Capítulo 30
La monja que conocía su pasado
El silencio envolvió la antigua capilla.
Marla permanecía inmóvil frente a la anciana.
—¿Cómo me llamó...? —preguntó con la voz temblorosa.
La mujer dio un paso al frente.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Lucía.
Ese fue el nombre que escuché la primera vez que te vi.
Marla sintió un vacío en el pecho.
Miró a Adrián, buscando respuestas.
Pero él estaba tan desconcertado como ella.
Samuel rompió el silencio.
—¿Quién es usted?
La anciana inclinó ligeramente la cabeza.
—Me llamo Sor Helena.
Hace veintidós años vivía en este monasterio.
Fui quien recibió a esa bebé.
Marla apretó con fuerza el medallón.
—La carta decía que alguien me dejó aquí...
¿Quién fue?
Sor Helena cerró los ojos por un instante.
—Una mujer muy joven.
Llegó antes del amanecer.
Llevaba a la niña entre sus brazos y no dejaba de llorar.
Me suplicó que la protegiera.
—¿Era... mi madre?
La religiosa respiró profundamente.
—Nunca me dijo su nombre.
Solo repetía una frase una y otra vez.
"Si ellos la encuentran, la matarán."
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Marla.
—¿Quiénes?
Sor Helena negó con tristeza.
—No lo sabía.
Y quizás era mejor no saberlo.
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La anciana caminó hasta un antiguo armario de madera.
Sacó una pequeña caja envuelta en una tela blanca.
La colocó frente a Marla.
—Esto también te pertenecía.
Marla levantó lentamente la tapa.
Dentro había un diminuto zapatito de bebé.
Una pulsera del hospital.
Y una fotografía.
La imagen mostraba a la misma mujer del medallón.
Esta vez sonreía mientras sostenía a una recién nacida.
En el reverso había una dedicatoria.
"Para mi pequeña Lucía. Perdóname por no poder quedarme contigo."
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Marla.
—Toda mi vida pensé que alguien me había abandonado...
Sor Helena tomó sus manos.
—No.
Esa mujer luchó hasta el último segundo por salvarte.
Renunció a verte crecer para darte una oportunidad de vivir.
Adrián observó la escena con el corazón encogido.
Solo quería abrazar a Marla y decirle que ya no estaba sola.
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De pronto, Samuel encontró un compartimiento oculto dentro de la caja.
Había un sobre muy pequeño.
Estaba sellado con cera roja.
En el frente solo podía leerse una frase.
"Entregar únicamente cuando Lucía cumpla veintidós años."
Marla respiró profundamente.
—Hoy tengo veintidós...
Sor Helena sonrió con tristeza.
—Entonces ha llegado el momento.
Marla abrió el sobre lentamente.
Dentro había una sola hoja.
La leyó en silencio.
Su expresión cambió por completo.
Las lágrimas desaparecieron.
Ahora había incredulidad.
Adrián dio un paso hacia ella.
—¿Qué dice?
Marla levantó la mirada.
Le costaba encontrar las palabras.
Finalmente habló.
—Dice que... mi madre sigue viva.
En ese mismo instante, el viejo campanario del monasterio comenzó a sonar.
Una.
Dos.
Tres campanadas.
Y, desde la entrada principal, una voz femenina rompió el silencio.
—Llegué demasiado tarde...
Los cuatro giraron al mismo tiempo.
Una mujer permanecía de pie bajo el arco de piedra.
Tenía el cabello oscuro, los ojos llenos de lágrimas...
Y llevaba colgado del cuello un medallón idéntico al de Marla.
Continuará...
Gracias por leer un capítulo más! 🥹❤️
Si llegaste hasta aquí, quiero darte las gracias de corazón. Esta es mi primera novela para un concurso y cada lectura, voto y comentario significa muchísimo para mí.
Cuéntame en los comentarios tu teoría: ¿Quién es la mujer que apareció al final? ¿De verdad es la madre de Marla o alguien está jugando con ella otra vez? 👀
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¡Nos vemos en el capítulo 31! ✨📖💕