La oficina de Adrián olía a café recién hecho y a madera pulida.
Era una de esas oficinas minimalistas que parecían diseñadas para transmitir poder sin necesidad de decirlo en voz alta. Grandes ventanales dejaban ver la ciudad extendiéndose como un océano de edificios de cristal, mientras el sol de la tarde caía sobre el escritorio negro donde Adrián Valente estaba sentado revisando algunas notas.
En la pantalla de su tablet aparecían titulares.
Titulares que no dejaban de repetirse desde la entrevista.
"¿Quién es Clara Ríos, la misteriosa novia de Adrián Valente?"
"El cantante más influyente del momento se enamora de una chica común."
"La nueva relación de Adrián Valente sacude las redes."
Adrián suspiró.
Cerró la tablet.
Y se recostó en la silla.
-No me gusta nada de esto -murmuró.
En ese momento se abrió la puerta.
Entró Ernesto Calderón, su manager desde hacía más de ocho años. Era un hombre alto, de traje impecable y mirada calculadora. Tenía el tipo de expresión que siempre parecía estar analizando cómo convertir cualquier situación en publicidad.
-Pues deberías empezar a gustarte -dijo Ernesto cerrando la puerta-. Porque está funcionando.
Adrián levantó una ceja.
-¿Qué está funcionando?
Ernesto lanzó una carpeta sobre el escritorio.
-Esto.
Adrián la abrió.
Gráficas.
Estadísticas.
Reproducciones.
Interacciones.
-Desde que confirmaste tu relación con Clara Ríos -continuó Ernesto- tus números se dispararon.
Adrián frunció el ceño.
-No voy a convertir mi vida privada en una estrategia de marketing.
Ernesto soltó una pequeña risa.
-Adrián... eres un cantante internacional. Tu vida ya es marketing.
El silencio se instaló entre ambos.
Ernesto caminó hacia la ventana.
-Esta noche hay un evento importante.
Adrián no levantó la mirada.
-No voy.
-Sí vas.
Adrián levantó los ojos.
-No tengo tiempo para fiestas.
Ernesto se apoyó en el escritorio.
-No es una fiesta cualquiera.
Adrián esperó.
Ernesto sonrió.
-Es la gala previa al lanzamiento de tu nuevo álbum.
El silencio se volvió pesado.
Adrián sabía lo que eso significaba.
Su próximo disco estaba a punto de salir.
Después de dos años sin lanzar música.
Los medios estaban atentos.
El público también.
-Y quiero que lleves a Clara -añadió Ernesto.
Adrián lo miró con incredulidad.
-No.
-Adrián-
-No voy a usarla para atraer cámaras.
Ernesto suspiró.
-No se trata de usarla.
Se inclinó ligeramente hacia él.
-Se trata de mantenerte en la palestra.
Adrián apretó la mandíbula.
-No.
Pero Ernesto lo conocía demasiado bien.
-Tu álbum sale en tres semanas.
Silencio.
-Y los medios necesitan seguir hablando de ti.
Adrián cerró los ojos un segundo.
Sabía que Ernesto tenía razón.
Pero no le gustaba.
No le gustaba en absoluto.
-No quiero que ella se sienta utilizada.
Ernesto se encogió de hombros.
-Entonces no la utilices.
Solo llévala.
Dos horas después.
Clara Ríos estaba sentada frente al espejo de su pequeño apartamento.
La habitación era sencilla.
Una cama.
Una lámpara amarilla.
Un pequeño escritorio lleno de libros.
Nada que ver con el mundo brillante de Adrián.
Sostenía el teléfono entre las manos.
-No creo que sea buena idea.
Adrián estaba al otro lado de la línea.
-No tienes que ir si no quieres.
Clara suspiró.
-Es un evento lleno de famosos, Adrián.
-Sí.
-Actores, modelos, cantantes...
-Sí.
Clara se miró en el espejo.
-Yo no pertenezco a ese mundo.
Hubo un pequeño silencio.
Luego Adrián dijo algo que la hizo sonreír.
-Ese mundo tampoco pertenece a mí.
Clara soltó una pequeña risa.
-Eso es mentira.
-No lo es.
Su voz se volvió más suave.
-Solo quiero que estés conmigo esta noche.
Clara bajó la mirada.
Su corazón se apretó un poco.
-Está bien -susurró finalmente.
La gala se celebraba en el hotel más exclusivo de la ciudad.
Un edificio de mármol blanco con enormes columnas iluminadas por reflectores dorados.
La alfombra roja se extendía desde la entrada hasta la escalinata principal.
Y alrededor...
Había un ejército de fotógrafos.
Cámaras.
Micrófonos.
Periodistas.
Cuando el coche negro de Adrián se detuvo frente a la alfombra roja, los flashes comenzaron a dispararse como relámpagos.
El chofer abrió la puerta.
Adrián salió primero.
Vestía un traje negro perfectamente ajustado.
Su presencia provocó inmediatamente un murmullo entre los fotógrafos.
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Editado: 16.05.2026