Mi vida por serte infiel

29: Marta (2)

La nueva mesa de la sala de juntas era más grande; no llegaba a ser el doble que la que tenían en GOZZE, pero eso era porque aquella era demasiado grande para seis accionistas.
A la cabecera de la mesa se sentaron Marta y Manuel.
Del lado de Marta se sentaron Julián y Melisa, y a continuación los tres socios que aún quedaban con ese mínimo porcentaje.
Al lado de Manuel se había ubicado Mario al pie de una silla, y a continuación dos sillas en las que se sentaron dos atractivas mujeres de cabello oscuro y cara de preferir comprar zapatos a votar decisiones administrativas.
—Les doy las gracias a Ana y a Eva por acudir por fin a una junta. —Mario uso dulzura para ser sarcástico— Os rogaría que a partir de ahora, intentéis ser más diligentes con vuestros intereses.
Melisa se levantó de su asiento, echó un vistazo fugaz a Mario y sacó su lado más diplomático para hablarle a los tres hombres que tenía al lado.
—Lucas Vázquez, Mateo Sánchez, Marcos López —les miraba según les nombraba—, continuáis siendo accionistas de GOZZE pese a comprometer vuestro porcentaje; os estamos muy agradecidos por seguir con nosotros.
Melisa, a continuación, miró con chulería a Mario, que pese a sentirse contrariado, decidió continuar con su discurso en cuanto Melisa se sentó de nuevo.
Se acercó al extremo opuesto de la mesa donde estaban su padre y Marta y extendió las diez carpetas ante los presentes. Agarró la pizarra blanca que tenían en una esquina y la desplegó.
Mario tomó un rotulador de la pizarra blanca y escribió en letras grandes y firmes: GODANE.
—Es sencillo —explicó Mario, mientras subrayaba cada sílaba—, me he tomado la libertad de acortar nuestros nombres y darles un toque más actual.
Melisa se reclinó hacia atrás, mostraba algo de sorna.
—Son dos empresas y veo tres grupos de letras, ¿lo puedes explicar?
—GO de Gozze, DA de Adan y NE de Nueva Empresa.
—¿Nueva empresa? —Julián intentó afilar la opinión de su hermana hacia su propio terreno— ¿No sonará un poco pretencioso?
—Yo considero que es práctico, fácil de recordar para los inversores y respeta el origen de ambas compañías. —Opinó Marta.
—Pero decir nueva… —Julián seguía sin verlo viable del todo.
—RUMASA y su conglomerado de empresas; Ruiz Mateos intentó resurgir con ese método y mucha gente picó el anzuelo, pese a saber que la primera vez fue un fiasco absoluto. —Comentó Lucas Vázquez.
—Si va a atraer la desgracia sobre la unión, yo prefiero bajarme de este barco. —Opinó Ana.
—Tengo entendido que si lo marcas como nuevo, indicas que ya hubo otro más viejo antes, —Mateo Sánchez se incorporó a la muestra de opiniones—, ¿Verdad?
—Yo voy con mi hermana —Eva se cruzó de brazos y los puso sobre la mesa—, si la empresa se hunde, yo me largo.
—No debería haber intentado jugar a los jefecillos con el dinero de mi difunta esposa —Soltó Marcos López con un hilo de voz—, por mucho que ella me lo pidiera en vida.
Los cinco accionistas minoritarios empezaron a debatir la última sílaba de la propuesta de Mario.
—¡Pues a mí me encanta! —exclamó Melisa intentando dirigir de nuevo la situación— Suena moderno, y evocando a alguna diosa antigua, también.
Ese detalle que había comentado Melisa despertó una alarma silenciosa en Marta, que observó las letras en la pizarra. Sus ojos de empresaria analizaban la viabilidad del nombre, pero algo en la composición le hacía sentir una punzada de sospecha.
Miró a Mario de reojo. Él sostenía esa mirada que solo ella podía sentir de esa manera tan entregada hacia su persona. Conocía ese brillo en sus ojos, esa satisfacción silenciosa de quien ha colado un secreto a la vista de todos, el mismo que sintió la primera vez que sugirió el corcho como mensaje secreto.
—¿Puedo preguntar el motivo de escoger esas letras de cada nombre? —Marta se levantó, miraba intensamente a Mario, pidiéndole que no fuera un mensaje secreto también, aunque no sabía muy bien cómo llevar la pregunta sin descubrirse—. Por poner ambas empresas en igualdad de condiciones.
Una sonrisa picante apareció en el rostro de Mario, aunque mutó en travesura inocente en una décima de segundo. Se dio la vuelta y escribió ambos nombres corporativos, subrayando aquí y allá, desviando con flechas posibles opciones.
GODANE, GODZANE y GAODZAZNE entre otras opciones.
—¿Quién es Zane? —Preguntó Melisa.
—¿Veis? —Mario tomó el trapillo para borrar y quitó GODZANE de la pizarra—, ésta opción fuera.
Todos callados, se miraron entre ellos, mirando como Mario exponía una a una cada propuesta de la lista que había escrito.
—A mí me gusta más la opción larga, la de nueve letras. —Melisa intervino solamente para molestarle.
—Me alegra que te guste, Melisa —Mario gesticuló la cara de quien se sabe ganador con motivos—, porque es la más simbiótica de todas, ¿verdad? —Extendió líneas hacia arriba en las letras impares y hacia abajo en las pares—. Son todas las siglas entrelazadas, parece equitativo y equilibrado, pero nada más lejos de la realidad.
—¿Por qué dices eso? —Julián se interesó.
—¡Gracias por la pregunta, Julián! —Y Mario miró directamente a Marta—, es muy bonito mostrar a nuestros clientes que ambas empresas se fusionan entrelazando las siglas como las manos de dos enamorados, ¿Romántico, verdad?
—Más bien, empalagoso. —Melisa miró al techo con hastío, y hasta su hermano lo corroboró haciendo lo mismo.
Marta, en cambio, le miraba con intensidad, estaba con el corazón encogido y aguantando la respiración, mientras apretaba la fina carpeta con sus manos.
—Dijimos equidad, ¿Cierto? —Mario se volvió hacia la pizarra, y con el rotulador tapado, señaló a las dos tandas de flechas—. Uno, dos, tres, cuatro y cinco; letras que tiene GOZZE —no tuvo reparos en tachar el nombre de la antigua empresa—. Uno, dos, tres y cuatro; ADAN tiene una sigla menos.
Mario borró todo el dibujo que rodeaba GAODZAZNE, dejando la propia palabra hasta el final.
—¡Magnífica presentación, Mario! —Manuel se levantó y golpeó la mesa con orgullo.
Mario, con la cara llena de orgullo y satisfacción, pasó el trapillo por las nueve letras.
Julián buscó algo en el móvil y su gesto de felicidad, habló antes que él.
—A efectos de registro es perfecto —añadió, ya consultándole en alguna web—, no hay ninguna empresa con ese nombre exacto en el sector.
—¿Entonces nos quedamos con GODANE? —preguntó Mario, mirando directamente a los ojos de Marta.
—Si no hay objeciones... —Marta hizo una pausa, sintiendo una contrariedad extraña al observarle—, adelante.
—¡Perfecto! —Manuel se levantó, radiante—. ¡Esto hay que celebrarlo!




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