Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

13

Capítulo 13

Entre las cenizas

Las palabras de Samuel dejaron la oficina en un silencio absoluto.

—¿Un incendio...? —preguntó Marla, incapaz de creerlo.

Samuel asintió con gravedad.

—Los bomberos llegaron hace pocos minutos. El fuego consumió gran parte del edificio.

Adrián tomó las llaves de su automóvil.

—Vamos.

—Señor, la policía acordonó la zona...

—No me importa.

Necesito saber qué ocurrió.

---

Veinte minutos después, el vehículo se detuvo frente al antiguo hotel.

El lugar estaba rodeado por cintas amarillas.

Varias unidades del cuerpo de bomberos seguían trabajando para apagar los últimos focos de fuego.

El aire olía a humo y madera quemada.

Marla observó el edificio con un nudo en el estómago.

—Si hubiéramos llegado a tiempo...

No terminó la frase.

Adrián entendió perfectamente lo que quería decir.

Quizás ellos habrían estado dentro cuando comenzó el incendio.

Un oficial se acercó.

—Lo siento, no pueden pasar.

Adrián mostró su identificación.

—Recibimos un mensaje para reunirnos aquí esta noche.

El oficial frunció el ceño.

—Entonces tuvieron mucha suerte de no llegar antes.

Marla sintió un escalofrío.

¿Aquello había sido una trampa desde el principio?

---

Mientras los bomberos removían los escombros, uno de ellos levantó la voz.

—¡Encontramos algo!

Todos dirigieron la mirada hacia el interior del edificio.

Un bombero salió sosteniendo una pequeña caja metálica, ennegrecida por el fuego.

—Estaba protegida entre dos muros.

El oficial la abrió con cuidado.

Dentro solo había un reloj de bolsillo antiguo y una memoria USB.

Adrián intercambió una mirada con Samuel.

—¿Podemos verla?

El oficial dudó unos segundos.

Finalmente asintió.

—Solo unos minutos.

Samuel tomó la memoria.

—La revisaré en la oficina.

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Ya de regreso, los tres permanecieron en silencio durante el trayecto.

Marla no podía apartar la vista de la pequeña memoria.

Sentía que contenía respuestas.

O quizás más preguntas.

Al llegar a la empresa, Samuel conectó el dispositivo a un ordenador sin acceso a internet.

Solo había un archivo de video.

La pantalla permaneció negra durante unos segundos.

Después apareció un hombre con el rostro cubierto por una máscara.

Su voz había sido modificada electrónicamente.

—Si están viendo esto...

Significa que sobrevivieron.

Adrián apretó los puños.

El desconocido continuó.

—Siempre has pensado que controlas cada situación, Adrián.

Pero esta vez las reglas las pongo yo.

La imagen cambió.

Ahora aparecía una fotografía de Marla caminando por el campus de la universidad.

Ella sintió que la sangre se le helaba.

El hombre volvió a hablar.

—Ella es la llave de todo.

Y cuando descubra quién es en realidad...

Será demasiado tarde para los dos.

La grabación terminó de forma abrupta.

Nadie dijo una palabra.

Marla fue la primera en romper el silencio.

—¿Qué quiso decir con "quién soy en realidad"?

Adrián negó lentamente.

—No lo sé...

Pero voy a averiguarlo.

En ese instante, Samuel recibió un correo electrónico.

Lo abrió y su expresión cambió por completo.

—Señor...

—¿Qué ocurre?

Samuel giró la pantalla hacia ellos.

Era una copia del acta de nacimiento de Marla.

Pero había algo imposible.

El nombre de su padre había sido reemplazado por otro.

Uno que Adrián conocía demasiado bien.

Él dio un paso atrás, completamente pálido.

—Eso... no puede ser verdad.

Marla sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué dice ese documento?

Adrián levantó lentamente la mirada hacia ella.

—Si ese archivo es auténtico...

Toda tu vida se construyó sobre una mentira.

Continuará...




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