Capítulo 11
Una decisión imposible
Marla permaneció inmóvil frente a la ventana.
Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse mientras sostenía el teléfono entre las manos.
El mensaje seguía en la pantalla.
"No dejes que Adrián te engañe. Él no te ha contado toda la verdad."
Lo leyó una vez.
Luego otra.
Y una tercera.
No conocía al remitente.
Pero lo que más le inquietaba era una sola pregunta.
¿Y si era cierto?
Su celular vibró nuevamente.
Esta vez era Adrián.
—¿Recibiste otro mensaje? —preguntó apenas ella contestó.
Marla sintió un escalofrío.
—¿Cómo lo supiste?
—Porque yo también recibí uno.
Ella abrió los ojos con sorpresa.
—¿Qué decía?
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Que te alejara de mi vida antes de que fuera demasiado tarde.
Marla sintió un nudo en la garganta.
Alguien estaba jugando con ambos.
Y parecía conocer exactamente qué decir para sembrar la desconfianza.
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A la mañana siguiente, Adrián la invitó a desayunar en una pequeña cafetería lejos del centro de la ciudad.
No había periodistas.
No había guardaespaldas.
Solo dos personas intentando entender qué estaba ocurriendo.
—¿Por qué aquí? —preguntó Marla.
Adrián sonrió levemente.
—Es el único lugar donde puedo tomar un café sin que nadie me haga una fotografía.
Ella rió por primera vez en varios días.
—Debe ser difícil vivir así.
—A veces.
Pero uno termina acostumbrándose.
El desayuno transcurrió con una tranquilidad inesperada.
Hablaron de sus libros favoritos, de los lugares que soñaban visitar y de las pequeñas cosas que los hacían felices.
Marla descubrió que Adrián adoraba el mar al amanecer.
Él descubrió que ella soñaba con dirigir un hotel donde cada huésped fuera tratado como si estuviera en casa.
Por un momento, olvidaron el contrato.
Olvidaron las amenazas.
Olvidaron las cámaras.
Hasta que Samuel apareció junto a la mesa.
Su expresión bastó para romper la calma.
—Señor...
Adrián se puso de pie.
—¿Qué ocurrió?
Samuel entregó una carpeta.
—Encontramos quién filtró la primera fotografía.
Marla sintió que el corazón le latía con fuerza.
Adrián abrió la carpeta.
En la primera página había un nombre.
Su expresión cambió por completo.
—No puede ser...
—¿Lo conoces? —preguntó Marla.
Él levantó lentamente la vista.
—Sí.
Y jamás imaginé que sería capaz de traicionarme.
Antes de que pudiera explicar más, el teléfono de Adrián comenzó a sonar.
Observó la pantalla.
El número era privado.
Contestó.
Durante unos segundos no dijo una sola palabra.
Solo escuchó.
Su rostro perdió el color.
—¿Qué sucede? —preguntó Marla cuando colgó.
Adrián respiró profundamente.
—Acaban de decirme que, si queremos detener todo esto...
Debemos aceptar sus condiciones.
—¿Las condiciones de quién?
Él la miró con una seriedad que ella nunca le había visto.
—De la persona que está moviendo los hilos desde el principio.
Y esa persona... nos está observando en este mismo momento.
Continuará...