Miasma

Capítulo 1

Miasma (μίασμα): Sustancia o influencia corruptora que contamina el aire, el cuerpo o el alma. En la antigua Grecia, mancha espiritual causada por un acto impuro que atrae la desgracia hasta ser purificada.

─────────────────────────────────────────────────────────

La sangre nunca es importante hasta que se trata de la propia. Bajaba espesa­mente por sus muslos. Una premonición inevitable, infernal. Odessa no oía nada más que el fuego crepitar; todo lo demás era un borrón de tinta. Las llamas se avivaban cada vez que la mujer vestida de blanco echaba sal en ellas, algo demasiado arcaico como para aguantar el peso de una nueva presencia. Una voz grave vibró en el pecho de Odessa.

—Queridas hermanas, esta luna llena celebramos la incorporación de una nueva vida al reino de los cielos.

Era tenebrosa; Odessa casi podría haber creído que estaba ya en alguna clase de infierno. No podía ver nada de la figura que se postraba delante de ella; una larga túnica cubría su cuerpo de la cabeza hasta la punta de los pies. Se dirigió hacia las mujeres colocadas estratégicamente alrededor.

—Hoy entregamos a los dioses una reciente mujer que podrá darles vida durante muchos años más, y estos nos lo devolverán con gran prosperidad.

Se escucharon plegarias. Murmuros antiguos en la lengua de cientos de generaciones. Algunas lo esperaban expectantes, otras temían que el destino no fuese bueno con Odessa. Para la joven, no había nada en el mundo que le aterrase más que ese momento. No había rezo o conjuro, ni siquiera fe, que la pudiera salvar del miedo. Había sido marcada desde que nació. Había sido marcada desde que resultó ser una mujer.

El viento movió los maizales de alrededor, miles de hormigas recorrieron la piel de Odessa en cuestión de segundos. Las manos amordazadas y la mirada al suelo eran denigrantes. Sentía cómo la vergüenza le quemaba el cuerpo.

—Entregamos su fertilidad, su corazón y su alma para que ellos puedan darnos algo mucho mejor.

La voz misteriosa volvió a sus oídos, y por un momento, se los quiso arrancar. Su cuerpo era todo lo que había conocido hasta ese momento, y la mujer encapuchada lo trataba como algo de poco provecho. Todas las personas presentes la observaban, miraban su cuerpo como una simple ofrenda y no como lo que era, su vida entera. Escuchó pasos moviéndose en la arena, una presencia que se cernía sobre ella.

El calor se apoderó de ella. Un líquido espeso bajó desde su cabeza hasta sus rodillas, goteando a medida que recorría su piel. Cuando este se adentró en su boca sin querer, quiso vomitar. Era una mezcla de miel con hierbas aromáticas, y aunque agradable a primer vistazo, el gusto dulzón era igual de traicionero que un puñal. Notó cómo sus labios se sellaban. Le pesaba cada vez más a la hora de abrir la boca. La viscosidad del líquido no era casual.

Probó a hablar, a escupir, pero era demasiado tarde, ahora ya nada le iba a permitir ser escuchada. A Odessa le pareció que las demás se burlaban de sus intentos fallidos, como si fuese un gladiador en medio del campo de batalla.

—Querida hermana.

La mujer agarró fuertemente su barbilla,obligándola a verla a los ojos, una mirada vacía y oscura bajo la capucha. En ese momento reconoció quién era. La propietaria de la carnicería del pueblo. Una mujer conocida por su amabilidad con sus clientes y una serenidad inquietante. Sus ojos penetraban con tanta fuerza en ella, que pudo notar su temor.

—No tengas miedo, a partir de ahora, todo será mejor.

La carnicera le sonrió como si hablara con una niña pequeña aterrorizada, y en parte, probablemente Odessa lo era. Por las noches, seguía rezando por algo mejor. Rezaba por un mundo más tranquilo, una mente más serena y una vida más sencilla. Y cada vez que lo hacía, que le hacía una ofrenda a los dioses con pan y miel, se acordaba de aquella niña. La niña que pedía un pelo más bonito, una muñeca nueva o que su madre jugase con ella. Aquella niña que sabía que este día llegaría.

Sin previo aviso, la mujer la tomó de las manos amordazadas y la obligó a levantarse. Tenía las rodillas magulladas por la arena, la cual había trazado un rastro de sangre en ellas. Odessa fue arrastrada a trompicones, cada vez más cerca del centro del círculo, donde una hoguera gigantesca se alzaba hacia el cielo.

—Aquí tenemos a nuestra nueva mujer. —El tacto de la carnicera sobre ella era extrañamente suave—. Dioses, aceptadla como merece. Es una mujer pura y sana, sin ningún mal dentro de su cuerpo. Tomadla y devolvedla para que pueda seguir siendo vuestra devota.

Los dedos de la mujer se cerraron con más fuerza sobre su muñeca y, de repente, acercó sus manos hacia el fuego.

—Odessa os entrega sus manos, la senda directa hacia su alma. Con ellas podréis crear y construir nuevos caminos de prosperidad. Podéis tenerla.

El calor en sus palmas subía cada vez más. Las llamas vibraban en sus ojos y, aunque quería resistirse al dolor, estas eran tan hipnotizantes que tan solo era capaz de fijarse en ellas. El color naranja danzaba de una forma tan bella que apenas notó cuando el fuego empezó a abrasar su piel.

Odessa profirió un grito de dolor y, por mucho que intentó apartarse de las llamas, la mujer le siguió empujando hasta ellas. La piel se le abría por capas, creando ampollas gigantescas.

—Repite conmigo, hermana. Sella tu pacto con los dioses.

La voz susurrante de la carnicera le acarició el oído con pestilencia. Su mano invadió su boca para retirar el líquido viscoso. Apretó los dientes. Había llegado hasta ahí, había esperado tanto tiempo ese momento. No sabía a ciencia cierta si le asustaba o le traía paz, lo único que tenía claro, es que no quería decepcionar a nadie. Casi con lágrimas en los ojos y un corazón pesado, empezó a recitar.

—Yo, Odessa, os entrego…

Un nudo se formó en su garganta. El silencio era tan abrumador que incluso creyó que el fuego podía hablar. El chisporroteo le invitaba a seguir, a tomar esa ruta hacia los dioses. ¿Pero qué sería de ella si lo hacía ¿Qué sería de su alma? Eso era lo único que le quedaba. ¿No había otra forma de complacerlos?



#56 en Terror
#1113 en Fantasía

En el texto hay: dioses, trianguloamosoro, ritualesoscuros

Editado: 23.03.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.