Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

Capítulo 25

Bajo fuego

La alarma no dejaba de sonar.

Las luces rojas iluminaban los pasillos de la bóveda mientras los empleados corrían buscando la salida de emergencia.

—¡Muévanse! —gritó el guardia.

Samuel fue el primero en reaccionar.

Guardó la memoria USB y el sobre dentro de su chaqueta.

—No podemos perder estas pruebas.

Adrián tomó la mano de Marla.

—Quédate conmigo.

Ella asintió sin discutir.

Por primera vez, sentirse protegida no le parecía una señal de debilidad.

Corrieron por el estrecho pasillo hasta llegar a una escalera de servicio.

Cuando estaban a punto de subir, un fuerte estruendo sacudió el edificio.

Un disparo.

Luego otro.

Marla se quedó inmóvil.

Adrián la abrazó y la cubrió instintivamente con su cuerpo.

—¡No mires atrás!

Samuel observó por la esquina del pasillo.

Tres hombres vestidos de negro avanzaban hacia la bóveda.

Llevaban el rostro cubierto.

—Nos encontraron...

Subieron las escaleras tan rápido como pudieron.

Al llegar al primer piso, el banco era un caos.

Clientes llorando.

Guardias evacuando el edificio.

Sirenas acercándose desde la calle.

Cuando por fin lograron salir, respiraron con alivio.

Pero duró apenas unos segundos.

El automóvil de Adrián estaba completamente destrozado.

Los cristales habían sido rotos.

Y sobre el capó había una pequeña caja envuelta con una cinta roja.

Samuel la inspeccionó con cuidado.

—No parece tener explosivos.

Adrián abrió la tapa lentamente.

Dentro solo había una rosa blanca.

Y una nota.

Marla leyó las palabras en voz alta.

"No importa cuántas veces escapen. El final ya fue escrito."

Debajo de la nota había una fotografía reciente.

Mostraba a Marla durmiendo en su apartamento.

La imagen había sido tomada desde el interior de su habitación.

El corazón de Marla se detuvo por un instante.

—Eso... es imposible.

Adrián sintió un frío recorrerle la espalda.

Alguien había entrado en el apartamento de Marla sin dejar rastro.

Ya no estaban vigilándola desde lejos.

Ahora podían alcanzarla en cualquier momento.

Adrián rompió el silencio.

—No volverás a vivir sola.

Marla levantó la mirada.

—¿Qué?

—Vendrás a mi casa.

No pienso arriesgarme a perderte.

Las palabras escaparon de sus labios antes de que pudiera detenerlas.

Ambos quedaron en silencio.

Marla sintió cómo sus mejillas se sonrojaban.

Adrián también comprendió lo que acababa de decir.

Ya no hablaba como un hombre que cumplía un acuerdo.

Hablaba como alguien que tenía miedo de perder a la mujer que, sin darse cuenta, había empezado a amar.

Pero ninguno de los dos tuvo tiempo de decir nada más.

El teléfono de Samuel vibró.

Contestó.

Escuchó durante unos segundos y su expresión cambió por completo.

—Señor...

Adrián lo miró.

—¿Qué ocurre?

Samuel tragó saliva.

—Encontraron a Leonardo Rivas.

Marla dio un paso al frente.

—¿Está vivo?

Samuel levantó lentamente la vista.

—Sí...

Y acaba de pedir una reunión.

Dice que ya es hora de contarles toda la verdad.

Continuará...




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