La situación en la que estaban se volvió insostenible. El enemigo se aproximaba mientras los hombres estaban librando otras batallas, luchando en otras tierra. Esta ciudad, atravesada por un río y bordeada por el mar, estaba lejos de la guerra; pero ahora está se acercaba. Las mujeres, los ancianos y los niños tomaron las armas; la vieja misión franciscana fue parapeteada para resistir los embates del enemigo y ahí se refugió la población. Este llegó con 1500 hombres de infanteria, otros tantos de caballería, además de 2 cañones cuya misión era destruir la casa refugiaba a la población. Las mujeres se destacaron en la lucha; ellas sabían que la derrota traía consigo violaciones y vejámenes; pelearon hasta el último aliento. Miles de heroínas surgieron tras 4 horas de lucha. La ciudad se llenó de mártires y de historias de sacrificio. La sangre se regó y el enemigo reconoció que si así peleaban estos desposeídos, a la larga no podrían triunfar. Este sacrificio ha trascendido 200 años