CAPÍTULO 59
Un sueño que comienza
La mañana siguiente encontró a Marla despierta antes que Adrián.
Se quedó mirando por la ventana.
El mundo parecía enorme desde allí.
Y, por primera vez, ella sentía que también tenía un lugar dentro de él.
Abrió su libreta.
Había escrito muchas cosas durante los últimos días.
Pero aquella mañana añadió una nueva frase:
«Quiero construir algo que sea solamente mío.»
—¿Ya estás escribiendo? —preguntó Adrián detrás de ella.
Marla sonrió.
—Se me ocurrió una idea.
—Eso puede ser peligroso.
—Muy gracioso.
Él se sentó junto a ella.
—Cuéntame.
Marla giró la libreta.
—Quiero crear un proyecto turístico.
Adrián la miró con atención.
—¿Para ayudarte a administrar la herencia?
—No.
Marla negó.
—Quiero hacerlo con mi propio esfuerzo. Quiero crear algo que ayude a las personas a descubrir lugares, experiencias y culturas.
—Entonces hazlo.
Marla lo miró.
—¿Así de fácil?
—No será fácil.
Adrián sonrió.
—Pero puedes hacerlo.
Ella volvió a mirar la página.
—Necesito un nombre.
—Eso podemos pensarlo juntos.
Durante horas caminaron por la ciudad hablando de ideas.
Marla anotaba todo.
Aplicación.
Hoteles.
Restaurantes.
Experiencias.
Destinos.
Recomendaciones.
Turismo sostenible.
—Quiero que la gente pueda llegar a un lugar y saber exactamente qué hacer —explicó.
—¿Y cómo lo harás?
—Con tecnología.
Adrián sonrió.
—Ya tienes el proyecto.
—Tengo una idea.
—Es el comienzo.
Marla se detuvo.
Miró alrededor.
Había turistas caminando, tomando fotografías y buscando lugares para visitar.
Entonces sonrió.
—Creo que encontré mi propósito.
Esa noche llamó a Isabella.
—Tengo una idea.
—¿Otra?
—Sí.
Marla le explicó el proyecto.
Isabella escuchó atentamente.
—Me encanta.
—¿De verdad?
—Sí.
—¿Crees que funcionará?
—Si alguien puede hacerlo, eres tú.
Marla sonrió.
—Quiero que formes parte.
Isabella se quedó en silencio.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Estás segura?
—Completamente.
Isabella comenzó a reír.
—Entonces tenemos trabajo.
Al día siguiente, Marla y Adrián regresaron al hotel después de recorrer varios lugares.
Sobre la mesa había folletos, fotografías y notas.
Marla estaba emocionada.
—Quiero que esto sea más que una empresa.
—¿Qué quieres que sea?
—Una forma de conectar a las personas con los lugares.
Adrián la observó.
—Entonces empieza.
Marla tomó su computadora.
Abrió un documento nuevo.
En la primera línea escribió:
PROYECTO TURÍSTICO
Se quedó mirando la pantalla.
—¿Y ahora?
Adrián se sentó junto a ella.
—Ahora escribes tu primera página.
Marla comenzó.
No sabía que aquel pequeño documento terminaría convirtiéndose en uno de los proyectos más importantes de su vida.
Pero esa misma noche, mientras Marla dormía, su teléfono recibió un correo.
Adrián lo vio por accidente.
El asunto decía:
«Propuesta de colaboración — Proyecto turístico.»
Lo abrió.
Era de una empresa internacional.
Querían reunirse con Marla.
Adrián sonrió.
—Parece que alguien ya escuchó hablar de tu idea.
No la despertó.
Cerró el teléfono y volvió a acostarse.
A la mañana siguiente se lo contó.
Marla abrió los ojos sorprendida.
—¿Una empresa internacional?
—Sí.
—¿Cómo saben de mi proyecto si apenas lo estoy comenzando?
Adrián la miró.
—Tal vez tu idea ya está llegando más lejos de lo que imaginas.
Marla sonrió.
Pero entonces vio la firma del correo.
Y su sonrisa desapareció.
La empresa pertenecía a alguien cuyo apellido conocía demasiado bien.
Montenegro.