Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

33

La estación 27

La decisión estaba tomada.

Volverían a la estación.

Pero esta vez no entrarían sin un plan.

Durante el trayecto, Marla permaneció en silencio mirando por la ventana.

Tenía el medallón de Elena entre las manos.

No podía dejar de pensar en ella.

Su madre estaba viva.

Después de tantos años, finalmente la había encontrado.

Y alguien se la había arrebatado delante de sus ojos.

—¿Estás pensando en ella? —preguntó Adrián.

Marla asintió.

—Toda mi vida pensé que me había abandonado.

Hizo una pausa.

—Ahora sé que estaba intentando protegerme.

Adrián la observó por unos segundos.

—No tienes que perdonarla todavía.

Marla giró la cabeza.

—¿Por qué?

—Porque acabas de conocer la verdad. Tienes derecho a estar confundida, enojada... incluso a no saber qué sentir.

Ella sonrió débilmente.

—Siempre sabes qué decir.

—No siempre.

A veces solo digo lo primero que me viene a la cabeza.

Marla soltó una pequeña risa.

Por unos segundos, el miedo desapareció.

Pero ninguno de los dos sabía que aquella sería una de las últimas veces que podrían sentirse tranquilos.

La estación apareció entre la neblina.

Samuel estacionó el vehículo a varios metros de la entrada.

Esta vez llevaron linternas, cámaras y un pequeño dispositivo para detectar movimiento.

—Entramos, encontramos el casillero y salimos —dijo Samuel.

Adrián asintió.

—Y nadie se separa.

Marla sostuvo su mano.

Los tres caminaron hacia el interior.

La estación estaba completamente vacía.

Demasiado vacía.

Llegaron al pasillo de los casilleros.

El número 27 seguía allí.

Pero había algo diferente.

La puerta estaba abierta.

Marla se acercó lentamente.

—Nos están esperando.

Dentro del casillero había una caja negra.

Adrián levantó la mano para detenerla.

—No la toques.

Samuel examinó el interior.

—No veo cables.

Adrián tomó la caja con cuidado.

La abrió.

Dentro había un teléfono antiguo.

La pantalla se encendió inmediatamente.

Una videollamada entrante.

Número desconocido.

Adrián contestó.

La pantalla mostró un lugar oscuro.

Después apareció Elena.

Marla sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—¡Mamá!

Elena levantó la mirada.

—Marla...

Su voz estaba temblando.

—Escúchame. No confíes en nadie.

—¿Dónde estás?

—No tengo mucho tiempo.

Elena miró hacia un lado.

Parecía escuchar pasos.

—La persona que está detrás de todo esto...

Marla contuvo la respiración.

—¿Quién es?

Elena acercó el rostro a la cámara.

—Está más cerca de ti de lo que imaginas.

La llamada comenzó a cortarse.

—¡Mamá! ¡No cuelgues!

La imagen se congeló.

Después apareció una última frase en la pantalla.

"Mira detrás de ti."

Marla sintió que el corazón se le detenía.

Muy lentamente...

Giró la cabeza.

Al otro extremo del pasillo había una silueta.

Un hombre.

Inmóvil.

Observándolos.

Adrián se colocó delante de Marla.

—¿Quién eres?

El desconocido dio un paso hacia ellos.

La luz de la linterna iluminó parcialmente su rostro.

Marla abrió los ojos con incredulidad.

Porque conocía aquel rostro.

Lo había visto antes.

Y lo último que esperaba era encontrarlo allí.

—No puede ser...




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