El documento de Eduardo
—¿Su sentencia? —repitió Marla.
Alejandro permaneció frente a ellos con una tranquilidad que resultaba casi aterradora.
—Eduardo firmó un acuerdo que cambió sus vidas para siempre.
Adrián dio un paso adelante.
—¡Deja de hablar en acertijos!
Alejandro sonrió.
—Siempre tuviste el mismo carácter que tu padre.
—No vuelvas a mencionar a mi padre.
—Entonces será mejor que leas lo que él mismo escribió.
La pantalla cambió.
Apareció un documento antiguo.
En la parte superior podía leerse:
ACUERDO DE PROTECCIÓN — 17 DE OCTUBRE DE 2004
Marla sintió un nudo en el estómago.
—¿Qué significa eso?
Alejandro señaló la pantalla.
—Tu madre sabía que alguien quería quedarse con sus hijos.
—¿Quién?
—Una persona con suficiente poder para hacer desaparecer cualquier registro.
Samuel se acercó a la pantalla.
—¿Y qué tiene que ver Eduardo?
Alejandro lo miró.
—Eduardo decidió proteger a uno de ustedes.
Marla sintió que el corazón se le detenía.
—¿A uno?
—Solo podía salvar a uno sin levantar sospechas.
Samuel apretó los puños.
—¿Cuál?
Alejandro no respondió.
En lugar de eso, reprodujo una grabación.
La voz de Eduardo llenó la fábrica.
—Si estás escuchando esto, significa que no pude cumplir mi promesa.
La grabación continuó.
—Elena me pidió que protegiera a sus hijos. No podía salvarlos a ambos. Si los dos desaparecían del hospital, levantarían sospechas.
Marla comenzó a llorar.
—No...
—Por eso tuve que tomar una decisión.
La voz de Eduardo se quebró.
—Uno de los niños debía abandonar el hospital con una nueva identidad.
El otro...
Debía desaparecer de los registros.
Samuel cerró los ojos.
—Dios mío...
Marla miró a Alejandro.
—¿Quién desapareció?
Alejandro finalmente respondió.
—Tú.
El mundo pareció detenerse.
Marla retrocedió.
—¿Yo?
—Tu nombre fue borrado.
Tus documentos fueron cambiados.
Y Elena creyó durante años que estabas protegida.
Adrián se acercó a Marla.
—Pero ella te encontró.
Alejandro asintió.
—Porque nunca dejó de buscarte.
Marla se limpió las lágrimas.
—Entonces, ¿por qué me ocultaron que Samuel existía?
Alejandro bajó la mirada.
—Porque alguien descubrió que los gemelos seguían vivos.
Y comenzó a buscarlos.
Samuel dio un paso adelante.
—¿Quién?
Alejandro no contestó.
En ese momento, todas las luces se apagaron.
Un ruido metálico resonó detrás de ellos.
Después se escuchó el sonido de una puerta abriéndose.
Una voz femenina apareció desde la oscuridad.
—Yo puedo responder esa pregunta.
Marla reconoció aquella voz inmediatamente.
—¿Mamá?
Las luces volvieron a encenderse.
Elena estaba allí.
Pero esta vez no estaba sola.
A su lado había un hombre.
Marla lo reconoció por la fotografía.
El hombre que todos creían muerto.
Alejandro no era quien había secuestrado a Elena.
Él también estaba huyendo.
Y el verdadero responsable acababa de entrar en la habitación.
Elena miró a Marla con lágrimas en los ojos.
—Hija...
Lo siento.
Pero hay algo que nunca te conté.
Tu padre biológico sigue vivo.
Continuará...