Capítulo 15
La carta olvidada
El sobre permanecía sobre el escritorio de la oficina del Registro Civil.
Nadie se atrevía a tocarlo.
La empleada observó a Marla con curiosidad.
—Según nuestros archivos, este sobre fue depositado hace más de veinte años. Nunca debió salir del expediente.
Marla sintió un escalofrío.
—¿Hace... más de veinte años?
La mujer asintió.
—No sé quién lo dejó. En esa época el sistema era completamente manual y muchos documentos se archivaban de forma física.
Adrián miró a Marla.
—La decisión es tuya.
Ella observó el sobre durante varios segundos.
Su nombre estaba escrito con una caligrafía elegante.
No había remitente.
Solo una frase.
"Abrir únicamente cuando Marla Montero esté presente."
Respiró profundamente.
—Ábrelo.
Adrián rompió el sello con cuidado.
Dentro había una sola hoja doblada y una pequeña llave plateada envuelta en un pañuelo blanco.
Samuel tomó la llave mientras Adrián comenzaba a leer la carta en voz alta.
«"Si esta carta ha llegado a tus manos, significa que la verdad ya empezó a buscarte."»
Marla sintió que un nudo se formaba en su garganta.
Adrián continuó.
«"No tengas miedo. Las personas que te criaron lo hicieron porque te amaban con todo su corazón. Nunca dudes de eso."»
Los ojos de Marla comenzaron a humedecerse.
Siempre había amado a su familia.
Jamás había dudado de ellos.
Pero aquellas palabras parecían esconder algo más.
Adrián siguió leyendo.
«"Cuando llegue el momento, busca el casillero número 27 de la antigua estación de tren de San Cristóbal. La llave que acompaña esta carta abrirá la puerta hacia una verdad que muchos intentaron enterrar."»
La carta terminaba allí.
Sin firma.
Sin fecha.
Sin ninguna explicación.
El silencio invadió la oficina.
—¿Quién escribió esto? —preguntó Marla en un susurro.
Samuel volvió a revisar el sobre.
—No hay ninguna pista.
Adrián observó la pequeña llave.
Era antigua, de hierro, con el número 27 grabado en un costado.
—Sea quien sea, quería que encontraras esto.
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Al salir del Registro Civil, ninguno de los tres habló durante varios minutos.
Finalmente, Marla rompió el silencio.
—¿Crees que debería ir?
Adrián no respondió enseguida.
Miró la llave entre sus dedos.
—Si esa carta fue guardada durante tantos años, alguien esperaba exactamente este momento.
—¿Y si es otra trampa?
Samuel intervino.
—También lo pensé.
Pero si quien los amenaza hubiera querido esa llave, habría intentado destruirla, no dejarla llegar hasta ustedes.
Marla guardó la llave en su bolso.
Su corazón latía con fuerza.
Por primera vez sentía que estaba cerca de descubrir algo importante.
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Esa misma noche, en una lujosa casa a las afueras de la ciudad, una figura observaba varias fotografías de Marla y Adrián esparcidas sobre una mesa.
Un hombre entró en la habitación.
—Señora... encontramos la carta.
La mujer sonrió lentamente.
—Era inevitable.
—¿Quiere que actuemos antes de que lleguen al casillero?
Ella negó con tranquilidad.
—No.
Déjenlos encontrar la verdad.
Después... será demasiado tarde para escapar.
Tomó una de las fotografías de Marla.
La observó durante unos segundos.
Y murmuró con una sonrisa llena de misterio:
—Ha llegado la hora de que descubras quién eres realmente.
La fotografía quedó sobre la mesa.
Justo al lado de otra imagen mucho más antigua.
Una fotografía tomada hacía más de veinte años.
En ella aparecía un hombre sosteniendo en brazos a una bebé recién nacida.
La imagen estaba parcialmente quemada.
Pero aún podía distinguirse un detalle.
El hombre llevaba el mismo reloj de bolsillo que los bomberos habían encontrado entre las cenizas del hotel abandonado.
Continuará...