Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

18

Capítulo 18

Cara a cara

Los pasos se detuvieron.

El silencio volvió a apoderarse de la antigua estación.

Marla apenas podía escuchar su propia respiración. La mano de Adrián seguía sujetando la suya con firmeza, mientras Samuel encendía la linterna de su teléfono.

Un haz de luz atravesó la oscuridad.

No había nadie.

—Eso no es posible... —murmuró Samuel.

Los tres habían escuchado claramente aquellos pasos.

Adrián recorrió el lugar con la mirada.

Las sombras parecían moverse entre las columnas desgastadas y los viejos bancos cubiertos de polvo.

—No se separen —ordenó con voz firme.

Marla asintió sin apartarse de él.

De repente, un fuerte golpe metálico resonó al fondo del edificio.

Samuel dirigió la linterna hacia el ruido.

Una puerta oscilaba lentamente.

—Vino por ahí...

Avanzaron con cautela.

Cada paso levantaba una fina capa de polvo que llevaba años sin moverse.

Cuando llegaron a la puerta, descubrieron una pequeña oficina oculta detrás del andén principal.

Todo estaba cubierto por telarañas, excepto una silla.

Alguien había estado sentado allí hacía muy poco.

Sobre el escritorio descansaba una grabadora.

La luz roja parpadeaba.

Adrián presionó el botón de reproducción.

Una voz llenó la habitación.

—Si están escuchando esto, significa que han llegado más lejos de lo que imaginé.

Marla sintió un escalofrío.

La voz continuó.

—Adrián... siempre creíste que podías proteger a todos.

Pero no pudiste proteger a la persona que más lo necesitaba.

Él apretó la mandíbula.

—¿Quién eres?

La grabación, por supuesto, no respondió.

Solo siguió reproduciéndose.

—Y tú, Marla...

Has pasado toda tu vida buscando un lugar al que pertenecer, sin saber que alguien decidió tu destino mucho antes de que nacieras.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Marla sintió un vacío en el estómago.

—¿Qué significa eso?

La grabación terminó con un chasquido.

Samuel revisó rápidamente la oficina.

—Se fue hace poco. Hay una taza de café todavía caliente.

Los tres intercambiaron una mirada.

Habían llegado apenas unos minutos tarde.

Otra vez.

Entonces Adrián vio algo bajo el escritorio.

Era una carpeta negra.

La abrió con cuidado.

Dentro había decenas de fotografías.

Todas eran de él.

En reuniones.

En eventos.

Entrando y saliendo de su empresa.

Pero, de pronto, aparecieron otras imágenes.

Marla.

En la universidad.

En una librería.

En una cafetería con Emma.

Las fotografías abarcaban varios meses.

Marla llevó una mano a su boca.

—Me han estado siguiendo desde antes de conocerte...

Adrián cerró la carpeta con fuerza.

En ese instante comprendió algo que le heló la sangre.

Aquello nunca había sido un ataque contra él.

Él solo había sido el camino para llegar a Marla.

Y quien estaba detrás de todo...

Había planeado cada movimiento con una precisión aterradora.

Continuará...




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