Mi secreto en los titulares.

9. El hombre que no debió desaparecer.

El sol de la mañana apenas comenzaba a levantarse cuando Clara salió de la casa con una cesta de mimbre entre las manos. La bruma ligera cubría los campos y hacía que todo pareciera aún más silencioso.

La comunidad despertaba poco a poco.

Desde el granero llegaba el sonido suave de los animales moviéndose y el golpe rítmico de las herramientas de Samuel trabajando la madera.

Clara caminó hacia el gallinero como ya se había vuelto costumbre.
Al principio todo había sido extraño: la tierra bajo sus zapatos, el olor a heno, las gallinas caminando alrededor de sus pies.

Pero ahora comenzaba a sentirse natural.
Entró al gallinero y se agachó frente a los nidos.
Uno por uno fue recogiendo los huevos tibios.

-Buenos días.

Clara levantó la mirada.
Era Rebekah Miller.

La joven estaba apoyada contra la puerta del gallinero con las manos cruzadas frente al delantal.

-Buenos días -respondió Clara con una sonrisa amable.
Rebekah caminó lentamente hacia ella.
Sus ojos observaban cada detalle.

-Te adaptaste rápido.
Clara colocó los huevos en la cesta.

-Supongo que necesitaba algo así.
Rebekah inclinó la cabeza.

-La vida aquí suele ser difícil para los visitantes.
Clara se encogió de hombros.

-Tal vez yo necesitaba algo diferente.
Rebekah asintió lentamente.

Pero su mirada era pensativa.
Como si estuviera evaluando algo.

-¿Y tu esposo?
Clara casi dejó caer la cesta.

-¿Mi... esposo?

-Adrián.
Clara parpadeó.
Samuel y Mary ya habían asumido que eran un matrimonio, y ellos nunca habían corregido la idea.

-Ah... sí.

-Está en el granero.

Rebekah observó la reacción de Clara.
Luego dijo suavemente:
-Tiene una voz hermosa.

Clara se quedó inmóvil.
-¿Qué?

-Lo escuché cantar.
Clara trató de parecer tranquila.

-Le gusta cantar.
Rebekah asintió.

-Sí.
Pero no dijo nada más.
Clara tomó la cesta.

-Tengo que llevar estos a la cocina.

-Claro.
Mientras Clara se alejaba, Rebekah se quedó observándola.
Cada gesto.
Cada expresión.

Su mente seguía repasando la revista que había visto la noche anterior.
La foto.
El nombre.
Adrián Valente.
El cantante que llenaba estadios.
Y ahora...

Un hombre que ordeñaba vacas en su comunidad.
Rebekah no sabía qué hacer con ese conocimiento.
Pero algo era seguro.

Ese secreto no iba a permanecer oculto para siempre.
Mientras tanto, en el granero, Adrián estaba sentado sobre un saco de alimento tratando de recuperar el aliento.

Samuel lo observaba con una expresión tranquila.

-El trabajo de campo requiere resistencia.
Adrián soltó una risa cansada.

-Claramente no es mi especialidad.
Samuel se sentó a su lado.

-Vienes de la ciudad.

-Sí.
Samuel lo observó unos segundos.

-Pero no pareces feliz allí.

Adrián se quedó en silencio.
El canto de un pájaro rompió la quietud del lugar.

-La ciudad nunca se detiene -dijo finalmente Adrián-. Todo es rápido... ruidoso... exigente.
Samuel asintió.

-Aquí las cosas son diferentes.
Adrián miró el campo a través de la puerta abierta del granero.

-Eso es lo que me gusta.
Samuel lo miró con una pequeña sonrisa.

-Pero los hombres siempre regresan a donde pertenecen.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Adrián no respondió.
Porque en el fondo...
sabía que Samuel tenía razón.

Más tarde, Clara estaba ayudando a Mary a preparar la cena.
El aroma del pan horneándose llenaba la cocina.
Mary amasaba con movimientos expertos mientras Clara picaba verduras.

-Samuel dice que Adrián está aprendiendo rápido -comentó Mary.
Clara rió.

-Eso no es lo que parece cuando lo veo trabajar.
Mary sonrió.

-A veces los hombres necesitan sentirse útiles.
Clara asintió.

-Creo que esto le está haciendo bien.
Mary dejó la masa sobre la mesa.

-A ti también.
Clara guardó silencio.

Miró por la ventana hacia el campo.

-No quiero que esto termine.
Mary la observó con una expresión tranquila.

-Nada dura para siempre.
Clara tragó saliva.

-Lo sé.
Pero en su interior, una pequeña parte de ella deseaba que el tiempo se detuviera allí.
Esa noche, Adrián y Clara caminaban por el campo bajo un cielo lleno de estrellas.




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