Bajo mi protección
El sobre cayó de las manos de Marla sobre la mesa.
Durante varios segundos fue incapaz de apartar la vista de la fotografía.
Era ella.
Saliendo de la universidad.
La imagen había sido tomada sin que se diera cuenta.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Volteó inmediatamente hacia la ventana de su apartamento y corrió las cortinas.
Por primera vez desde que conoció a Adrián Valverde, sintió miedo de verdad.
Tomó el teléfono con manos temblorosas y marcó el número que ya conocía de memoria.
La llamada fue contestada al segundo tono.
—¿Marla?
—Necesito hablar contigo.
Su voz era apenas un susurro.
Adrián percibió el nerviosismo al instante.
—¿Qué pasó?
Ella respiró hondo antes de responder.
—Alguien dejó un sobre frente a mi puerta.
Hubo un breve silencio.
—¿Qué contenía?
—Una fotografía mía... y una amenaza.
La voz de Adrián cambió por completo.
—No toques nada. Voy para allá.
—Pero...
—Marla, escúchame. Cierra la puerta con llave. No abras a nadie. Llegaré en menos de treinta minutos.
La llamada terminó.
Ella permaneció inmóvil en medio del apartamento, abrazándose a sí misma.
Nunca había imaginado que una simple reunión pudiera poner su vida patas arriba.
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Veintisiete minutos después, un vehículo negro se detuvo frente al edificio.
Adrián y Samuel subieron rápidamente al apartamento.
Cuando Marla abrió la puerta, Adrián recorrió el lugar con la mirada antes de hablar.
—¿Estás bien?
Ella asintió.
Él tomó el sobre con cuidado y observó la fotografía.
Después leyó el mensaje escrito al reverso.
Su expresión se endureció.
—Esto ya no es un simple rumor.
Samuel examinó el sobre.
—No tiene remitente.
Tampoco huellas visibles.
Parece que quien lo dejó sabía exactamente lo que hacía.
Adrián caminó hasta la ventana.
Desde allí podía verse la calle principal.
—¿Has notado a alguien siguiéndote estos días?
Marla negó con la cabeza.
—No...
Solo periodistas.
Adrián volvió a mirarla.
—Eso ya es suficiente para preocuparme.
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Una hora más tarde, los tres se encontraban en la sala del apartamento.
Samuel hablaba por teléfono con el equipo de seguridad de la empresa.
—Revisen las cámaras del edificio y las calles cercanas. Quiero saber quién dejó ese sobre.
Colgó unos minutos después.
—Necesitaremos tiempo.
Adrián permanecía pensativo.
Finalmente tomó una decisión.
—No puedes quedarte aquí.
Marla levantó la vista.
—¿Qué?
—Quien hizo esto conoce tu dirección.
Eso significa que podría volver.
Ella negó inmediatamente.
—No puedo irme de mi casa.
—No estoy diciendo para siempre.
Solo hasta saber quién está detrás de esto.
Marla cruzó los brazos.
—No quiero sentir que dependo de nadie.
Adrián guardó silencio unos segundos.
Después respondió con calma.
—No quiero que dependas de mí.
Quiero que estés a salvo.
Aquellas palabras la dejaron sin respuesta.
No sonaban a una orden.
Sonaban a una preocupación sincera.
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Al caer la tarde, Samuel recibió una llamada.
Escuchó durante unos segundos y luego miró a Adrián.
—Encontramos algo.
Ambos dirigieron la atención hacia él.
—Las cámaras captaron a una persona dejando el sobre.
—¿Se distingue el rostro? —preguntó Adrián.
Samuel negó lentamente.
—Llevaba gorra, mascarilla y gafas oscuras.
Pero hay algo extraño.
—¿Qué cosa?
—Antes de llegar al edificio estuvo casi veinte minutos hablando con alguien dentro de un automóvil negro.
Adrián frunció el ceño.
—¿Pudieron identificar el vehículo?
Samuel respiró hondo.
—Sí.
Sacó su tableta y mostró una imagen ampliada.
La placa pertenecía a una empresa.
Una empresa que Adrián conocía demasiado bien.
Su mandíbula se tensó.
—Eso es imposible...
Marla observó la pantalla sin comprender.
—¿Qué ocurre?
Adrián levantó lentamente la vista.
—Ese automóvil pertenece a una de mis compañías.
El silencio llenó el apartamento.
Si la información era correcta...
La persona que estaba siguiendo a Marla no era un desconocido.
Era alguien que tenía acceso al entorno más cercano de Adrián.
Continuará...