Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

10

Nadie es de confianza

El silencio se volvió insoportable.

Marla miró a Adrián y luego a Samuel, intentando encontrar una explicación en sus rostros.

—¿Estás diciendo que alguien de tu empresa podría estar detrás de esto? —preguntó con la voz entrecortada.

Adrián no respondió de inmediato.

Seguía observando la fotografía del vehículo en la tableta.

Finalmente habló.

—No puedo asegurarlo.

—Pero tampoco puedes descartarlo —completó Samuel.

Adrián asintió con gesto serio.

—Ese automóvil pertenece al departamento corporativo. Cualquiera de los directivos autorizados pudo utilizarlo.

Marla sintió un nudo en el estómago.

Todo aquello comenzaba a parecer una pesadilla.

Ella solo era una estudiante.

No entendía por qué alguien se tomaría la molestia de seguirla o amenazarla.

—Creo que esto es demasiado para mí... —murmuró.

Adrián levantó la vista.

—Lo sé.

Y créeme cuando te digo que jamás quise involucrarte en algo así.

Por primera vez desde que se conocían, Marla vio culpa en sus ojos.

No era el empresario seguro de sí mismo que siempre parecía tener una solución para todo.

Era un hombre preocupado.

---

Dos horas después, el apartamento estaba completamente en silencio.

Samuel había salido para coordinar la investigación con el equipo de seguridad.

Solo quedaban ellos dos.

Marla preparó café por simple costumbre.

Cuando colocó una taza frente a Adrián, él sonrió levemente.

—Gracias.

—Es lo único que sé hacer cuando estoy nerviosa.

Él dio un pequeño sorbo.

—Está muy bueno.

Ella soltó una risa.

—No esperaba que un CEO alabara mi café instantáneo.

—Después de tantas reuniones, uno aprende que el mejor café no siempre es el más caro.

Aquella conversación tan sencilla rompió un poco la tensión.

Durante unos minutos hablaron de cosas normales.

De libros.

De viajes.

De hoteles.

Marla descubrió que Adrián disfrutaba caminar por la playa al amanecer cuando necesitaba despejar la mente.

Él descubrió que ella soñaba con dirigir un pequeño hotel boutique donde cada huésped se sintiera como en casa.

—Nunca me imaginé diciéndole esto a alguien que acabo de conocer —comentó Marla.

—¿Qué cosa?

—Que todavía quiero cumplir mis sueños... aunque últimamente siento que todo se complica.

Adrián apoyó la taza sobre la mesa.

—No renuncies a ellos.

Ella sonrió con tristeza.

—A veces es más fácil decirlo que hacerlo.

---

El teléfono de Adrián vibró.

Era Samuel.

Contestó de inmediato.

—¿Encontraste algo?

La expresión de Adrián cambió mientras escuchaba.

—Entiendo.

No hagas nada hasta que llegue.

Colgó lentamente.

Marla se puso de pie.

—¿Qué pasó?

—La persona que utilizó ese automóvil ya fue identificada.

—¿Quién es?

Adrián respiró hondo.

—Uno de los gerentes regionales.

Pero asegura que el vehículo fue prestado esa misma mañana y no recuerda a quién.

Marla sintió que el misterio se hacía cada vez más grande.

—Entonces cualquiera pudo usarlo.

—Exactamente.

Y eso significa que alguien está borrando sus huellas.

---

Cuando Adrián se disponía a marcharse, se detuvo junto a la puerta.

—Marla...

Ella levantó la mirada.

—Quiero pedirte algo.

—¿Qué cosa?

—Hasta que descubramos quién está detrás de esto, no salgas sola.

Ella dudó unos segundos.

—Está bien.

Él hizo un leve gesto de agradecimiento.

—Y otra cosa.

—¿Sí?

—No quiero que tomes ninguna decisión sobre el contrato mientras estés asustada.

Quiero que, si algún día aceptas... sea porque realmente confías en mí.

Marla no respondió.

Solo observó cómo Adrián salía del apartamento y cerraba la puerta con cuidado.

Se acercó a la ventana.

Lo vio subir al automóvil y marcharse.

Sin darse cuenta, una sensación completamente nueva apareció en su pecho.

No era miedo.

Tampoco tranquilidad.

Era la extraña certeza de que aquel hombre empezaba a importarle más de lo que estaba dispuesta a admitir.

En ese mismo instante, su teléfono recibió un mensaje de un número desconocido.

Solo contenía una línea.

"No dejes que Adrián te engañe. Él no te ha contado toda la verdad."

Marla sintió que el corazón le daba un vuelco.

¿Quién enviaba esos mensajes?

Y, sobre todo...

¿Qué secreto seguía ocultándole Adrián Valverde?

Continuará...




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