Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

16

Capítulo 16

El casillero número 27

Marla apenas pudo dormir.

La pequeña llave descansaba sobre la mesa de noche, iluminada por la tenue luz de la lámpara. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba las palabras de la carta.

"Ha llegado el momento de conocer la verdad."

Pero ¿qué verdad?

¿Y por qué alguien había esperado más de veinte años para revelársela?

A las siete de la mañana, el sonido de su teléfono rompió el silencio.

—Buenos días —dijo Adrián al otro lado de la línea.

—No creo que este día tenga mucho de bueno.

Él dejó escapar una leve risa.

—Samuel ya investigó la antigua estación de tren de San Cristóbal.

Marla se incorporó de inmediato.

—¿Y?

—El edificio está abandonado desde hace años... pero los casilleros siguen allí.

Ella sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.

—Entonces existe.

—Sí.

Y hoy iremos a descubrir qué oculta.

---

Dos horas después, el vehículo atravesó un viejo portón de hierro cubierto de óxido.

La estación parecía detenida en el tiempo.

Las paredes estaban desgastadas, los cristales rotos y la maleza había invadido los antiguos andenes.

Samuel observó el lugar con cautela.

—No me gusta.

—¿Por qué? —preguntó Marla.

—Demasiado silencio.

Adrián caminó unos pasos delante de ellos.

Encontró el pasillo donde estaban los antiguos casilleros metálicos.

Los números todavía podían leerse, aunque el paso de los años los había deteriorado.

Diecinueve...

Veinte...

Veintiuno...

Marla respiró hondo mientras seguían avanzando.

Hasta que lo encontraron.

27.

El casillero estaba cubierto de polvo, pero la cerradura permanecía intacta.

Marla sacó la llave de su bolso.

Sus manos temblaban.

—¿Lista? —preguntó Adrián.

Ella negó con una sonrisa nerviosa.

—No.

Pero necesito hacerlo.

Introdujo la llave.

Giró lentamente.

Un clic resonó en el silencio.

La puerta se abrió.

Dentro había una caja de madera cuidadosamente envuelta en tela.

Y sobre ella, un sobre mucho más reciente.

Marla frunció el ceño.

—Este sobre no puede tener veinte años...

Adrián lo tomó con cuidado.

En el frente solo había una frase escrita con tinta negra.

"Sabía que vendrías."

Los tres intercambiaron una mirada.

Samuel dio un paso hacia atrás.

—Alguien estuvo aquí hace poco.

En ese mismo instante, un fuerte golpe resonó en el edificio.

Después otro.

Y otro más.

La vieja puerta principal acababa de cerrarse de golpe.

Marla giró sobresaltada.

Intentó correr hacia la salida.

Pero era demasiado tarde.

Habían quedado encerrados dentro de la estación.

Entonces, una voz desconocida resonó por los antiguos altavoces, distorsionada por el tiempo.

—Bienvenidos.

Llevo muchos años esperando este encuentro.

Continuará...




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