Mi vida por serte infiel

15: Ellos.

Felisa se separó un momento.
—¿Manuel tiene el nombre compuesto o estás hablando de otro hombre?
Marta no podía hablar, pero, en cambio, levantó dos dedos de la mano.
—Lo segundo, vale. —Felisa le levantó de la barbilla y la miro a la cara.
Unos ojos brillantes, de una mirada marrón intenso, le devolvieron una sensación que Felisa conocía.
—¡Ay, cariño, es muy fuerte! —no pudo encontrar ni un atisbo de contrariedad—, ¡El sentimiento es tan intenso como el que te provocaba mi hermano, que en paz descanse!
Marta pudo mostrar media sonrisa, y al fin habló.
—Mario es muy joven, es vivaz, es inteligente, es magnético, es divertido sin pretensiones, y no se corta un pelo a la hora de expresar lo que siente o piensa si está seguro de ello.
—Una descripción muy hermosa, cariño —Felisa juntó su mejilla con la de Marta, mirando al mismo punto fijo—, pero tienes un problema de los gordos.
—¿Solo uno?
—Haber escogido antes de tiempo. —Felisa la miró y la sonrió con comprensión—. ¿Ahora escogerías al mismo?
Marta abrió la boca, no sabría que contestar, pero su cuerpo respondió por ella y negó levemente con la cabeza.
—Ahí lo tienes. —Felisa giró despacio la cabeza, hacia la ventana, para volver bruscamente con una expresión de picardía—. Siempre puedes aclarar con Manuel de que tu vida privada no tiene por qué cruzarse con la empresa —levantó una ceja—, y le puedes pedir amablemente a Mario que sea tu amante.
La cara de Marta enrojeció de vergüenza por la idea que Felisa sugirió.
—Yo no soy así, Felisa.
—¿Y qué vas a hacer?
—Me despedí anoche, no le volveré a ver.
—Tú, siempre tan perfecta, haciendo lo correcto —Felisa chasqueó la lengua varias veces en desaprobación—; eso no es vida, Marta.
Tras un rato en silencio, ambas amigas se pusieron su pijama y decidieron dormir juntas hasta que un pequeño imprevisto, que no lo era, sorprendió a Felisa.
—¡Dios! ¿Pero a qué huele la cama? —su cara de asco no tenía desperdicio— ¿Tarta tropical de santiago con chocolate?
Marta acercó la cara y no olió nada porque su olfato se había acostumbrado.
—Mi colonia es de piñones, no de almendras.
—Espera, también huele al desodorante, ese de chocolate. —Felisa se sorprendió, y mucho— ¡Ha habido tema, en la cama!
—Sí. —Marta se tapó la cara con los puños de las mangas.
—No pregunto, cariño, afirmo.
Felisa extendió los brazos y abarcó a su amiga, moviéndose como un barco a la deriva o un tentetieso.
—¡Por fin te permitiste disfrutar de la vida, Marta!
—Felisa, no te lo he dicho completamente bien del todo.
Sin aflojar, Felisa se interesó por la aclaración.
—¿Qué he entendido mal?
Marta puso cara de escozor, y movió levemente la cabeza.
—A Mario le conocí el jueves, me comprometí con Manuel el viernes, y me he vuelto a acostar con Mario durante todo el fin de semana.
Felisa desencajó la mandíbula y alzó una ceja.
—¿Quién eres tú y que has hecho con mi recatada amiga?
—¡Felisa, no es ninguna broma!
—¡Marta, puñetas, lo dices como si fuera algo malo!
—¡Y lo es! —Marta desvío la mirada y acabó girando la cara—, me he convertido en alguien infiel.
—¿No has dicho que solamente eran negocios? —Felisa sonrió ampliamente— ¿Qué infidelidad va a ser, si vuestro matrimonio es mero trámite comercial?
—¿Acaso dejará de ser un matrimonio? —Marta abrió un poco los brazos para que Felisa la soltara.
—¡Qué aguafiestas! —Felisa puso los ojos en blanco—, si solo son negocios, yo no lo consideraría infidelidad, al menos hasta después de firmar los papeles.
Marta sonrió de medio lado y Felisa sacó el móvil.
Buscó en internet sobre ambas empresas y, aunque GOZZE tenía una web bastante sencilla, la web de ADAN solo tenía ejemplos de su trabajo y poco más.
—Marta, ¿te importa si tu sobrino os hace la web?
—Lo tendría que hablar con Manuel mañana; pero por mí, bien.
Felisa ojeó el buscador y encontró una noticia.
—La unificación corporativa de dos empresas de publicidad podría desbancar a la mayor parte de sus competidores y alcanzar el podio en la Comunidad de Madrid.
—¿Cómo dices? —Marta se interesó.
—Solo he leído la entradilla del artículo, Marta.
Se puso junto a Felisa, para ver su pantalla.
Se podían ver varias imágenes de ambas empresas. A la cabeza estaba una imagen de la reunión del gremio donde Marta y Manuel se conocieron. Después una imagen de medio plano de ambos CEO por separado y posteriormente había varias imágenes corporativas de cada empresa por separado.
Felisa se detuvo en la fotografía de Manuel Ruiz.
—¡Es muy guapo, Marta!
—¡Ah, sí, claro! —Le miró a la cara— Te conozco, Felisa, te vas a estar quietecita.
—¡No sé de qué me hablas, grosera! —Felisa se hizo la ofendida.
—Te retas a tí misma en seducir a algún hombre, y cuando ya ves que no se resisten, te aburres y les largas.
—¡Soy muy exigente!
—Una caprichosa, más bien.
—¡Pero si tú no quieres nada con él, Marta, deja algo para las demás!
—Si no fuera porque puedes fastidiar la fusión, yo te lo entregaba encantada. ¡Siempre haces lo que quieres!
—Entonces, si solo juego un poquito —Felisa mostró su lado más juguetón—, no pasará nada.
—Si haces eso —Marta la señaló, acusándola con la mano—, voy a alegar que no me hago responsable de tus locuras.
Felisa alzó las cejas.
—Creo que ya soy mayorcita para que me controles.
—¡Eso es lo malo! —Marta rio.
—Estoy pensando que no le puedo atosigar, porque puede que tu sobrino no consiga el trabajo de vuestra web.
—¡Eso, piensa en Hugo! —Marta sintió alivio— Manuel no se merece que le seduzcas y luego le ningunees, Felisa.




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