Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

32

El medallón perdido

El polvo todavía flotaba en el aire.

Marla permanecía en el suelo, protegida por Adrián, mientras los últimos fragmentos de vidrio caían alrededor de ellos.

—¿Estás bien? —preguntó él.

Marla asintió, pero sus ojos buscaban desesperadamente a Elena.

—¡Mi madre!

Se levantó y corrió hacia la entrada.

No había nadie.

Solo el medallón plateado descansaba sobre las piedras.

Marla lo recogió con manos temblorosas.

—Estaba aquí...

—Lo sé —respondió Adrián.

Samuel se acercó a una de las ventanas rotas.

—No fue una explosión.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Marla.

Samuel señaló el suelo.

—Mira.

Había una pequeña cápsula metálica entre los escombros.

—Alguien lanzó esto desde afuera para crear una distracción.

Adrián comprendió inmediatamente.

—Querían llevársela.

Marla sintió que el pecho se le oprimía.

Después de veintidós años había encontrado a su madre...

Y la había perdido en cuestión de segundos.

—Tenemos que encontrarla.

Adrián la miró fijamente.

—La encontraremos.

Esta vez no voy a permitir que desaparezca.

Sor Helena permanecía junto al altar, todavía conmocionada.

Marla se acercó.

—Usted sabía que Elena vendría.

La anciana bajó la mirada.

—Sabía que algún día regresaría.

—¿Por qué no me dijo quién era?

—Porque necesitabas descubrirlo cuando estuvieras preparada.

Marla apretó el medallón.

—Ella dijo que alguien de la familia de Adrián intentó matarme.

Sor Helena permaneció en silencio.

Ese silencio fue suficiente.

Adrián se acercó.

—Sor Helena.

La mujer levantó la mirada.

—¿Quién fue?

La anciana respiró profundamente.

—No puedo decirte el nombre.

—¿Por qué?

—Porque hice una promesa.

—¿A quién?

Sor Helena miró hacia el medallón que Marla sostenía.

—A tu padre.

Adrián se quedó paralizado.

—¿Mi padre sabía que Marla estaba aquí?

—Eduardo fue quien me pidió que protegiera a la niña.

Marla abrió los ojos.

—¿Mi padre y Eduardo se conocían?

Sor Helena negó.

—No hablo de tu padre biológico.

Hablo del hombre que te crió.

Marla sintió un nudo en la garganta.

Hilda y Enrique habían sido sus padres.

Pero ahora descubría que Eduardo también había formado parte de aquel secreto.

¿Cómo podían estar conectadas todas esas personas?

Al caer la noche, Adrián recibió un mensaje.

Solo contenía una fotografía.

Era Elena.

Estaba sentada en una habitación desconocida.

No parecía herida.

Pero detrás de ella había una pared con una fecha escrita:

17 DE OCTUBRE DE 2004.

Debajo aparecía otra frase.

"La verdad comenzó aquí."

Adrián levantó lentamente la mirada hacia Marla.

—Tenemos que volver a la estación.

Marla frunció el ceño.

—¿Por qué?

Adrián amplió la fotografía.

En una esquina de la habitación aparecía un pequeño objeto.

Un casillero metálico.

Y sobre él...

El número 27.

Marla sintió un escalofrío.

El mismo número que los había llevado hasta aquella caja.

El mismo número que había aparecido una y otra vez.

—Nos está dejando pistas —susurró.

Adrián negó.

—No.

Nos están llevando exactamente donde quieren que vayamos.

Y esta vez...

Marla entendió que quizá la trampa no estaba esperándolos en la estación.

Quizá la trampa...

era la estación misma.




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