Mi vida por serte infiel

33: La web.

Marta contuvo la respiración y cogió una de las botellas. Estaba algo molesta tras la afirmación tan categórica de Mario.
—Lo dices como si fuera por ella en concreto, y sigo siendo su madre.
—Pues no te lo endulzaré, Marta; Melisa se comportó como una de esas mujeres que pisan a las demás para llegar a su objetivo.
—Es mi hija. —Se zafó de su agarre.
—Y menospreció mis sentimientos hacia ti de una manera violenta y ofensiva; no me gustó nada su tono al llamarte insegura sin saber que eras tú.
—Sigue siendo mi hija. —Marta se dirigió a la puerta de la cocina.
El ambiente se había enrarecido, y Mario se sintió frustrado.
—¿Te molesta que diga que solo me gustas tú? No lo entiendo.
—Me molesta como madre que opines eso de Melisa, es lógico.
—No, Marta; Melisa puede ser buena persona, y me consta que es buena negociando, pero intentar tener una cita conmigo riéndose de la mujer de la que estoy enamorado no se lo paso.
—Eres cruel.
—Como ella lo fue contigo.
Marta no replicó; era contradictorio defender a su rival por ser su hija. Se mantuvo en silencio mientras salían de la casa, él cerraba la puerta y esperaban al ascensor.
—¡No lo entiendo, Marta, de verdad! ¿Preferirías que no me doliera, según habló de ti?
—No, eso no.
—¿Entonces cómo quieres que reaccione?
—No lo sé, de verdad que no lo sé. —Contestó Marta.
Mario resopló y levantó un dedo de la mano bajada, buscando acariciar el dorso de la de ella.
—Yo solo defendí mi corazón sin delatarte. —susurró.
Ella cerró los ojos, inhaló profundamente, y justo en ese momento el ascensor llegó al portal. Salió la primera.
—No puedo reprocharte nada porque tu padre lleva todo el tiempo maniobrando por si me pilla en algún descuido. —Caminaba de espaldas, según lo comentaba—. Aunque, claro, yo soy una mujer de más edad y Manuel no cree que tenga competencia.
Mario se paró en seco, con los ojos como platos.
—No estés tú tan segura de ello, que la cláusula se me ocurrió por lo que me dijo de tu brillo.
—¿Brillo? —Marta también se detuvo—. Felisa ya me lo dijo el lunes, ¡Y hasta Julián se alegró por mí! —Miró al techo, hastiada—, pero porque mis hijos creen que ha sido con tu padre, ¡córcholis!
Él esbozó una sonrisa.
—Que crean lo que quieran, pero no se me ocurre cómo frenar a mi padre con sus intereses hacia ti.
—¡Ah, muy bonito, tú defendiéndome a mí por ambos flancos! ¿Crees que soy una damisela en apuros?
Mario le respondió con un toque en el hombro, acariciándola.
Salieron a la calle como dos personas más, aunque la complicidad era realmente brillante; incluso a ojos de quien reparara en ellos.
—Creo que estas botellas no tienen un corcho especialmente bonito, ¿verdad? —comentó Mario al abrirle la puerta.
—¿Es que quieres coleccionarlos, acaso? —bromeó.
—Podrías sorprenderte de las virguerías que se puede llegar a hacer con corchos planos, tía.
Marta y Mario se giraron hacia Hugo, que les alcanzó.
—¡Anda, eso me interesa! —Se le notó dispuesto a escuchar—, eras Hugo, ¿verdad?
—El hijo de Felisa, efectivamente. —Se presentó.
Subieron los tres juntos hasta el piso donde está la empresa; Marta escuchaba, intentando poner atención a los comentarios sobre ebanistería y figuras de corcho que cruzaban Mario y Hugo.
Al llegar a la sala de juntas, Felisa se sorprendió al ver a su hijo.
—Nos lo hemos encontrado en la puerta. —Comentó Mario.
—Le he tenido que preguntar a Julián si estabas con la tía; me ha mandado la ubicación como respuesta.
—Perdona, he acompañado a Mario a su casa para las botellas. —Se excusó Marta.
Hugo alzó las cejas y sonrió. Les dio un vistazo y luego se volteó hacia su madre.
—Me podrías haber avisado de que vendrías a la empresa de la tía; te he ido a buscar a su casa y no está precisamente cerca.
—Eres mi hijo, Hugo, no mi padre.
Manuel se les acercó, y cogió a su hijo y a su esposa de la mano, interponiéndose entre ellos.
—He pensado que quizás lo de la casa anexa sea buena idea, después de todo.
—¡Claro!, ¿ves? —Marta creyó que por fin la había entendido.
Entonces, Manuel se inclinó hacia Marta, en un intento de besarla; ella giró la cabeza justo a tiempo para que acabara en su mejilla; y un Mario rabioso estrujaba la mano de su padre, tirando de ella.
—Ella no quiere, papá, déjala en paz. —Irradiaba furia contenida.
—¡No hay quien te entienda, hijo! —se quejó Manuel—. ¡Antes no opinabas eso!
—¡Podré cambiar de opinión, digo yo!
Todos se quedaron mirando la situación tras la voz que había dado Mario. Marta notó la tensión y quitó su muñeca de la mano de Manuel.
—Socio —llamó al padre con una sonrisa amable y mostrando la botella—, ¿no íbamos a celebrar que GODANE va a saltar al mercado?
La incertidumbre se disipó por completo. Manuel soltó a su hijo y le quitó la botella de un zarpazo.
Mario sonrió con naturalidad; ese gesto en su padre lo tenía más que asumido y se echó a un lado, acercándose a Eva y Ana, que se mostraban algo perdidas con la conversación que mantenían con Mateo, Marcos y Lucas.
Hugo se acercó a su tía y su socio, miraba a Felisa como si pidiera permiso y rompió la tensión a su favor.
—Mi madre se tomó la molestia de pedirme presupuesto para una posible renovación de vuestras páginas web.
—¿Al final le has hecho pringarse? —Marta fue severa con su amiga en el tono.
—¡No me importa! —se interesó Manuel—. ¡Hay que hacerlo!, y además es tu sobrino, ¿le escuchamos?
—Necesitáis una web acorde con las expectativas que conlleva una unión de estas características.
Marta señaló la mesa y los cuatro se sentaron. Felisa se había sentido algo presionada y por fin se pudo relajar, suspirando.
—Infórmanos, pues. —pidió la jefa con cara de expectación.
—He intentado probar dos o tres modelos que se pudieran mantener con conocimientos básicos y es que incluso el más económico implica doble revisión diaria. —Hugo cerró los labios, tensándolos.
Su madre, que no se esperaba esa situación, se apoyó en el respaldo, callada. Marta intentó asimilar la magnitud de lo que su sobrino proponía.
Pero Manuel, que al ver a Felisa preocupada y a su socia calculando, se mostró lúcido y rompió el hielo con una pregunta:
—¿Estás sugiriendo que quieres trabajar con nosotros?
—Soy autónomo, pero sí, es lo mejor.




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