Capítulo 12
El enemigo invisible
Marla giró la cabeza de inmediato.
Instintivamente buscó entre las personas que caminaban por la cafetería.
Una pareja conversaba cerca de la ventana.
Un hombre leía el periódico.
Una mujer hablaba por teléfono mientras esperaba su pedido.
Todo parecía normal.
Demasiado normal.
—¿Quién nos está observando? —preguntó en voz baja.
Adrián mantuvo la calma.
—No lo sé.
Pero quien hizo esa llamada quiere que pensemos que puede acercarse a nosotros cuando quiera.
Samuel dio un paso al frente.
—Será mejor que nos vayamos.
Los tres abandonaron la cafetería por una salida trasera.
Antes de subir al vehículo, Adrián volvió la mirada hacia el edificio.
En el segundo piso, una figura vestida de negro los observaba desde detrás de un cristal.
Cuando sus miradas estuvieron a punto de cruzarse, la persona corrió la cortina.
Había desaparecido.
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Una hora más tarde, ya en la oficina de Adrián, Samuel colocó sobre el escritorio una carpeta con toda la información que había reunido.
—La llamada fue hecha desde un teléfono desechable. No podremos rastrearla.
Adrián abrió la carpeta.
La primera hoja contenía un nombre.
Leonardo Rivas.
Marla frunció el ceño.
—¿Quién es?
Adrián permaneció unos segundos en silencio.
—Hace años fue uno de mis socios más cercanos.
Confiaba plenamente en él.
—¿Y qué ocurrió?
—Descubrí que estaba desviando dinero de la empresa.
Lo despedí y desapareció sin dejar rastro.
Samuel añadió:
—Desde entonces nadie ha vuelto a saber de él.
Marla sintió un escalofrío.
—¿Crees que busca vengarse?
—No tengo pruebas...
Pero tampoco dudas.
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El teléfono de Samuel vibró.
Leyó el mensaje y levantó la vista de inmediato.
—Señor, llegó otro sobre.
El ambiente volvió a tensarse.
Samuel dejó el sobre sobre el escritorio.
Esta vez estaba dirigido a ambos.
Adrián lo abrió con cuidado.
Dentro solo había una hoja.
En ella se leía una frase escrita con letras recortadas de revistas.
"Si quieren respuestas, preséntense esta noche a las diez. Vayan solos."
En la parte inferior aparecía una dirección.
Un antiguo hotel abandonado.
Marla tragó saliva.
—Eso puede ser una trampa.
—Lo sé —respondió Adrián.
—Entonces no irás, ¿verdad?
Él dobló lentamente el papel.
—Si no voy, nunca sabremos quién está detrás de todo esto.
Marla respiró hondo.
—Entonces iré contigo.
Adrián negó inmediatamente.
—Es demasiado peligroso.
Ella dio un paso hacia él.
—Todo esto empezó conmigo.
No pienso quedarme escondida mientras tú enfrentas esto solo.
Durante unos segundos, ninguno de los dos habló.
Finalmente, Adrián sonrió con resignación.
—Eres mucho más valiente de lo que imaginas.
Marla sostuvo su mirada.
—Y tú eres mucho más terco de lo que aparentas.
Por primera vez en días, ambos sonrieron al mismo tiempo.
Pero aquella tranquilidad duró apenas unos segundos.
Samuel recibió otra llamada.
Contestó.
Escuchó en silencio.
Su rostro perdió todo el color.
—¿Qué pasó? —preguntó Adrián.
Samuel bajó lentamente el teléfono.
—No podemos ir al hotel...
—¿Por qué?
Samuel levantó la vista.
—Porque acaba de incendiarse.
Y, según los bomberos...
Había alguien esperando allí cuando comenzó el fuego.
Continuará...