La hermana que nadie conocía
—Tu hermana.
Las dos palabras quedaron suspendidas en el aire.
Marla miró a Elena.
Su madre había dejado de llorar.
Ahora simplemente la observaba.
Como si hubiera esperado ese momento durante veintidós años.
—Mamá... —susurró Marla—. ¿Es verdad?
Elena cerró los ojos.
—Sí.
Marla sintió que algo se rompía dentro de ella.
—¿Tengo una hermana?
Alejandro sonrió.
—Tienes una hermana que fue separada de ti la misma noche en que tú desapareciste.
—¿Dónde está?
—Eso es lo que vamos a descubrir.
Marla miró a Elena.
—Tú lo sabías.
—No tenía elección.
—¡Siempre dicen lo mismo!
Marla dio un paso hacia ella.
—¡Todos tenían una razón! ¡Todos tenían secretos! ¡Y mientras ustedes decidían qué debía saber, yo vivía sin entender por qué mi vida nunca parecía pertenecerme!
Elena comenzó a llorar.
—Perdóname.
—Quiero la verdad.
Alejandro intervino.
—La verdad es que tu hermana fue entregada a otra familia.
Marla se quedó inmóvil.
—¿Por qué?
—Porque aquella noche había dos bebés.
Silencio.
Marla negó lentamente.
—No.
—Sí.
—Yo no tenía una hermana gemela.
Elena levantó la mirada.
—No era tu gemela.
Marla sintió un escalofrío.
—Entonces...
—Nació unas horas después que tú.
Marla miró a Elena.
—¿Y dónde está ahora?
Alejandro respondió:
—Eso depende de si todavía está viva.
La puerta se abrió violentamente.
Adrián entró acompañado por Héctor.
—¡Aléjate de ella!
Alejandro levantó las manos.
—Tranquilo.
Adrián se colocó delante de Marla.
—¿Estás bien?
Marla asintió, aunque estaba temblando.
—Mi madre...
Adrián miró a Elena.
—La sacaremos de aquí.
Alejandro soltó una pequeña risa.
—Qué romántico.
Adrián lo miró con desprecio.
—No sabes con quién estás jugando.
—Al contrario.
Alejandro señaló a Marla.
—Sé exactamente quién es ella.
Y sé exactamente cuánto estás dispuesto a perder por ella.
Adrián apretó la mandíbula.
—No la uses para tus juegos.
—No necesito hacerlo.
Alejandro sacó un sobre.
—Ella ya tiene suficientes enemigos.
Se lo lanzó a Marla.
Ella lo recogió.
Dentro había una fotografía.
Una joven.
Aproximadamente de su edad.
Cabello oscuro.
Ojos parecidos a los de Elena.
Marla observó la fotografía durante varios segundos.
Había algo familiar en aquel rostro.
—¿Quién es?
Alejandro respondió:
—Tu hermana.
Debajo de la fotografía había un nombre.
Isabella Montenegro.
Marla lo leyó una y otra vez.
—Isabella...
Elena comenzó a llorar.
—Su nombre era Isabel cuando nació.
—¿Por qué lo cambiaron?
—Para protegerla.
Marla apretó la fotografía.
—¿Dónde está?
Alejandro se acercó.
—En República Dominicana.
Marla levantó la mirada.
—¿Aquí?
—Siempre estuvo aquí.
Marla sintió un escalofrío.
—¿Entonces por qué nunca la encontramos?
Alejandro sonrió.
—Porque nadie estaba buscando a la persona correcta.
En ese momento, el teléfono de Adrián vibró.
Era un mensaje de Samuel.
«Encontré algo. Tienen que verlo.»
Adrián abrió la fotografía que Samuel había enviado.
Era un documento antiguo.
Marla se acercó.
—¿Qué es?
Adrián amplió la imagen.
Era un registro de nacimiento.
Dos nombres aparecían uno debajo del otro.
Lucía Montenegro.
Isabel Montenegro.
Marla sintió que las piernas le fallaban.
—Es real.
Elena asintió.
—Sí.
—¿Quién se quedó con ella?
Elena miró a Alejandro.
—No lo sé.
Marla se volvió hacia él.
—Tú dijiste que sabías dónde estaba.