El hombre detrás de la puerta
La puerta terminó de abrirse.
Marla permaneció inmóvil.
El hombre que estaba al otro lado no dijo nada durante varios segundos.
Solo la miró.
Como si quisiera memorizar cada detalle de su rostro.
Marla sintió que algo dentro de ella se quebraba.
Había imaginado aquel momento cientos de veces sin saber siquiera que lo estaba esperando.
—¿Quién eres? —preguntó finalmente.
El hombre tragó saliva.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Soy Daniel.
Elena cerró los ojos.
Adrián se colocó discretamente junto a Marla.
Pero ella no se movió.
Daniel dio un paso hacia ella.
—Sé que no tienes ninguna razón para creerme.
Marla soltó una risa amarga.
—Después de todo lo que he descubierto... ya no sé qué creer.
Daniel bajó la mirada.
—Lo entiendo.
—Entonces dime algo.
Marla levantó el medallón.
—¿Por qué nunca me buscaste?
El rostro de Daniel cambió.
—Te busqué todos los días.
—Pero nunca viniste.
—Porque me hicieron creer que estabas muerta.
Marla quedó paralizada.
—¿Qué?
Daniel respiró profundamente.
—El día que naciste, me dijeron que tú y tu hermano habían muerto.
Samuel dio un paso adelante.
—¿Quién te lo dijo?
Daniel lo miró.
—Eduardo Valverde.
Adrián palideció.
—Mi padre...
—Tu padre no quería hacerte daño —dijo Daniel—. Estaba intentando protegerte.
Marla negó con la cabeza.
—Todos dicen lo mismo.
Todos aseguran que estaban protegiéndome.
Pero alguien decidió borrar mi identidad.
Alguien decidió separarme de mi hermano.
Alguien hizo que mi madre desapareciera.
Su voz se quebró.
—¿Y todavía quieres que crea que todo fue por mi bien?
Daniel no respondió inmediatamente.
Después se acercó a una pequeña mesa y dejó una carpeta.
—No.
Quiero que leas esto.
Marla abrió la carpeta.
Dentro había documentos, fotografías y cartas.
Pero una de ellas llamó inmediatamente su atención.
La letra era de Elena.
La abrió.
Daniel:
Si algún día conseguimos escapar, prométeme que buscarás a nuestros hijos.
Pero si no podemos salvarlos a los dos, salva a Lucía.
Ella es la que corre mayor peligro.
Marla sintió que las lágrimas descendían por sus mejillas.
—¿Por qué yo?
Daniel la miró.
—Porque tú no eras solamente mi hija.
Marla levantó lentamente la mirada.
—¿Qué significa eso?
Daniel señaló la última página de la carpeta.
Había un documento con varios nombres.
Uno de ellos estaba marcado en rojo.
LUCÍA MONTENEGRO.
Debajo aparecía una descripción.
"Heredera legítima."
Marla frunció el ceño.
—¿Heredera de qué?
Daniel no respondió.
Fue Elena quien habló.
—De algo que tu abuelo construyó antes de morir.
Adrián tomó el documento.
—¿Una empresa?
Daniel negó.
—Mucho más que eso.
Marla sintió un escalofrío.
—Entonces dime qué soy.
Daniel sostuvo su mirada.
—Eres la única persona que puede reclamar aquello que durante veintidós años alguien ha intentado robar.
En ese instante, un automóvil frenó bruscamente frente a la casa.
Samuel corrió hacia la ventana.
Su rostro perdió el color.
—Tenemos compañía.
Adrián se acercó.
—¿Quiénes?
Samuel miró hacia la calle.
Había varios vehículos negros.
Pero esta vez no eran desconocidos.
En la puerta del primer automóvil apareció un hombre.
Marla lo reconoció inmediatamente.
Era alguien en quien había confiado durante toda su vida.
Y ahora comprendía que quizá nunca había estado de su lado.
Continuará...