El destino no fue una coincidencia
Marla permaneció inmóvil.
Las imágenes de las cámaras del hotel seguían reproduciéndose una y otra vez en la pantalla.
El empleado recibía un sobre.
Cambiaba una llave.
Y, apenas unos minutos después, ella y Adrián terminaban encontrándose.
Todo había sido demasiado perfecto.
Demasiado calculado.
—Entonces... —susurró Marla—. ¿Alguien decidió que nuestras vidas se cruzaran?
Nadie respondió.
Porque la evidencia hablaba por sí sola.
Samuel cerró el video y respiró profundamente.
—Necesitamos saber quién era ese empleado.
Adrián asintió.
—Y dónde está ahora.
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Una hora después, los tres llegaron al hotel donde todo había comenzado.
El edificio seguía tan elegante como el primer día.
Para cualquier huésped era un hotel de lujo.
Para ellos, ahora era el escenario donde alguien había movido la primera pieza de un juego que aún no comprendían.
El gerente los recibió con evidente nerviosismo.
—Señor Valverde... no esperaba su visita.
—Necesito el expediente de un antiguo empleado.
El hombre tragó saliva.
—¿Su nombre?
Samuel colocó una fotografía sobre el escritorio.
—Él.
El gerente observó la imagen durante unos segundos.
Su expresión cambió de inmediato.
—Lo recuerdo.
Trabajó aquí poco tiempo... y renunció de un día para otro.
—¿Saben a dónde fue? —preguntó Marla.
El gerente negó con la cabeza.
—Solo dejó esto para el señor Valverde, pero nunca regresó a buscarlo.
Abrió un cajón y sacó un pequeño sobre sellado.
En el frente había una fecha.
Era el mismo día en que Marla y Adrián se conocieron.
Adrián tomó el sobre con cautela.
—¿Por qué nunca me lo entregaron?
—Porque nadie imaginó que fuera importante.
Él rompió el sello.
Dentro solo había una tarjeta.
Con una frase escrita a mano.
"El juego apenas comienza."
Y, en la parte inferior...
Una firma.
L. R.
Adrián sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Leonardo Rivas...
Marla levantó lentamente la vista.
Cada respuesta parecía abrir un misterio todavía más grande.
Y por primera vez, ambos comprendieron que su historia nunca había sido cuestión de suerte.
Alguien había escrito el primer capítulo mucho antes de que ellos se conocieran.
Continuará...