Mi secreto en los titulares.

23. Alguien Estaba Observando.

En ese momento, la puerta del estudio se abrió.
Entró Ernesto .

Su expresión era seria.
-Tenemos un problema.
Adrián se giró.

-¿Encontraste algo?
Ernesto levantó una carpeta.

-Sí.

La dejó sobre la mesa.
Clara vio varios documentos.
Transferencias bancarias.
Contratos.
Pagos.
Ernesto señaló uno.

-Miren esto.

El nombre del receptor aparecía claro.
Ramiro Salcedo.
Adrián murmuró:

-No...
Ernesto continuó.

-Recibió tres pagos en los últimos dos meses.
Clara preguntó:

-¿De quién?

Ernesto señaló la empresa que aparecía en el documento.
Adrián leyó el nombre.
Su rostro se endureció.
-No puede ser.
Clara miró también.
La empresa era propiedad de Valeria Montés.

El silencio se volvió pesado.
Ernesto habló despacio.

-Ella está pagando para sabotear el álbum.
Adrián golpeó la mesa con fuerza.

-¡Maldita sea!
Clara dio un pequeño salto.
Adrián respiraba con dificultad.

-Primero filtra el álbum... y ahora intenta borrar el nuevo.
Ernesto asintió.

-Quiere destruir tu carrera antes de que te vuelvas independiente.
Clara sintió un nudo en el estómago.

-Eso es una guerra.
Ernesto murmuró:

-Exactamente.

Dos noches después.

La casa de Adrián en Miami estaba silenciosa.
Mateo dormía en su habitación.
Clara estaba en la cocina preparando té.

La tensión de los últimos días no la dejaba descansar.
Cuando salió al jardín trasero, el aire nocturno era fresco.
El mar se escuchaba a lo lejos.
Clara respiró profundo.
Intentó calmarse.
De repente...

Su teléfono vibró.
Un número desconocido.
Clara dudó unos segundos antes de contestar.

-¿Hola?
Una voz femenina respondió.
Suave.
Fría.

-Buenas noches, Clara.
Clara sintió un escalofrío inmediato.

-¿Quién habla?
La voz soltó una pequeña risa.

-Sabes perfectamente quién soy.

El corazón de Clara empezó a latir con fuerza.

-Valeria.

Silencio.
Luego la voz volvió.

-Veo que Adrián te contó muchas cosas.

Clara apretó el teléfono.

-¿Qué quieres?
La respuesta llegó tranquila.

-Advertirte.
Clara frunció el ceño.

-¿De qué?
Valeria habló con una calma inquietante.

-Ese niño...
Clara sintió un golpe en el pecho.

-No te atrevas.
La voz continuó.

-Es adorable.
Clara se quedó helada.

-¿Cómo sabes...?
Valeria interrumpió.

-El mundo entero sabe quién es ahora.
El miedo comenzó a subir por la garganta de Clara.

-Si algo le pasa a Adrián...
La voz de Valeria se volvió más fría.

-El niño será lo siguiente que todos mirarán.

Clara gritó:

-¡Déjanos en paz!
Valeria respondió suavemente:

-Entonces dile a Adrián que deje de pelear conmigo y aléjate de él.
Silencio.

Luego la llamada se cortó.
Clara quedó inmóvil.
El teléfono temblaba en su mano.
En ese momento la puerta del jardín se abrió.
Adrián salió.

-Clara... ¿qué pasa?

Ella lo miró.
Sus ojos estaban llenos de miedo.

-Era Valeria.

Adrián se quedó quieto.

-¿Qué dijo?
Clara apenas pudo susurrar:

-Que esto... apenas está empezando.
El viento nocturno sopló entre los árboles.

Y por primera vez desde que todo había comenzado...
Adrián sintió que aquello ya no era solo un escándalo.
Era una guerra.

La casa de Miami parecía tranquila.
Demasiado tranquila.

El cielo estaba oscuro y el mar apenas se movía con un sonido suave que llegaba desde la distancia. Las luces del jardín iluminaban el césped perfectamente cortado y la piscina que reflejaba la luna.

Dentro de la casa, Clara caminaba lentamente por el pasillo.
Mateo ya dormía.

Había pasado toda la tarde jugando con su abuela y luego se quedó dormido viendo videos de conciertos de su padre.
Clara abrió suavemente la puerta de su habitación.

Mateo dormía profundamente abrazando unos audífonos grandes que Adrián le había regalado para escuchar música.
Su cabello oscuro estaba desordenado sobre la almohada.
Clara se acercó.




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