Al entrar y cerrar la puerta, la faz de Felisa mostró una mirada de picardía.
—Ese adjetivo lo encuentro exagerado; quizás lo recuerde mal. ¡Déjame verlo!
—Felisa, no es el momento. —Marta intentó zafarse de las manos de su amiga intentando subir su camisa.
—Le recuerdo soso y triste, quiero verlo.
Marta chasqueó la lengua y se sacó la camisa de la falda, levantando un poco para que Felisa le mirara el tatuaje.
—¿Sabes qué? —Marta puso la mirada sin punto fijo en el techo—, me voy a poner el pantalón del traje verde, y así puedo llevar la camiseta de punto que me trajiste de Dubái.
Felisa observaba con algo de lástima el tatuaje de Marta, poniendo el oído en lo que acababa de decir su amiga.
—No creo que quede bien el naranja con el verde, pero si te sientes tan segura como para atreverte con esa mezcla de colores, deberías tapar esa aberración a la vista que tienes dibujada en los riñones.
—¿Te recuerdo que tú también te hiciste uno?
—Pero no es tan horroroso como este.
Marta se cubrió con la camisa de mala gana, aunque no se molestó en meterla por la cintura de la falda.
—¿Te vienes a la empresa o te quedas aquí? —preguntó según caminaba hacia la habitación.
—¿Es que vas a ir de nuevo a GOZZE?
—Cuando yo era la única directora de la empresa, me podía tomar medio día porque la empresa era solvente, y mis hijos han aprendido a llevar la compañía en mi ausencia —Marta relató todo sentada desde la cama, mientras se ponía el pantalón—, pero tengo que hacerme a la nueva forma de trabajar para poder volver a esa rutina de poder controlar la empresa desde donde esté.
Felisa caminó hasta plantarse en la puerta de la habitación de Marta.
—Y que esté Mario, no tiene nada que ver, ¿verdad?
—Voy a debatir el nombre de la empresa con mi socio y cónyuge, no creo que él esté.
Felisa se cruzó de brazos y la miró con sorna.
—Es el hijo de tu marido, ¿no crees que también formará parte de la directiva? Tú tienes a Julián y a Melisa; Manuel habrá hecho lo mismo.
—Cierto.
—Estoy pensando que aún me quedan unos diez años para jubilarme; y ya que Hugo, y sus códigos de unos y ceros, tiene con quién ocupar su tiempo, yo podría buscar algún enlace internacional de todas las personas que he conocido en mis viajes.
—No te ofendas, Felisa, pero tú te has pasado todo el tiempo viajando desde que Hugo se supo valer por sí solo.
—Y mis contactos me he ganado, guapa. —Le recriminó su amiga.
—Lo puedo comentar en la junta de esta tarde, pero será una sugerencia, no una exigencia, ¿de acuerdo?
—Por mí está bien.
Marta rodó la vista, se terminó de calzar y tomó su bolso y su móvil, directa a la empresa.
Cuando llegaron, ni Manuel ni Mario estaban, pero Melisa y Julián sí; hablaban distendidos con Liliana, una chica muy joven y rubia, que no le quitaba la vista de encima a él.
—Buenas tardes, soy la secretaria de Mario Ruiz, jefe de relaciones públicas y recursos humanos de ADAN.
Tanto Marta como Felisa le estrecharon la mano.
—¡Qué jovencita tan adorable! —exclamó Felisa—, seguro que aprenderás un montón donde estás.
—¿Aprender? —Liliana parpadeó, incrédula—, soy la secretaria, no la becaria.
—No creo que fuera una empresa tan grande como para poder tener becarios —Marta comentó su opinión previa de ADAN—, pero tras la fusión y la vuelta al mercado bursátil —ahora estaba pensando en ambas—, ya nos podremos permitir becar a nuestros empleados si quieren promocionar internamente.
—¡Qué bien habla, doña Marta, es muy sabia para ser tan joven!
El halago sincero de Liliana había pillado desprevenida a Marta, que la miraba con sorpresa y un poco de pudor.
—Gracias, pero aquí donde me ves, soy la madre de Julián —mostró una amplia sonrisa de amable sinceridad—, por lo que podría ser tu madre.
—¿Fue madre adolescente?
—¡Ah, bueno, ella no, pero yo sí! —interrumpió Felisa.
—Y usted es... —Liliana parpadeaba expectante.
—Felisa, la madre de Hugo. Lo conociste ayer cuando estuvimos todos armando los muebles de la sala.
—¿El informático musculoso?
—Ese es mi hijo.
Liliana dio un paso atrás y los observó uno a uno.
—¡Qué genética tan envidiable! Yo tengo veintitrés años y aparento ser mayor.
Todos se rieron, incluso Marta forzó una tenue carcajada cuando justo entraban Mario y Manuel por la puerta junto a Lorena.
Felisa, al ver a la secretaria de Manuel, le extendió la mano, dispuesta a estrecharla.
—Soy Felisa, la madre de Hugo.
Lorena le dio un corto apretón y se dirigió hacia Marta.
—Espero poder servirle fielmente a usted también, como he hecho hasta ahora por don Manuel.
Marta miró a Manuel con acusación. Se sintió algo presionada al entender que le cedía a su secretaria. Mario se dio cuenta de la situación e intentó interceder.
—¿Crees que Lorena se va a adecuar a Marta de buenas a primeras?
—Don Mario —Lorena pareció molestarse—, soy la secretaria de la dirección corporativa, seré la secretaria de ambos.
Mario rodó los ojos, se dio la vuelta y, con un pequeño toque a Marta en el hombro, se dirigió hacia su despacho.
—¡Ni que fuera tan malo que cada uno administrara su agenda como hasta ahora, córcholis!
—Manuel, tu hijo tiene razón en que podemos seguir como hasta ahora. —Marta intentó ser cordial hablando a su marido mientras miraba a Mario alejarse hacia su oficina—. Tampoco me importa tener secretaria, pero no me gusta que se me imponga por fuerza mayor.
Melisa y Julián observaban con orgullo. Liliana y Lorena se habían sentido identificadas con las palabras de Marta. Felisa miraba al techo con algo de hastío y Manuel dio un paso atrás.
Mario sonreía con el corazón lleno de orgullo al entrar a su escritorio.
—¿Y ahora podemos ir a debatir el nuevo nombre de la empresa? —Marta cambió de tema con determinación—, ¡córcholis!
Mario se volvió sobre sus pasos y se acercó a la sala de juntas. Marta, Manuel, Julián y Melisa se dirigieron a la misma puerta en la que esperaba Mario.
—¿Puedo sugerir GODANE? —comentó mientras entraban todos a la sala de juntas, mientras le sujetaba la puerta al pasar, quedando Marta la última, a la que le apoyó la mano para entrar tras ella—. Escojamos el que escojamos, descorcharemos para celebrarlo, ¿verdad?
#3452 en Novela romántica
#974 en Novela contemporánea
infidelidad y pasion, ceo empresaria, age gap diferencia de edad
Editado: 03.03.2026