Mi secreto en los titulares.

7. Desaparecio.

La lluvia caía sobre la ciudad con una fuerza casi violenta, como si el cielo también estuviera liberando toda la tensión acumulada durante semanas.

Las luces la ciudad que nunca dormía se reflejaban en el asfalto mojado. Los autos avanzaban lentamente entre el tráfico nocturno mientras los relámpagos iluminaban los rascacielos.

Dentro del penthouse de Adrián Valente, el silencio era tan denso que parecía pesar.

Clara estaba de pie frente a la enorme ventana que daba al skyline. Sus brazos rodeaban su propio cuerpo como si intentara protegerse del mundo.

Habían pasado dos días desde el escándalo.
Dos días desde que los medios revelaron documentos falsos que intentaban destruirla.

Dos días desde que Adrián había enfrentado públicamente a Valeria.
Dos días desde que ella se había mudado temporalmente a casa de su amiga... intentando entender si su vida aún podía ser normal.
Pero esa noche Adrián había ido por ella.

Y ahora estaban allí.
Frente a frente.
Sin periodistas.
Sin cámaras.
Sin mentiras.
Solo ellos.

El sonido de la lluvia golpeando los ventanales llenaba el silencio.
Adrián se pasó una mano por el cabello, visiblemente agotado. Llevaba días sin dormir.
-Clara... -dijo con voz baja.
Ella no se giró.

Sus ojos seguían fijos en las luces de la ciudad.

-No debiste traerme aquí.
El tono era suave.
Pero había dolor.
Mucho dolor.

Adrián caminó lentamente hacia ella.
-Este lugar no significa nada sin ti.
Clara soltó una pequeña risa amarga.
-Adrián... este lugar es exactamente el problema.

Por fin se giró.
Sus ojos estaban húmedos.
-Tu mundo... tu fama... tus escándalos... tus enemigos.
Respiró profundo.
-Yo no pertenezco aquí.
Adrián negó inmediatamente.
-Eso no es verdad.
-Sí lo es.

Ella caminó hacia la mesa donde estaban apiladas varias revistas.
Las lanzó frente a él.
Portadas.

Titulares crueles.

"LA MUJER QUE MANIPULA AL ÍDOLO"

"CLARA RÍOS: ¿AMOR O ESTRATEGIA?"

"EL ESCÁNDALO QUE PUEDE DESTRUIR LA CARRERA DE ADRIÁN VALENTE"

Clara lo miró con lágrimas en los ojos.
-Esto... es lo que soy para tu mundo.
Adrián apretó la mandíbula.
-No.
-Sí.

Su voz tembló.
-Yo tenía una vida tranquila... un trabajo normal... nadie sabía quién era.

Sus ojos brillaban ahora con una mezcla de tristeza y rabia.
-Pero desde que estoy contigo... soy un blanco.

Se hizo un silencio largo.
La lluvia seguía cayendo con fuerza.
Adrián se acercó lentamente.
-Mírame.
Clara dudó.

Pero finalmente levantó la mirada.
Los ojos de Adrián estaban llenos de algo que ella nunca había visto tan claro.

Vulnerabilidad.
-Escúchame bien.
Tomó suavemente su rostro entre sus manos.

-Si crees que todo esto vale más que tú... entonces no me conoces.
Clara tragó saliva.
-Adrián...
-No.

La interrumpió.
Su voz se quebró levemente.
-Yo viví años rodeado de gente que solo quería mi dinero, mi fama o mi apellido.

Sus dedos acariciaron su mejilla.
-Pero tú...

Sonrió con tristeza.
-Tú eres la única persona que me mira como si yo fuera solo... Adrián.
El silencio volvió a caer entre ellos.
Clara sintió su pecho apretarse.
-Eso no cambia la realidad.
-Sí la cambia.

Adrián respiró profundamente.
Como si estuviera reuniendo valor.
-Porque si tengo que elegir...

La miró directamente a los ojos.
-Te elijo a ti.

Clara se quedó inmóvil.
-¿Qué?

Adrián tomó su mano.
-Voy a cancelar la gira.
El corazón de Clara casi se detuvo.

-¿Estás loco?

-No.

-Adrián... ¡esa gira es tu nuevo álbum!

-Lo sé.

-¡Llevas años preparándola!

-Lo sé.

-¡No puedes cancelarla por mí!
Adrián sonrió con una calma inesperada.

-No lo hago por ti.
Ella frunció el ceño.

-Lo hago por nosotros.
El silencio fue absoluto.
La lluvia parecía haberse suavizado.
Adrián la miró con una intensidad devastadora.

-Porque estoy enamorado de ti.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Clara sintió que su corazón se detenía.
-¿Qué dijiste?

Adrián respiró profundo.
-Estoy enamorado de ti, Clara Ríos.
Su voz era firme.
Sin miedo.
Sin dudas.

-No desde ayer... no desde el escándalo... no desde que el mundo empezó a hablar de nosotros.
Se inclinó un poco más hacia ella.

-Desde aquella primera noche en el pequeño bar donde cantabas para diez personas.
Clara sintió las lágrimas correr por sus mejillas.




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