El silencio que quedó en la sala de reuniones de la disquera era tan denso que parecía poder cortarse con un cuchillo.
La enorme mesa de cristal reflejaba las luces blancas del techo.
Sobre ella descansaban carpetas abiertas, computadoras portátiles y varios teléfonos que no dejaban de vibrar con notificaciones.
Afuera, a través del ventanal, se veía el movimiento constante del estudio: técnicos caminando rápido por los pasillos, asistentes hablando por radio y el sonido lejano de alguien afinando una guitarra en uno de los cubículos de grabación.
Pero dentro de aquella sala nadie hablaba.
Hasta que Adrián rompió el silencio.
-Esto no puede estar pasando... -dijo entre dientes, apoyando las manos sobre la mesa.
Sus nudillos estaban tensos.
La mandíbula apretada.
Sus ojos oscuros ardían de rabia contenida.
Ernesto, que estaba sentado a un lado, respiró hondo intentando mantener la calma.
-Adrián... -murmuró-. Tranquilo.
Pero Adrián giró hacia él.
-¿Tranquilo? -soltó una risa amarga-. ¿Sabes lo que significa esto? ¡Meses de trabajo! ¡Meses!
Clara estaba de pie junto a la ventana.
Sus brazos cruzados contra el pecho y la mirada fija en la ciudad iluminada por la tarde.
Aún no podía creer lo que habían descubierto.
El director de la disquera, un hombre de unos cincuenta años llamado Roberto Valverde, deslizó una carpeta hacia el centro de la mesa.
-Confirmado -dijo con voz grave-. El material filtrado salió desde un correo interno... vinculado al equipo de promoción.
Ernesto frunció el ceño.
-¿Promoción?
Roberto asintió lentamente.
-Y ese correo... pertenece a Valeria Montés.
El nombre cayó en la habitación como una bomba.
Clara se giró lentamente.
-¿Valeria?
Ernesto abrió los ojos con incredulidad.
-Eso no tiene sentido...
Pero Adrián no dijo nada.
Sus ojos se oscurecieron.
-Sí tiene sentido -murmuró.
Clara lo miró.
-¿Cómo que tiene sentido?
Adrián soltó un suspiro pesado y caminó hacia la mesa.
-Porque Valeria no soporta que Clara esté aquí.
Ernesto levantó la mirada.
-¿Celos?
Adrián apoyó ambas manos en la mesa y bajó la cabeza unos segundos.
-Más que celos... obsesión.
Roberto cruzó las manos.
-Lo importante ahora no es el motivo. Lo importante es que el álbum completo está filtrado en internet.
Ernesto pasó una mano por su cabello.
-¿Todo?
-Las doce canciones -confirmó Roberto.
Clara sintió que el estómago se le encogía.
Ese álbum... no era cualquier proyecto.
El álbum en el que Adrián había trabajado durante un año entero.
El álbum que había comenzado a grabarse en aquel estudio que Mateo había visitado por primera vez con tanta ilusión.
Ernesto se levantó lentamente.
-¿Cuántas reproducciones tiene ya?
Roberto suspiró.
-Más de doscientas mil en menos de tres horas.
Adrián golpeó la mesa.
-¡Maldición!
Clara se acercó un poco más.
-Entonces... ¿qué hacemos?
El director de la disquera miró a todos con seriedad.
-Tenemos dos opciones.
Adrián cruzó los brazos.
-Dígalas.
Roberto levantó dos dedos.
-Primera opción: adelantamos el lanzamiento oficial del álbum.
Ernesto negó con la cabeza.
-Eso no va a funcionar... si ya está filtrado.
-Exacto -dijo Roberto-. Por eso existe la segunda opción.
Clara frunció el ceño.
-¿Cuál?
Roberto respiró profundo.
-Crear un álbum completamente nuevo.
La sala volvió a quedarse en silencio.
Mateo lo miró como si no hubiera escuchado bien.
-¿Otro... álbum?
-Sí.
Adrián caminó de un lado a otro.
-Eso significaría empezar desde cero.
-Exacto -dijo Roberto.
Clara abrió los ojos.
-¿Pero cuánto tiempo tomaría?
Roberto respondió sin rodeos.
-Dos meses... si trabajan día y noche.
Ernesto soltó una pequeña risa incrédula.
-¿Dos meses?
Adrián se detuvo frente a él.
Sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de furia y determinación.
-Podemos hacerlo.
Ernesto lo miró.
-Adrián...
-Podemos hacerlo -repitió-. Este estudio tiene seis salas de grabación. Tenemos productores, músicos, compositores... todo.
Clara habló suavemente.
-Pero sería agotador...
Adrián se giró hacia ella.
-Lo sé.
Hubo un pequeño silencio.
Luego Ernesto respiró profundo.
-Si vamos a hacerlo...
Adrián lo miró.
-Lo hacemos bien.
Ernesto sonrió apenas.
-No quiero un álbum improvisado.
Adrián levantó una ceja.
-¿Estás diciendo que puedes hacerlo mejor?
Adrián lo miró directo a los ojos.
-Estoy diciendo que ahora tengo algo más que demostrar.
Clara los observó a ambos.
Había tensión.
Pero también una energía nueva.
Algo poderoso.
Roberto cerró la carpeta.
-Entonces tomaremos una decisión ahora mismo.
Todos lo miraron.
-¿Qué quieren hacer?
Mateo extendió la mano sobre la mesa.
-Hagamos otro álbum.
Adrián sonrió lentamente.
Una sonrisa peligrosa.
-Perfecto.
Clara sintió un pequeño escalofrío.
Porque conocía esa sonrisa.
Significaba que Adrián estaba dispuesto a ganar... a cualquier precio.
Pero mientras todos pensaban en el nuevo álbum...
Nadie notó que, en otro edificio de la ciudad, Valeria Montés observaba la pantalla de su laptop con una sonrisa tranquila.
-Ahora sí... -murmuró.
En la pantalla se veía la noticia que acababa de publicarse en varios portales musicales:
"El álbum de Adrián se filtra antes de su lanzamiento oficial."
Valeria cerró la laptop lentamente.
-Que empiece el caos.
La noche había caído sobre la ciudad, pero dentro del edificio de la disquera las luces seguían encendidas como si fuera pleno día.
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Editado: 16.05.2026