CAPÍTULO 52
Un nuevo comienzo
La mañana llegó más tranquila de lo que Marla esperaba.
Por primera vez en mucho tiempo, despertó sin la sensación de que algo terrible estaba a punto de suceder.
Se quedó unos segundos mirando el techo.
Había sobrevivido a secretos, mentiras, pérdidas y verdades que habían cambiado completamente su vida.
Y, aun así, seguía allí.
Sonrió.
Su teléfono vibró.
Adrián: Buenos días, esposa.
Marla soltó una pequeña risa.
Marla: ¿Esposa? ¿No se supone que nuestro contrato terminó?
La respuesta llegó inmediatamente.
Adrián: El contrato terminó. Mis ganas de llamarte esposa, no.
Marla negó con la cabeza, sonriendo.
—Qué hombre...
Se levantó.
Cuando salió de la habitación, encontró a Isabella y Samuel discutiendo frente a la cocina.
—¡Te dije que esa taza era mía! —protestó Isabella.
—No tiene tu nombre.
—Porque yo sé cuál es.
Marla se quedó observándolos.
Samuel la vio.
—Dile algo.
—¿Sobre qué?
—Tu nueva hermana está robándome mis cosas.
Isabella cruzó los brazos.
—Nuestra hermana.
Samuel la miró.
—¿Ya somos posesivos?
—Un poco.
Marla comenzó a reír.
—Dios mío. Llevo menos de veinticuatro horas con ustedes y ya estoy cansada.
—Te vas a acostumbrar —dijo Isabella.
Y Marla pensó que, por primera vez, quería acostumbrarse.
Daniel seguía recuperándose.
Los médicos habían dicho que necesitaba tiempo, pero su estado era estable.
Marla entró a su habitación.
—Buenos días.
Daniel abrió los ojos.
—Buenos días, hija.
Marla sonrió.
—¿Cómo te sientes?
—Como si me hubieran atropellado.
Ella soltó una carcajada.
—Eso significa que estás mejor.
Daniel la observó.
—¿Encontraste a tu hermana?
—Sí.
—¿Y tu madre?
—También.
Daniel sonrió.
—Entonces valió la pena sobrevivir.
Marla tomó su mano.
—No vuelvas a hacerme pasar por eso.
—Intentaré no hacerlo.
—No es una petición.
Daniel rió.
—Entendido.
Marla se sentó junto a él.
—Papá...
—¿Sí?
—Quiero preguntarte algo.
—Lo que quieras.
—¿Por qué elegiste a Adrián?
Daniel guardó silencio unos segundos.
—Porque sabía que podía protegerte.
—¿Solo por eso?
Daniel sonrió.
—Al principio.
—¿Y después?
—Después vi cómo te miraba.
Marla bajó la mirada.
—¿Cómo?
—Como si ya fueras importante antes de saber por qué.
Ella sonrió.
—Lo amo.
Daniel apretó su mano.
—Lo sé.
Aquella tarde, Marla regresó a casa.
Adrián la esperaba en el jardín.
Llevaba una camisa blanca y tenía las manos en los bolsillos.
—¿Cómo está tu padre?
—Mejor.
—Me alegro.
Marla caminó hasta él.
—¿Y tú?
—Ahora mejor.
—¿Por qué?
—Porque estás aquí.
Marla sonrió.
—Eres demasiado romántico últimamente.
—Estoy practicando.
—¿Para qué?
Adrián se acercó.
—Para lo que viene.
Marla levantó una ceja.
—¿Qué viene?
Él sacó una pequeña caja.
Marla se quedó inmóvil.
—Adrián...
—No es lo que estás pensando.
Abrió la caja.
Dentro había una llave.
—¿Qué es?
—Nuestra casa.
Marla abrió los ojos.
—¿Nuestra?
—Sí.
—¿Compraste una casa?
—La compré hace tiempo.
Marla lo miró sorprendida.
—¿Y por qué nunca me dijiste?
—Porque quería que fuera una elección.
Ella tomó la llave.
—¿Una elección?
—Sí.
Adrián sostuvo su mirada.
—Ya no tenemos un contrato que nos obligue a estar juntos.
Así que quiero preguntarte algo.
Marla sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
—¿Qué?