacto.
Justo cuando Adrián salió unos segundos después para despedirse desde la entrada principal.