La propuesta bajo presión
Marla permaneció inmóvil con el teléfono pegado al oído.
Las palabras de Adrián seguían resonando en su cabeza.
—¿Dónde nos vemos? —preguntó intentando controlar el temblor de su voz.
—No vengas a la empresa.
Ella frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque hay periodistas esperándote.
Un escalofrío recorrió su espalda.
Miró por la ventana del apartamento con cautela.
Hasta ese momento no había prestado atención a la calle, pero ahora distinguía un automóvil estacionado frente al edificio. Dos personas sostenían cámaras mientras observaban la entrada.
Su respiración se aceleró.
—¿Cómo encontraron dónde vivo?
—No lo sé todavía, pero voy a averiguarlo.
Hubo un breve silencio.
—Samuel pasará por ti en veinte minutos.
—¿Y si no quiero salir?
—Entonces esperarán aquí todo el día.
Marla cerró los ojos.
Aquello se estaba saliendo de control.
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Veinticinco minutos después, una camioneta negra se detuvo discretamente en la parte trasera del edificio.
Samuel descendió y le abrió la puerta.
—Buenos días, Marla.
—No creo que tengan nada de buenos.
Él sonrió con amabilidad.
—Créeme, he vivido días peores trabajando con el señor Valverde.
Durante el trayecto, ninguno habló demasiado.
Samuel notó que Marla no dejaba de mirar por la ventana.
—¿Tienes miedo?
Ella tardó unos segundos en responder.
—No del contrato.
Samuel la observó con curiosidad.
—Entonces, ¿de qué?
—De perder mi tranquilidad.
Aquella respuesta lo hizo guardar silencio.
Comprendía perfectamente a qué se refería.
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En lugar de dirigirse a la empresa, el vehículo entró en un exclusivo club privado rodeado de jardines.
Era un lugar tranquilo, lejos de las cámaras.
Adrián ya los esperaba en una terraza con vista a un pequeño lago.
Vestía de manera mucho más informal que en la oficina.
Camisa blanca.
Mangas remangadas.
Sin corbata.
Por primera vez, parecía menos un poderoso empresario y más un hombre común.
Cuando Marla se acercó, él se puso de pie.
—Gracias por venir.
Ella tomó asiento frente a él.
—No tenía muchas opciones.
Adrián aceptó el comentario sin molestarse.
Pidió dos cafés y esperó a que el camarero se alejara.
—Lamento lo que está ocurriendo.
—Yo también.
Marla apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Solo tuve una reunión contigo y ahora todo el mundo cree que somos pareja.
Él asintió lentamente.
—Eso demuestra el nivel de atención que recibe mi vida privada.
—No estoy acostumbrada a esto.
—Lo sé.
Durante unos segundos reinó el silencio.
Finalmente, Adrián habló.
—Quiero que entiendas algo.
Si decides rechazar el contrato, haré todo lo posible para proteger tu identidad.
No permitiré que esta situación afecte tu futuro.
Marla levantó la vista.
Había esperado que insistiera.
Que intentara convencerla.
Sin embargo, él estaba haciendo exactamente lo contrario.
—¿Por qué?
Adrián sostuvo su mirada.
—Porque tu tranquilidad vale más que cualquier acuerdo.
Aquellas palabras la desconcertaron.
Si realmente solo necesitaba una esposa por contrato, ¿por qué parecía tan preocupado por ella?
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En ese mismo momento, al otro lado de la ciudad, Victoria Ferrer observaba la noticia publicada en internet.
Sonrió con frialdad.
—Así que eres tú...
Tomó su teléfono.
—Consígueme toda la información sobre Marla Montero.
Dónde estudia.
Dónde vive.
Quiénes son sus amigos.
Quiero saber absolutamente todo.
Colgó la llamada sin esperar respuesta.
Después volvió a mirar la fotografía.
—Si Adrián cree que una desconocida va a ocupar el lugar que me pertenece...
Está muy equivocado.
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La reunión entre Marla y Adrián terminó dos horas después.
Hablaron de la presión de la prensa, de los rumores y de cómo aquello podía afectar la vida de ambos.
Por primera vez, la conversación no giró alrededor del contrato.
Simplemente hablaron.
Y Marla descubrió que, detrás del hombre serio y reservado, existía alguien que escuchaba con atención, respetaba sus opiniones y nunca intentaba imponer las suyas.
Cuando Samuel la dejó nuevamente cerca de su apartamento, ella sintió que conocía un poco más a Adrián.
Pero todavía no sabía si eso era suficiente para confiar en él.
Al subir las escaleras encontró un sobre blanco apoyado contra la puerta de su casa.
No tenía remitente.
Solo su nombre escrito a mano.
Lo abrió con cuidado.
Dentro había una única fotografía.
Era la imagen de ella saliendo de la universidad esa misma semana.
En la parte trasera, escrita con tinta negra, había una frase que hizo que el corazón se le acelerara.
"Aléjate de Adrián Valverde... o las próximas fotos serán mucho peores."
Continuará...