Villiers Hall | Día 1 | 3:15 PM | POV: Ramiro Villiers (RY)
El tren huele a carbón, hollín y vías calientes. Y a ella.
A jazmín caro. El mismísimo perfume de la noche en que me rompió la vida.
De todos los vagones que vienen rumbo a General Roca, eligió sentarse justo al lado mío. Lleva puesto ese sombrerito lila con tres plumas que le regalé hace tres años, cuando yo todavía creía que el amor alcanzaba para llenar los bolsillos.
—Ramiro —murmura.
No me mira. Mantiene los ojos fijos en el paisaje seco que corre tras la ventana.
—Lucía.
Mi voz sale seca. No tiembla, aunque por dentro todo sea un terremoto. Pasé mil noches sin decir su nombre. Tres años rumiando aquella carta de dos líneas que encontré sobre mi cama vacía:
No puedo atarme a un hombre sin tierra, Ry. Perdóname. L.
Me dejó por no tener hectáreas. Y ahora vuelve para casarse con cinco mil de ellas. Vuelve para casarse con mi hermano.
Siento su aliento cálido en mi oído cuando se inclina, rompiendo toda distancia, para susurrarme su primera promesa:
—Bienvenido a casa, Ry. Ahora vas a ver lo que se siente mirarme todas las noches… y no poder tocarme.
Me obligo a sostenerle la mirada fría, tragándome la rabia. El freno del tren chilla contra las vías y la distracción llega justo a tiempo en el andén de General Roca.
Parada junto al cartel de madera agrietada que dice VILLIERS, hay una chica que no encaja en este desierto.
Lleva un vestido beige desgastado, el pelo castaño atado con una cinta humilde y unos ojos color miel cargados de un miedo eléctrico. No huele a perfume importado; huele a jabón de barra puro. Sostiene una valijita de madera apretada contra el pecho, como si fuera su único escudo contra el mundo.
Lucía la barre de arriba abajo con una mirada que corta como navaja.
—Tu madre tuvo la brillante idea de traer a una huérfana de la rama pobre de mi familia —suelta con absoluto desprecio—. Dice que es una parienta venida a menos para hacernos los caritativos. Yo digo que es una muerta de hambre que viene a cazar un marido con campo.
El carruaje negro nos espera afuera. El cochero me acomoda en el medio del asiento de cuero: mi pasado maldito a la izquierda y una extraña temblorosa a la derecha.
El viaje a la estancia es un infierno silencioso.
Lucía, con esos guantes blancos incapaces de mancharse con el barro del pueblo, estira la mano por debajo de la falda y me clava las uñas en el muslo. Es un dolor agudo, posesivo, desgarrador. Me va a dejar marca.
Del otro lado, Elisa mantiene sus manos desnudas apretadas sobre la tela basta de su ropa. El traqueteo del camino rural hace que nuestras pieles se rocen por accidente.
Piel con piel. Sin guantes de por medio.
Es una mano fría que tiembla, pero que no se aparta. En este pueblo de apariencias y apellidos, ese contacto es casi un pecado. Y me quema.
Llegamos a la entrada de la mansión. Mi hermano Esteban nos espera al pie de los escalones con un traje negro impecable y esa maldita mirada de dueño absoluto de todo lo que pisa.
—¡Hermanito! ¡Volviste! —grita con una alegría más falsa que sus promesas—. Justo a tiempo para ser mi padrino de bodas.
Lucía baja primero con la gracia de una reina y se cuelga de su brazo. Pero antes de dar el primer paso hacia Villiers Hall, se vuelve hacia mí.
Lo hace delante de mi propio hermano, inclinándose tanto que sus labios casi rozan mi oreja. Su voz es un veneno puro que solo yo puedo escuchar:
—Te lo dije en el tren, Ry. Vas a mirar y no vas a tocar. Y si se te ocurre ponerle un ojo encima a la muerta de hambre del vestido beige, te juro que te echo yo misma. Esta casa va a ser mía.
Esteban la guía por la puerta grande, bajo el brillo de la araña de cristal del recibidor.
Elisa, en cambio, camina sola cargando su valija hacia el lateral de la casa, directo a la puerta de servicio. Pero justo antes de cruzar el umbral, se frena. Se da la vuelta y me clava sus ojos color miel.
No hay lástima en su mirada. Hay una rabia idéntica a la mía. Un grito mudo: «Yo también sé lo que es que te dejen afuera».
Y ahí, mientras el viento de General Roca levanta el polvo, entiendo que esto no es un simple regreso a casa.
Esto es el inicio de una guerra, y yo quedé atrapado justo en la línea de fuego.
NOTA DEL AUTOR: ¡Arrancamos! 🔥 ¿De qué lado están en este primer capítulo? ¿Les dio ganas de darle un cachetazo a Lucía o le tienen fe? 🐍 ¿Qué opinan de Elisa? 👁️ ¡No olviden dejar su voto (⭐️) y comentar para saber si quieren el Cap 2 ya mismo!
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Editado: 18.10.2026