Mi esposo por contrato… hasta que dejó de fingir

55

CAPÍTULO 55

Esta vez, por amor

Marla despertó temprano.

Había algo diferente aquella mañana.

No había miedo.

No había secretos esperando ser descubiertos.

Solo una sensación extraña de felicidad.

Miró el medallón que Gabriel les había entregado la noche anterior y sonrió.

Isabella.

Su hermana.

Después miró el anillo que llevaba en el dedo.

Adrián.

Su esposo.

Su futuro.

—¿En qué piensas? —preguntó él desde la cama.

Marla se giró.

—En que mi vida cambió demasiado rápido.

Adrián sonrió.

—¿Te arrepientes?

—Ni un poquito.

Él la atrajo hacia sí.

—Entonces quédate conmigo.

Marla apoyó la cabeza sobre su pecho.

—Siempre que tú te quedes conmigo.

—Trato hecho.

La organización de la boda comenzó oficialmente.

Isabella apareció en la casa con una carpeta enorme.

—Tenemos trabajo.

Marla la miró sorprendida.

—¿Todo eso es para una boda?

—Para tu boda.

—Tengo miedo.

—Deberías.

Samuel entró detrás de ella.

—Yo solo quiero saber cuándo es la comida.

Isabella le lanzó una almohada.

—¡Fuera!

—¿Por qué?

—Porque estás arruinando el momento.

Marla comenzó a reír.

—No cambies nunca.

Samuel sonrió.

—Eso es imposible. Ahora tengo dos hermanas que me vigilan.

Aquella tarde, Marla se probó el vestido.

Era sencillo.

Elegante.

Perfecto.

Cuando salió del vestidor, Elena se quedó sin palabras.

Isabella abrió los ojos.

—Marla...

Marla bajó la mirada.

—¿Es demasiado?

Elena se acercó lentamente.

—No.

Le acarició el rostro.

—Es exactamente como te imaginaba.

Marla sintió un nudo en la garganta.

—¿Me imaginabas casándome?

Elena sonrió entre lágrimas.

—Desde que naciste.

Marla la abrazó.

—Te quiero, mamá.

—Y yo a ti.

Isabella se acercó.

—¿Puedo abrazarlas también?

Las tres terminaron abrazadas.

Por la noche, Adrián esperaba afuera.

Cuando Marla salió, él se quedó mirándola.

—¿Qué?

—Nada.

—Estás mirándome raro.

—Estoy intentando recordar cómo respirar.

Marla soltó una carcajada.

—Exagerado.

Adrián se acercó.

—No.

Te ves hermosa.

Ella sonrió.

—Todavía no es la boda.

—Para mí ya lo es.

Marla levantó una ceja.

—¿Por qué?

Adrián tomó su mano.

—Porque esta vez te estoy viendo caminar hacia mí porque tú quieres.

Marla sintió que el corazón se le aceleraba.

—Y yo te estoy eligiendo.

Adrián la besó.

Un beso lento.

Suave.

Lleno de todo lo que no habían podido decir durante meses.

Los días pasaron rápidamente.

La familia estaba ocupada con los preparativos.

Daniel finalmente había recibido el alta médica.

Samuel había dejado de discutir con Isabella durante al menos dos horas.

Elena estaba recuperando su alegría.

Y Marla...

Marla estaba feliz.

Una felicidad que todavía le parecía demasiado buena para ser real.

Una noche, ella y Adrián estaban solos.

—¿Tienes miedo? —preguntó él.

—Un poco.

—¿De la boda?

Marla negó.

—De perder esto.

Adrián la abrazó.

—No tienes que vivir esperando perder las cosas buenas.

Ella cerró los ojos.

—Estoy aprendiendo.

—Entonces aprende conmigo.

Marla levantó la mirada.

—¿Qué quieres decir?

Adrián tomó su mano.

—Que quiero pasar el resto de mi vida aprendiendo contigo.

Ella sonrió.

—Eso suena como una promesa.

—Lo es.

—Entonces yo también prometo algo.

—¿Qué?

Marla se acercó.

—No volveré a huir cuando tenga miedo.

Adrián besó su frente.

—Y yo prometo no volver a decidir por ti.




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