El sol de Miami comenzaba a caer lentamente detrás de las palmeras que rodeaban la enorme casa de Adrián Valente.
La tarde había sido inquietantemente tranquila... demasiado tranquila.
Desde la ventana del segundo piso, Clara observaba el jardín con los brazos cruzados contra su pecho.
Algo en su interior no estaba bien.
El silencio.
Ese silencio pesado que siempre precedía una tormenta.
-Mateo... -susurró con nerviosismo.
El niño estaba en la sala viendo uno de los conciertos antiguos de su padre en la televisión gigante.
Mateo estaba completamente fascinado.
En la pantalla aparecía Adrián Valente en un escenario gigantesco, rodeado de miles de luces, gritos y música.
-¡Mamá! -gritó Mateo emocionado-. ¡Mira esto!
Clara bajó las escaleras lentamente.
Mateo estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos brillando.
-¿Viste cuánta gente lo quiere? -dijo el niño-. ¡Es increíble!
Clara intentó sonreír.
Pero algo la hizo voltear hacia la ventana.
Y entonces lo vio.
Primero fue un destello.
Un pequeño destello blanco.
Luego otro.
Y otro.
Clara entrecerró los ojos.
Cámaras.
Docenas de cámaras.
Su corazón dio un salto violento.
-Mateo... -dijo en voz baja.
El niño siguió mirando la televisión.
-Mateo... ven aquí.
El niño se levantó y caminó hacia la ventana.
Y entonces lo vio también.
La calle frente a la casa estaba llena.
Coches.
Periodistas.
Camarógrafos.
Micrófonos.
Gente gritando.
-¡Adrián!
-¡Adrián Valente!
-¡Queremos ver al niño!
El rostro de Clara se volvió completamente pálido.
-No... -susurró.
Mateo frunció el ceño.
-¿Por qué hay tanta gente?
De repente...
FLASH.
Una cámara apuntó directamente hacia la ventana.
Mateo retrocedió.
-¡Mamá!
Otro flash.
Y otro.
Clara sintió que el pánico le subía por el pecho como una ola helada.
-¡No mires! -dijo, alejándolo de la ventana.
Su respiración se volvió rápida.
Descontrolada.
Las manos le temblaban.
-No... no... no...
Las voces de los periodistas llegaban hasta dentro de la casa.
-¡Queremos ver al hijo de Adrián Valente!
-¡Mateo! ¡Mateo!
El niño abrió los ojos sorprendido.
-¿Cómo saben mi nombre?
Clara sintió que el mundo se le venía encima.
Ese era su mayor miedo.
Que su hijo se convirtiera en un espectáculo.
Que su infancia desapareciera.
Que las cámaras lo devoraran.
-¡No van a acercarse a ti! -dijo con desesperación, abrazándolo.
Mateo podía sentir su corazón latiendo rápido.
-Mamá... ¿por qué estás asustada?
Clara no respondió.
En ese momento la puerta principal de la casa se abrió con fuerza.
Adrián Valente entró.
Venía del estudio.
Había recibido una llamada.
Una llamada que lo hizo regresar inmediatamente.
Cuando vio las cámaras por todas partes, su expresión cambió.
Oscura.
Peligrosa.
Caminó hasta la ventana.
Observó la multitud.
Los periodistas gritaban.
-¡Adrián!
-¡Confirma si Mateo es tu hijo!
-¡Una foto con el niño!
Los flashes estallaban sin parar.
Adrián apretó la mandíbula.
Clara lo miró.
-Están persiguiendo a nuestro hijo...
Su voz estaba quebrada.
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Editado: 16.05.2026