La noche había caído sobre la ciudad cuando Adrián Valente dejó a Clara frente del edificio, del pequeño apartamento que él mismo le había conseguido para ella.
Las luces de la calle iluminaban tenuemente la acera, creando pequeños reflejos dorados sobre el pavimento húmedo. Había llovido hacía poco y el aire estaba fresco, casi frío.
Durante todo el camino en el coche habían hablado poco.
Pero el silencio no era incómodo.
Era uno de esos silencios llenos de cosas que no necesitaban decirse.
Después de la confesión en el parque, algo había cambiado entre ellos.
Algo profundo.
Algo irreversible.
Adrián apagó el motor y giró ligeramente en el asiento para mirarla.
Clara estaba apoyada contra la puerta del coche, observándolo con una mezcla de emociones que todavía estaba intentando entender.
-¿Estás segura de que estarás bien? -preguntó Adrián
.
Clara sonrió suavemente.
-Sí.
Luego miró hacia el edificio.
-Necesito dormir.
Adrián soltó una pequeña risa.
-Yo también.
Pero ninguno se movió.
Durante unos segundos simplemente se miraron.
Clara habló primero.
-Gracias por buscarme hoy.
Adrián frunció ligeramente el ceño.
-Nunca vuelvas a desaparecer así.
Clara inclinó la cabeza.
-No lo haré.
El silencio volvió.
Y entonces Adrián dijo algo que hizo que el corazón de Clara se acelerara.
-Te amo.
Las palabras salieron con naturalidad.
Sin esfuerzo.
Clara sintió que el pecho le temblaba.
-Adrián...
Él levantó una mano y acarició suavemente su mejilla.
-Ve a descansar.
Clara asintió.
Abrió la puerta del coche.
Antes de salir, volvió a mirarlo.
-Nos vemos mañana.
Adrián sonrió.
-
Mañana.
Clara entró al edificio.
Adrián la observó hasta que desapareció detrás de la puerta.
Solo entonces encendió el coche y se marchó.
Ninguno de los dos sabía que aquella sería la última noche tranquila que tendrían en mucho tiempo.
A la mañana siguiente.
El teléfono de Clara comenzó a vibrar sin parar sobre la mesa de la cocina.
Clara estaba preparando café cuando escuchó el sonido insistente.
Lo ignoró al principio.
Pero el teléfono no dejaba de sonar.
Tomó el aparato.
Había más de veinte notificaciones.
Mensajes.
Llamadas.
Alertas de noticias.
Su estómago se tensó inmediatamente.
Abrió una de las notificaciones.
Y lo vio.
Una fotografía.
Una imagen que ocupaba toda la pantalla.
En ella aparecía Adrián Valente.
Besando a otra mujer.
Clara sintió que el mundo se inclinaba.
La taza de café tembló en su mano.
El titular debajo de la imagen era brutal.
"ADRIÁN VALENTE ENGAÑA A CLARA RÍOS A SOLO UN DÍA DE DECLARAR SU AMOR."
El corazón de Clara empezó a latir con violencia.
Abrió el artículo.
Más fotografías.
Más insinuaciones.
Según la nota, Adrián había sido visto la noche anterior saliendo de un club privado con una misteriosa mujer rubia.
Las imágenes parecían claras.
Demasiado claras.
Clara dejó el teléfono sobre la mesa.
Intentó respirar.
Pero el aire no parecía entrar bien en sus pulmones.
-No...
Susurró.
El teléfono volvió a vibrar.
Esta vez era una llamada.
Adrián.
Clara lo miró.
Su dedo tembló sobre la pantalla.
Pero no contestó.
La llamada terminó.
Volvió a sonar.
Clara apagó el teléfono.
El silencio en el apartamento se volvió insoportable.
Porque la imagen seguía grabada en su mente.
El beso.
Los brazos de Adrián alrededor de otra mujer.
La felicidad de la noche anterior comenzó a desmoronarse.
Y entonces alguien tocó la puerta.
Tres golpes.
Clara se quedó inmóvil.
Sabía quién era.
Los golpes se repitieron.
-Clara.
La voz de Adrián.
Clara cerró los ojos.
Caminó lentamente hacia la puerta.
Cuando la abrió, Adrián estaba allí.
Su expresión era tensa.
Su cabello estaba ligeramente desordenado, como si hubiera salido apresurado.
-Clara...
Ella no lo dejó terminar.
-¿Es verdad?
Adrián frunció el ceño.
-¿Qué?
Clara levantó el teléfono.
La fotografía seguía en la pantalla.
Adrián la miró.
Y su expresión cambió inmediatamente.
-Esto es mentira.
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Editado: 16.05.2026