Samaira Dawson
Extraño ir al trabajo importante de mami.
Así puedo abrazarla. Mami cree que no me doy cuenta, pero a veces la veo solita y está triste. A veces sonríe menos. Tiene una cara como de necesitar un abrazo para siempre. Las cosas de los adultos son raras. Nosotros los niños, para ser felices solo necesitamos galletas, caricaturas y amor. Bueno, y también un poco de chocolate, eso no se puede quedar.
Espero que ya no esté triste ni llorando. Ojalá el hada de la felicidad le llueva encima de la cabeza. Así sigue demostrando que es la mejor en su trabajo importante. Muy importante. Por eso a veces la acompaño. Bueno, no ayudo mucho. La última vez me quedé dormidita.
Pero fue culpa del cansancio de jugar con el señor Mancha y mis muñecas. Me ganó. No es que sea perezosa. Aunque me gustan los perezosos. Son bonitos. Pero eso es otra cosa.
Veo las peras dibujadas en el cuaderno. Si tengo cinco peras y María me quita tres, me quedan dos. Eso es fácil. Pero si tengo ocho y me quita tres, me quedan cinco. Creo que lo estoy haciendo bien.
Quiero practicar las sumas para enseñárselas a mi amiguita Stacy. Uno aprende rápido cuando se esfuerza, como dice la maestra Agustina. Stacy va más despacito, pero no importa. Los amiguitos se ayudan. Mamá me enseñó a compartir.
Y bueno, supongo que lo que uno sabe también debe enseñarlo. Creo yo. Espero no ser una tortuga a la hora de explicar. Quiero que aprenda igual que yo. Le doy una mirada y veo que está abrazada a su muñeca. La maestra Agustina le permite traerla. Pongo una carita de cerdito recién nacido.
¿Será que hoy vino sin desayuno otra vez? Bueno, si tengo que darle el mío, se lo daré. A nuestra edad hay que alimentarse mucho.
La campana de recreo suena cuando terminó mi última tarea. Guardo todito. Corro a donde Stacy.
—Stacy, vámonos. Llegó la hora feliz —agarro su mano y comenzamos a salir al patio—. Mami hizo arrocito con alitas. Te va a gustar. ¿Desayunaste?
—No. Mi tía se fue temprano y no me dejó desayuno —dice bajito.
Me duele la barriga al verla tan tristona. ¿Por qué la tía de Stacy no la quiere? Mi amiguita no es mala. No la entiendo. Los niños merecemos cariñito.
Saco su parte y le doy bastante.
—Toma, come.
—Pero, Samaira, ¿y tú no vas a comer?
—Yo desayuné un desayuno riquísimo que hizo mi mami. Tú cómetelo todo.
Saco mi jugo de fresa de la mochila. Casi no tiene azúcar. Mami dice que hay que cuidarse de algo. Creo que es. Um... ¿Diate? No. ¿Diabetes? Sí. Eso.
Con mi amiguita ya comidita, dejó de estar tan tristona. Saco el cuaderno y empezamos a repasar.
Stacy hace muchas pausas quietecitas. Hace morisquetas. Se lleva la mano a la cabeza y se rasca. Tal vez puede ser que esté explicando mal.
—Lo siento, Samaira. Soy... soy muy lenta —se disculpa haciendo carita de borrego.
—No te pongas así, Stacy. No eres lenta. Recuerda que la maestra dice que todos tenemos diferentes maneras de aprenderm —pienso un momento antes de continuar—. ¿Te acuerdas cuando nos explicó que hay personas que se llenan con una manzana?
Ella asiente.
—Hay personas que se llenan con dos y otras con tres. Pues contigo pasa igual. Para aprender, tal vez tienes que llenarte varias veces —La veo fruncir la nariz—. Solo que en vez de comida, son matemáticas.
Una pequeña sonrisa aparece en su rostro.
—Despacito. Yo te voy a enseñar.
—Gracias.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
—¿Por qué tú eres buena conmigo? No eres como Owen —parpadeo.
No entiendo por qué habla así, como si las palabras le pesaran igual que rocas. Y bueno, Owen es ese niño de tercero que siempre la molesta. Tampoco entiendo por qué. No debería importarle que Stacy no tenga padres.
Él tampoco tiene mamá y nadie le anda diciendo nada. Es muy grosero. Qué bueno que hoy no vino.
Ojalá lo hayan dejado castigado. Aunque no me gusta desear cosas malas. Pero Owen es malo. Se porta mal y es grosero.
Dejo a mi amiguita tranquila con las tareas y nos vamos a jugar. Encontramos a unas niñas saltando la soga. Se las pedimos prestadas y nos las dejan. Jugamos hasta que suena la campana. Luego volvemos al salón. Hoy tocaba una de mis clases favoritas.
Ciencias. Nos iban a enseñar el ciclo del agua. ¡Genial!
A la hora de salida me senté en un banco a esperar a mi mamita. Al principio Stacy se quedó conmigo. Después vino su tía a buscarla. Es un milagro que esa señora con cara de bruja apareciera.
La observo tomarla de la mano y me entra una idea. ¿Será que podemos pedirle a mamá que la adopte? Así seríamos hermanitas.
¡Qué buena idea se me acaba de ocurrir! Aunque eso parece más difícil de lo que pensaba. No es tan fácil como en la película de Matilda. Algo se me ocurrirá. No me gusta verla con la sonrisa caída ni los ojos rojos.
Tampoco come bien.
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Editado: 30.06.2026