CAPÍTULO 58
El viaje que lo cambió todo
La mañana comenzó con una pregunta inesperada.
—¿Estás segura de que quieres irte hoy? —preguntó Isabella mientras ayudaba a Marla con las maletas.
—Completamente.
—¿Y cuánto tiempo?
Marla miró a Adrián, que estaba intentando cerrar una maleta demasiado llena.
—No lo sabemos.
Isabella sonrió.
—Entonces supongo que tendré que aprender a extrañarte.
Marla dejó lo que estaba haciendo y la abrazó.
—No te preocupes. Te llamaré todos los días.
—Más te vale.
Samuel apareció en la puerta.
—¿Ya se van?
—Sí.
—¿Y me van a traer algo?
Isabella puso los ojos en blanco.
—Ni siquiera han salido y ya estás pidiendo regalos.
—Es mi derecho como hermano.
Marla se rio.
—Te traeremos algo.
—Perfecto. Ahora sí pueden irse.
Antes de salir, Marla se despidió de Elena y Daniel.
Su madre la abrazó durante varios segundos.
—Disfruta.
—Lo haré.
—Y no pienses demasiado.
Marla sonrió.
—Eso no puedo prometerlo.
Daniel se acercó.
—Solo recuerda una cosa.
—¿Qué?
—No necesitas tener toda tu vida resuelta para ser feliz.
Marla asintió.
—Gracias, papá.
Finalmente, subió al automóvil junto a Adrián.
Miró por la ventana mientras la casa se alejaba.
No sabía exactamente qué encontraría en aquel viaje.
Pero sabía algo.
No estaba escapando.
Esta vez estaba viajando hacia algo.
Horas después llegaron al aeropuerto.
Marla miró el tablero de vuelos.
—¿A dónde vamos primero?
Adrián sonrió.
—Es una sorpresa.
—¿Adrián?
—Confía en mí.
—Después de todo lo que hemos vivido, esa frase me da miedo.
Él soltó una carcajada.
—Prometo que esta vez no hay secretos.
Marla entrecerró los ojos.
—Eso espero.
Subieron al avión.
Cuando el avión despegó, Marla tomó la mano de Adrián.
—¿Sabes qué siento?
—¿Qué?
—Libertad.
Él besó su mano.
—Te la mereces.
Después de varias horas, aterrizaron.
Marla miró por la ventana.
Sus ojos se abrieron.
—¿Estamos en...?
Adrián sonrió.
—Sí.
—¡No puede ser!
Ella bajó del avión casi corriendo.
Frente a ella estaba el lugar que durante años había soñado visitar.
Marla giró sobre sí misma.
—¡Lo hiciste!
Adrián se acercó.
—Dijiste que querías conocer el mundo.
—Pero no pensé que empezaríamos por aquí.
—Quería que tu primer viaje después de todo lo que ocurrió fuera especial.
Marla lo abrazó.
—Gracias.
—No me agradezcas todavía.
—¿Por qué?
Adrián señaló hacia la salida.
—Tenemos una reserva.
Marla sonrió.
—¿En un hotel?
—Por supuesto.
La habitación tenía una enorme ventana con una vista impresionante.
Marla dejó las maletas y se acercó al cristal.
—Es precioso.
Adrián se colocó detrás de ella.
—¿Te gusta?
—Muchísimo.
Él la abrazó por la cintura.
Marla apoyó las manos sobre las suyas.
—Nunca pensé que tendría una vida así.
—Yo tampoco.
Ella se giró.
—¿Estás feliz?
—Más de lo que puedo explicar.
Marla sonrió.
—Yo también.
Se besaron.
Un beso lento.
Sin prisas.
Sin miedo.
Cuando se separaron, Marla apoyó la frente contra la de él.
—Quiero recordar este momento para siempre.
—Entonces hazlo.
Ella cerró los ojos.
Y durante unos segundos simplemente permanecieron abrazados.
Al día siguiente comenzaron a explorar.
Caminaron por las calles.
Probaron comida nueva.
Tomaron fotografías.
Marla compró pequeños recuerdos para Isabella y Samuel.
Adrián tomó una fotografía de ella cuando estaba distraída.
—¡Oye!
—¿Qué?
—¡Me estabas tomando una foto!