Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

34

El hombre de la estación

Marla dejó de respirar por un instante.

La silueta permanecía inmóvil al final del pasillo.

La luz de la linterna finalmente iluminó su rostro.

—No... —susurró ella.

Adrián se giró hacia Marla.

—¿Lo conoces?

Ella no podía responder.

Aquel hombre había aparecido en su vida mucho antes de Adrián.

Mucho antes de los mensajes.

Mucho antes de descubrir el secreto de su nacimiento.

Era Samuel.

Pero no el Samuel que estaba a su lado.

El hombre frente a ellos tenía exactamente el mismo rostro.

Marla retrocedió.

—¿Quién... eres?

El desconocido sonrió.

—Esa es una pregunta que llevo años esperando escuchar.

Samuel dio un paso hacia él.

—¿Quién eres?

El hombre lo miró directamente.

—Tu hermano.

Samuel quedó completamente paralizado.

—Eso es imposible.

—Eso mismo dijo tu padre cuando descubrió que yo existía.

Marla sintió que la cabeza le daba vueltas.

—¿Entonces tú también conoces a mi madre?

El hombre asintió.

—La conozco.

Y sé dónde está.

Adrián dio un paso adelante.

—¿Dónde?

El desconocido levantó lentamente una mano.

—Antes de responder, necesito que me entregues el teléfono.

—Ni hablar —respondió Adrián.

El hombre sonrió.

—Entonces Elena morirá.

Marla sintió que el miedo le atravesaba el cuerpo.

—No.

Adrián la miró.

—Marla, no sabemos si está diciendo la verdad.

—Pero tampoco sabemos si está mintiendo.

Ella tomó el teléfono y dio un paso hacia el desconocido.

Adrián intentó detenerla.

—No.

Marla lo miró directamente.

—Si existe una posibilidad de salvarla, tengo que intentarlo.

El desconocido extendió la mano.

Cuando Marla estuvo a punto de entregarle el teléfono...

Un disparo resonó en la estación.

El hombre cayó al suelo.

Marla gritó.

Adrián la tomó entre sus brazos y la apartó.

Samuel sacó su arma.

—¡Todos al suelo!

Un segundo disparo atravesó la pared.

El desconocido desapareció entre las sombras.

—¡Se escapó! —gritó Samuel.

Adrián miró hacia el extremo del pasillo.

—No.

No escapó.

Alguien lo estaba ayudando.

Marla sintió que algo no encajaba.

Entonces vio el suelo.

Había sangre.

Pero también había algo más.

Una pequeña fotografía.

La recogió con manos temblorosas.

Era una imagen antigua de su madre.

En el reverso había una fecha.

17 de octubre de 2004.

Y debajo, una frase que hizo que el corazón de Marla se detuviera:

"Ese día no nació una niña."

"Ese día desapareció una identidad."

Marla levantó lentamente la mirada.

Por primera vez comprendió que quizá nunca había estado intentando descubrir quién era.

Había estado intentando descubrir...

quién habían decidido que fuera.




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