Mi mejor decisión

Uno. ENEMISTAD.

Para la florista australiana, Alice White, residente en Polonia, era una mañana perfecta, no solo porque se sentía agradecida por un día más de vida, no solo era eso.

Alice tenía una cita con su mejor amigo Matt, quien la veía como algo más que una amiga, pero ella no se daba por enterada, mientras para ella ese día era especial y estaba ansiosa por verlo y revelarle una noticia que la tenía feliz, él también estaba feliz de saber que la vería, pero triste al saber que tal vez eso que tanto se temía, se haría realidad.

Alice dejó encargada a su única empleada femenina, de su floristería, se fue a casa y se puso linda, no tanto como lo hacía para verse con su novio. Christopher.

Alice se había subido a su auto y se dirigió al restaurante donde su amigo Matt, dueño de una prestigiosa cadena hostelera, la esperaba.

Ella lo vio cuando estaba entrando al restaurante y sonrió ampliamente, él devolvió la amena sonrisa.

—Hola Matt —saludó con un abrazo amistoso—, eres un exagerado Matt, pude haber ido a uno de tus hoteles.

—Hola Alice, de ninguna manera, no cuando llevamos tanto tiempo sin vernos, siempre es grato verte y compartir contigo un almuerzo.

—Si tú lo dices, Matt estoy tan feliz que no sé si esperar a almorzar o contarte de una vez.

Matt sonrió, le encantaba verla feliz, aunque no fuera a su lado, lo hacía feliz.

—No hemos ordenado, por lo que si deseas puedes contarme mientras esperamos —dijo ya presintiendo de que se trataba.

Alice agitó ambas manos de la felicidad, metió su mano a su bolso en busca de los exámenes de sangre que indicaban, tenía 3 meses de embarazo. Los consiguió y los arrastró por la mesa hasta dejarlos frente a Matt.

—¿Qué es esto? —preguntó presintiendo se trataba del documento que le permitiría la residencia permanente a su tía Abey.

—Estoy embarazada, Matt vas a ser tío.

Matt tragó grueso y la miró asombrado, él nunca había deseado ser el tío de los hijos de la mujer que amaba y que solo lo veía como un amigo, un buen amigo. Él había deseado ser el padre.

—¿Estás embarazada? — inquirió mirando los exámenes.

—Sí, Matt, estoy embarazada, Christopher y yo seremos padres.

Matt la miró y agachó el rostro.

—¿Que pasa Matt? No pareces estar feliz por mí, se supone que deberías estar sonriendo, vas a ser tío, Matt estoy embarazada.

—¿Él lo sabe? —preguntó rascándose la ceja al recordar el tipo de relación que el hombre, al que su amiga amaba, le ofrecía.

—No, aún no, pero lo he invitado a cenar esta noche, para darle la noticia.

—¿Por qué, Alice, por qué lo permitiste?

—¿Qué? ¿De qué hablas Matt?

—¿Por qué no te protegiste? Alice a ese tipo no le hará gracia que estés esperando un hijo suyo, eres su amante, su simple amante, la mujer a la que busca cuando se harta de su esposa.

Alice se quedó asombrada, Matt pretendía continuar y lo abofeteó.

—No tienes idea de lo que dices Matt, veo que me equivoqué al venir aquí, pensé que habías cambiado de opinión, te expliqué que su divorcio es complicado, que no tiene nada con su exesposa, lo mejor es que me vaya.

—Te miente, te engaña y como una tonta le crees, no va a divorciarse, eres solo placer para él, Alice no te quiere y tú, tú le has permitido usarte, no dejará a su esposa por ti, eso nunca lo hará.

Alice dejó escapar unas lágrimas, se puso de pies, recogió los exámenes, sacó unos cuántos zloty (PLN).

—Paga mi cuenta y disfruta de tu almuerzo.

—Alice espera, por favor no te vayas.

—No, no me toques Matt, no puedo creerlo, creí que eras mi amigo, no quiero volver a verte, creo que es mejor que le demos un tiempo a nuestra amistad.

—Por favor, Alice —pidió intentando detenerla—. Alice, solo intento abrirte los ojos.

Alice sacudió su brazo logrando zafarse de la mano de Matt, molesta, salió del restaurante, caminó hacia su coche, Matt pagó las órdenes, las cuales no consumirían y la siguió, no pudo alcanzarla.

«Creí que era mi amigo, creía que le importaba mi felicidad, pero solo está celoso de que alguien me ame, de que el este soltero, eso es, Christopher me ama, estará feliz de saber que seremos padres y dejará a su esposa, es ella quien no quiere firmar el divorcio, ella es la loca» pensó Alice negándose a creer lo que su amigo decía.

Alice se limpió las lágrimas y mientras conducía ignoraba las llamadas de su amigo Matt.

Alice era una joven independiente de 24 años que llevaba 7 años viviendo en Polonia, conoció a Matt cuando trabajó para él, terminaron siendo amigos, él le ayudó a emprender con su floristería, Matt amaba a Alice, pero nunca se atrevió a decirlo, especialmente cuando durante su servicio como recepcionista en uno de sus hoteles Alice conoció y se enamoró perdidamente de uno de los huéspedes, Christopher Fedoruk, un reconocido empresario y socialité.

Todo un playboy, a pesar de estar casado, siempre lograba salirse con las suyas a la hora de llevar a la mujer que deseara a su cama, prometía lo que tenía y lo que no, especialmente a las ingenuas como Alice, a las que lograba convencer de ser un hombre víctima de la locura de su esposa, la cual según sus estrategias, se negaba a darle el divorcio.

Alice había sido sin dudas su amorío más extenso, ella le proporcionaba todo lo que él deseaba, era tan hermosa como inocente, había perdido su inocencia con él, a pesar de que trató de conservarse hasta el matrimonio, aquel había logrado convencerla, prometiendo se casarían una vez dejara a su esposa.

Alice, a pesar de su independencia, se había dejado cegar por el amor que sentía por Christopher, negándose a ver que era vilmente usada, engañada. Era una de las tantas mujeres que el empresario usaba para satisfacer sus bajos deseos.

Un año y meses en los cuales Alice había tenido muchos problemas por la situación del hombre al que amaba, le había terminado un par de veces creyendo que la usaba, pero era astuto, logró convencerla y hacerle ver que iba en serio, ella dejó de darle importancia y empezó a esperar pacientemente, ignorando la realidad y consejos.




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