Mi hijo, el hijo del mar

Aparece el Príncipe

El niño miró el mar, y meditó un rato.

— Me demoraré, no te preocupes, todo saldrá bien... lo haré por ti, ellos no se merecen que salvé a su hijo.

— ¿Cómo? — lo siguió y vio como se lanzó al mar y desapareció — DAGAT...

Toda la noche Ina vigiló el mar, sentaba en la arena con una frazada en sus hombros. Ya cuando el sol empezó a verse en el horizonte, se había quedado dormida. Una mano mojada la remeció suave.

— Volví mamá, todos los niños están a salvo.

— ¿Qué hiciste mi amor?

— Nada de lo que debas preocuparte. Vamos a dormir, a ambos nos hace falta.

Tal como dijo el de los ojos aguamarina, Rubén volvió al otro día sano y salvo. Según explicó la policía una gran tormenta azotó a los criminales, rompió las velas y los mástiles, por lo que no pudieron escapar. Esa tarde en el pueblo el matrimonio y el pequeño salvado se encontraron con Ina y su hijo.

— ¿Cómo estas amigo? — Rubén abrazó a Dagat.

— Sabes que no puedes juntarte con éste.

— No les seguiré haciendo caso, sé que fueron a acusarlo de mi desaparición sólo por un rumor mal intencionado. Ni él ni su madre se lo merecen, si yo que soy un niño me doy cuenta porque ustedes no.

— Tienes razón — la mujer miró a su esposo y luego a la madre soltera — disculpa por todo.

Esa tarde los pequeños fueron a la casa de Ina, y jugaron en la playa hasta el anochecer, cuando ésta los fue a buscar para que se abrigaran, escuchó una curiosa conversación entre ellos.

— Gracias por ayudarme, Dagat.

— De nada, pero recuerda que prometiste no decir nada.

— Lo cumpliré, te di mi palabra, pero tienes que admitir que es increíble ver a alguien manejar el agua como lo hiciste tú, parecían manos de gigante los que rompieron los mástiles, por suerte solo yo te vi hacer esas cosas, te veías impresionante parado sobre el mar.

— Es que mamá estaba muy preocupada por ti, por como se portaron tus padres con nosotros yo sinceramente no había hecho nada.

— Lo entiendo, Ina es una buena persona, nunca diré a nadie lo que pasó en realidad ¿Por qué puedes hacer eso?

— No sé, desde que tengo memoria puedo manejar el agua así.

— De verdad, gracias por todo.

Dagat y Rubén al mismo tiempo se tomaron de la mano.

— Amigos para siempre — gritaron la mismo tiempo contentos.

Pasaron 10 años, el hijo de Ina ya era un joven, inteligente y fuerte, hace tiempo que trabajaba en un supermercado para ayudar con los gastos a su mamá. Durante unas semanas ésta lo notó melancólico.

— ¿Qué te pasa hijo? No me mientas cariño.

— Sabes que te quiero mucho.

— Lo sé, mi amor... te notó muy triste ¿Qué te pasa?

— Quiero saber quiénes son mis verdaderos padres, por qué puedo hacer cosas que los demás no, te prometí no preguntar más, pero necesito saber, no quiero que pienses que no te agradezco lo que hiciste por mí.

— No te quedes por eso, busca las respuestas que necesitas, te entiendo ¿A dónde irás?

— No lo sé, siento una voz que me llama, también veo algunos lugares en sueños, creo que es una visión de donde debo ir, pero... no quiero dejarte sola.

— Anda, sólo te pido que me vengas a ver cuándo puedas.

— Por supuesto, nunca te olvidaré mamá.

Luego de unos meses, un amanecer Dagat cumplió su palabra y volvió a verla.

— ¿Cómo te ha ido? Estas delgado ¿Has comido bien?

— Sí — la abrazó emocionado — por fin averigüé quien soy. Luego de dejarte, viaje por el mar hasta que la llamada se hizo más fuerte, hice una burbuja y baje lo más que pude, encontré una especie de base submarina, se veía una cúpula transparente en el fondo del mar, a través de ella vi personas, se llama Atlántida. Cuando me vieron llegar así salieron muchas naves a buscarme, me llevaron a un puerto, donde pude conversar con el gobernador — hizo una pausa, todavía lo abrumaba el cambio que había pasado en su vida en tan poco tiempo — al ver cómo puedo manejar el mar, me reconoció como su príncipe. Hace unos 20 años atrás los Reyes del Pueblo del Agua dejaban la Tierra luego de una visita a sus súbditos que viven acá. Una nave de un pueblo con el que están en guerra desde esos años los interceptó, mi padre murió, pero antes él hizo huir a mi madre en una pequeña cápsula, conmigo, iba mal herida, pensaban que todos habíamos muerto. Luego de conversar como me encontraste suponemos que la cápsula cayó en el mar frente a tu casa, con sus últimas energías la reina, mi otra madre, debe haber hecho que el agua me dejará en la playa — silencio — demoré en volver porque tuve que recuperar mi trono, el Regente no me quería reconocer como el legítimo sucesor — su mirada se volvió oscura.



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En el texto hay: amor complicado, misterios, muerte

Editado: 16.02.2020

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