Mi otra yo

12-Un lunes muy lunes

Coral

Me desperté con el ruido de la alarma del celular. Lo silencié y me volví a echar sobre la cama. Tenía ganas de ir a la escuela, pero me daba bastante pereza levantarme de la cama. Con mucho esfuerzo y luego de unos minutos salí de mi cama y busqué mi ropa. Me puse la camisa, la pollera y me guardé la corbata en el bolso, para pedirle alguien que me enseñase a ponerla. Revisé mi mochila para corroborar que estuviese todo lo necesario y me faltaba la billetera. Traté de hacer memoria y la busqué en todos los bolsos posibles, sin dar con ella. Comenzaba a irritarme. Miré mi celular, 7:39, tenía que bajar desayunar. Tomé mis cosas y me dispuse a salir del cuarto cuando mi celular dio un aviso BATERÍA BAJA. Rodé los ojos y agarré el cargador de arriba del escritorio para poder por fin bajar a la cocina.

En cuanto llegué al refrigerador escuché que mi papá puso el auto en marcha.

—Vamos Coral. — dijo mi hermana pasando por mi lado en dirección a la puerta.

Agarré la gomita de pelo de mi muñeca y me hice una rápida cola de caballo. No me había maquillado, ni siquiera había podido lavar mi cara. Tomé un paquete de galletitas, me serví un vaso de jugo y lo volqué todo.

—Maldición.

Una vez con el trapo en la mano me puse a limpiar. Cuando terminé con el enchastre bebí lo poco que quedaba de jugo y guardé el paquete abierto de galletitas en mi bolso. Corrí hacia fuera, donde me esperaba mi padre y mi hermana.

Llegamos al instituto cuando sonó el timbre, así que literalmente corrí hacia el salón, llevándome puesto todo lo que se cruzó en mi camino. El profesor entró al salón y yo entré después que él. Era día de formar, así que dejé mis cosas donde pude y me dirigí al patio.

Mientras formábamos me empezó a picar la nariz. Revisé mis bolsillos y efectivamente mis pañuelitos no se encontraban allí. Miré para arriba un par de veces, como para que se me pasara. El director pasó al frente de los alumnos y empezó a hablar sobre los campamentos de esa semana. Nos tocaba el viernes, según había entendido. Cuando comenzó a hablar sobre lo que debíamos llevar estornude, una, dos, tres veces. La mitad de los alumnos se giraron a verme, y varios se rieron en silencio. De manera disimulada me fui al fondo de la fila y le pedí al profesor para ir al baño a por papel. Él me cedió el permiso y me dirigí a este con prisa.

La primera hora tuvimos historia, y el profesor había mandado a pedir una tarea, en la cual me había gastado la noche para terminarla. Me había dormido algo así de las tres de la mañana, para terminarlo de buena forma.  No lo pidió en toda la clase, y unos segundos antes de que tocara el timbre fui a preguntarle si lo entregábamos.

—No es necesario, pero si lo hiciste tráemelo, realmente no era tan importante.

Conté hasta quince mentalmente y le sonreí, fui hacia mi banco y saqué el trabajo de mi carpeta para entregárselo.

Una vez que tocó el timbre busqué mis galletitas en el bolsillo delantero. Abrí el cierre y miré el techo frustrada.

—¿Enserio? — susurré para mí misma.

—¿Qué pasa Coral? — preguntó Manu llegando por atrás.

—Tuve una mala mañana y se acaban de caer todas las galletas dentro de mi mochila, simplemente genial.

—¿Te ayudo a limpiar? — ofreció de forma dulce.

—Sí, gracias.

Sacamos las cosas del bolsillo y luego lo vaciamos en el tacho de basura. Estábamos solos en el aula.

—Gracias. — agradecí tomando nuevamente mi mochila.

—No es problema. — me dedicó una hermosa sonrisa—¿Estudiaste para geografía?

Maldita sea, me había olvidado por completo del oral de geografía. Por suerte no me tocaba hacer los afiches, solo me tocaba dar la introducción.

—Me súper olvidé. — dije con toda sinceridad. — Tengo las hojas en la carpeta, ahora me pongo a estudiar.

—De acuerdo, nos vemos.

Se fue del aula dejándome completamente sola. Abrí mi mochila, saqué una carpeta marrón de las largas y busqué la información que había resumido. Saqué todas las hojas y no la encontré. Decidí buscar en mi carpeta, quizá la había dejado allí sin querer.  La revise de delante a atrás y viceversa. Nada.

—Vamos, no me puede estar pasando esto.

Revolví todo, busqué en los lugares menos impensables, no estaba por ninguna parte. Tocó el timbre y me apresuré por buscar el tema en internet, para por lo menos tener una base. Mi celular se apagó. Lancé una maldición al aire y mis ojos se pusieron llorosos. La situación no podía estar peor. 

Comenzaron a entrar todos, y ese día el profesor llegó increíblemente temprano. Una vez que pasó lista nos hizo colocarnos frente a la clase y comenzar a dar el oral. Acomodamos los afiches, que debo aceptar estaban hermosos y prolijos, y luego nos pusimos uno al lado del otro.

—Empiecen por favor.

Mi grupo me miró y yo tomé una bocanada de aire. Me acordaba lo básico, y no era suficiente ni como para ocupar un minuto.

—Bueno. — comencé. — Nosotros hablaremos sobre las cosas que se prohibieron durante la dictadura en Argentina. Había un toque de queda, que impedía salir fuera de la casa luego de.— no recordaba la hora exacta.— luego de las 10:30 de la noche. Se prohibieron muchos libros y canciones, como María Elena Walsh, quien por cierto fue una excelente escritora para mi criterio, junto con los de otros artistas. Algunos de ellos se fueron del país. Principalmente se prohibieron las cosas que tocaban el tema o trataban sobre la libertad.

Me quedé callada y miré a Manuel en busca de ayuda. Me entendió y comenzó a dar su parte. Luego de unos diez minutos finalizamos con el oral y todos nos aplaudieron. Fuimos a la mesa del profesor y nos dio las notas. Me puso una B, y dijo que solo porque estaba siendo bueno, ya que había hecho súper poco.

El resto de las horas pasaron lentas y aburridas, Manuel casi no me hablaba, y estaba completamente en otra. No sabía si era yo, o si era él que me estaba evitando. Me sentía enojada y de mal humor, así que no había hecho más que contestar de la mejor manera posible y tratar de evadir el tema.




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